Durante la última década, se han ido acumulando pruebas que respaldan una correlación entre la tenencia indígena segura y los resultados positivos en materia de conservación; resultados que a veces superan a los obtenidos en las áreas protegidas bajo administración estatal.
La eficacia de las tierras de propiedad indígena para resistir la deforestación en Brasil es bien conocida. En Namibia, la administración comunitaria de la vida silvestre ha generado un crecimiento significativo en las poblaciones de especies silvestres, sobre todo en áreas que anteriormente habían sido objeto de una intensa caza furtiva.
En Australia y los Estados Unidos de América, los pueblos indígenas administran o coadministran las áreas protegidas, mediante alianzas dinámicas y sostenibles que buscan corregir las políticas de exclusión anteriores.