El gobierno de Bolsonaro quiere abrir una carretera atravesando la mayor área de selva tropical protegido del mundo, un territorio más grande que el Reino Unido.
Este plan existe desde la dictadura militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985, y has sido sacado del cajón por el presidente, un capitán retirado que se rodeó de asesores militares. La idea es extender la carretera BR 163 por unos mil kilómetros sobre la Calha Norte, una vasta zona de selva situada entre el río Amazonas y la frontera con Surinam. Hoy en día, esta carretera ya conecta las regiones productoras de soja del sur de Brasil con los puertos fluviales de Miritituba y Santarém.
El plan se llama Barón de Río Branco en honor al diplomático que, a finales del siglo XIX, se convirtió en un héroe nacional al negociar con éxito las fronteras de Brasil con los países vecinos. Pero tanto en la década de 1970, cuando fue concebida, como en 2019, cuando Bolsonaro llegó al poder, la idea carece de racionalidad económica. Por otro lado, si se tiene en cuenta la historia de la propia BR-163 en el Amazonas, la construcción de la carretera significaría desastres sociales y ambientales.