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Hay muchas circunstancias implicadas en la explotación de las trabajadoras del hogar migrantes (THM) en el Líbano. La mayoría de las veces las THM somos mujeres, y algunas no sabemos leer ni escribir. A veces, este analfabetismo alimenta la explotación existente que ya está integrada mediante el sexismo, el clasismo y el racismo. Estos factores están presentes en nuestros lugares de procedencia, y la migración nos hace aún más vulnerables a ellos.
Nuestros empleadores creen que las personas migran porque no tienen nada que hacer, no están capacitadas o no tienen oportunidades en sus países de origen y que, por tanto, estamos en deuda con ellos por salvarnos. El círculo vicioso de la explotación empieza en los lugares de procedencia de las THM, donde existen agencias que captan a las trabajadoras del hogar y facilitan su migración a cambio de una comisión. Hablando claro, los «tratantes» se aprovechan de las trabajadoras del hogar y las venden a familias hostiles que continúan con esta práctica de explotación. Por ejemplo, las familias para las que trabajamos pueden quedarse con nuestro dinero, porque nos menosprecian o porque piensan que no tenemos ninguna factura que pagar de manera urgente ya que vivimos en su casa.