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Elecciones presidenciales en Argentina: silencio en medio de mucho ruido

Año electoral en Argentina. Ya se han celebrado elecciones en la mayoría de provincias y municipios pero, a nivel federal, la madre de todas las batallas - la elección del presidente y los legisladores nacionales - aún está por librar. English

Dante Avaro
Dante Avaro
6 August 2019
Boletas de las elecciones primarias de Argentina, 2011. Wikimedia Commons.

La agenda es la siguiente: el 11 de agosto se realizarán elecciones Primarias, Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), cuyo propósito es resolver la designación de candidatos de los partidos o de las coaliciones electorales.

Al ser a una sola vuelta, las PASO sirven para revelar las preferencias de los ciudadanos en cuanto a presidenciables. El domingo 27 de octubre se llevarán a cabo las elecciones presidenciales y, en caso de ser necesaria una segunda vuelta, ésta se llevará a cabo el 24 de noviembre.

En estas elecciones presidenciales, se enfrentan dos grandes fuerzas políticas. Por un lado, la coalición gubernamental (liderada por el partido que fundó el presidente Macri) y, por otro, la alianza electoral Frente de Todos, que lidera la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Son unas elecciones que pueden verse como una batalla simbólica entre dos personajes: Macri y Fernández de Kirchner.

La batalla tiene una particularidad: la imagen que de ambos candidatos tiene el electorado argentino es pésima . A pesar de ello, el actual presidente aspira a ser reelegido y la expresidenta quiere recuperar el poder.

Consciente de este problema de imagen, Fernández de Kirchner ha elegido a un ex colaborador de su esposo y destacado crítico de ella como presidenta para encabezar la fórmula presidencial, de modo que Alberto Fernández, ex Jefe del Gabinete de Néstor Kirchner, es candidato a presidente mientras que Cristina Fernández de Kirchner es candidata a vicepresidenta.

La fórmula presidencial de "Los Fernández" le permite a Fernández de Kirchner dejar de ser el foco de atención de la opinión pública.

La réplica del presidente Macri a esta jugada ha sido incorporar en su fórmula presidencial al que durante muchos años fue líder del grupo peronista en el Senado, Miguel Ángel Pichetto.

Macri, por su posición, no puede evitar los focos, pero al colocar a un ex oponente político junto a él intenta crear otro centro de atención.

El principal escenario de la batalla entre estas dos fuerzas políticas y estos dos personajes que intentan zafarse de la atención pública, es la Provincia de Buenos Aires, que celebra elecciones coincidiendo con las presidenciales. La actual gobernadora del partido de Macri, María Eugenia Vidal, se presenta a la reelección.

Y Cristina Fernández de Kirchner, que tiene en este distrito electoral su mayor caudal de votos, ha designado como candidato a su ex ministro de finanzas, Axel Kicillof, con el objetivo de recuperar el control político de esta provincia, la más importante del país.

Tras tres años y medio de mandato del presidente Macri, es difícil encontrar algún indicador de desempeño económico y social que no haya empeorado

Tras tres años y medio de mandato del presidente Macri, es difícil encontrar algún indicador de desempeño económico y social que no haya empeorado. A pesar de ello, el partido en el gobierno parece preparado y dispuesto a competir electoralmente.

¿Cuáles serían las razones para no derrotar al partido en el gobierno? La pregunta puede parecer curiosa, pero es pertinente. Es una pregunta que la opinión pública en Argentina se hace constantemente.

La oposición (el sector liderado por Cristina Fernández de Kirchner) es la que hace que la pregunta sea pertinente. Y la única respuesta posible es ésta: la razón principal para no derrotar al partido en el gobierno radica en la identidad y la práctica política del kirschnerismo.

Identidad y práctica que se concretan en el hecho de que Cristina Fernández de Kirchner inventase, primero, la candidatura presidencial de "Los Fernández" y, luego, autorizase y respaldase la construcción de un frente electoral (el Frente de Todos) con antiguos adversarios (por ejemplo, el disidente Kirschnerista Sergio Masa).

La lógica del partido en el gobierno es resistir para lograr que Cristina Fernández de Kirchner no recupere el poder institucional en Argentina. La lógica política de la alianza electoral del Frente de Todos es reunir a todos los sectores del terreno político nacional y popular para evitar que Macri se quede cuatro años más.

En este esquema, los dos personajes principales de la política argentina permanecen, en la medida de lo posible, ocultos. Macri habla lo justo y necesario. Y Cristina Fernández de Kirchner hace presentaciones de su libro (Sinceramente) siguiendo una agenda cuidadosamente diseñada.

A los que les corresponde patearse las calles, hacer frente a los ciudadanos y atender a la prensa son, del lado del partido en el gobierno, María Eugenia Vidal, y del lado de la oposición, Alberto Fernández. Ella tiene un doble cometido: luchar por ser reelegida y, además, hablar en nombre del presidente Macri. Tiene que ir en busca de nuevos votantes y evitar peleas frontales con el candidato a gobernador Axel Kicillof.

Al gobierno ya le serviría ganar por un margen exíguo, aunque esto luego le acarrearía problemas en cuanto a garantizar la gobernanza en el futuro. La oposición, en cambio, busca ganar con una victoria aplastante.

Solo un triunfo claro y amplio puede mantener unidos a unos sectores políticos que lo único que tienen en común es su deseo de evitar un nuevo gobierno Macri. Por ahora las encuestas, mayoritariamente, no confirman ese deseo. ¿Se saldrán con la suya?

En Argentina, parece que nadie discute el futuro. Entre otras cosas, porque el futuro requiere palabras con las que trazar horizontes

Este es un proceso electoral en silencio. Los personajes principales han sido silenciados. Y en torno a este silencio, todo es ruido. Un ruido que intenta transportar a los ciudadanos al pasado: para que unos regresen, o para que otros no regresen.

En Argentina, parece que nadie discute el futuro. Entre otras cosas, porque el futuro requiere palabras con las que trazar horizontes. Los candidatos, los políticos y los votantes echan cuentas, pero nadie dice lo que va a hacer.

Los candidatos y los políticos echan cuentas, pero nadie se atreve a hablar de quien las pagará. Nadie se atreve a hablar del tema del ajuste fiscal - de si ya se ha hecho, o de si acaba de empezar. De eso no se habla. Desde hace ya algún tiempo, los ruidos se han impuesto a las palabras y las cuentas evitan pagarse.

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