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¿La opinión pública ejerce una restricción efectiva sobre la tortura?

El apoyo de los estadounidenses para la tortura aumenta dependiendo de quién está involucrado y del encuadre que se usa. Una contribución al debate de openGlobalRights sobre la opinión pública y los derechos humanos. English, العربية

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La presión pública sobre el gobierno es un punto de apoyo que le ha permitido tener un impacto al movimiento mundial de derechos humanos. Una serie de estudios realizados por James Ron, Shannon Golden, David Crow y Archana Pandya han generado pruebas positivas de que existe apoyo público a favor de los derechos humanos en una variedad de países por todo el mundo. Dicho lo anterior, Ken Roth tiene dudas sobre el potencial de la opinión pública para frenar los abusos, Ben Valentino y Ethan Weinberg sostienen que los encuadres son cruciales para generar apoyo público para la Responsabilidad de Proteger (R2P) en los Estados Unidos y Nat Kendall-Taylor explica por qué, aun con encuadres excelentes, la opinión pública tiene perspectivas limitadas.

En lo que concierne a la democracia y la tortura, existen dos puntos de vista opuestos. Los optimistas democráticos sostienen que la democracia es una restricción efectiva, porque la repugnancia del público limitará los abusos. Los pesimistas democráticos sostienen que no es una restricción, ya que grandes segmentos del público sí apoyan la tortura, siempre y cuando solo se utilice contra personas que se consideran amenazas a la sociedad. Los pesimistas pueden señalar a varias figuras políticas de las democracias que han abogado por la tortura. Por ejemplo, cuando políticos como el congresista brasileño Jair Bolsonaro, el exvicepresidente estadounidense Dick Cheney y el actual candidato presidencial Donald Trump pidieron públicamente que se interrogara de manera abusiva a los “terroristas” y otras personas, contaron con el apoyo de grandes segmentos del público. Courtenay Conrad, yo y otras personas hemos utilizado la investigación empírica para explorar esta cuestión.

Los optimistas se equivocan al no considerar las divisiones internas que forman parte integral de la democracia. Además, no piensan en lo eficaz que resulta apelar al miedo, especialmente para los políticos de derecha. Los votantes que apoyan a los partidos políticos de derecha tienden a ser firmes partidarios del castigo por los actos ilícitos y de las políticas de seguridad proactivas para eliminar una “amenaza” antes de que tenga oportunidad de atacar. Bolsonaro, Cheney, Trump y otros políticos piden que se violen los derechos de los detenidos a los que consideran amenazas para la seguridad, y sus partidarios los recompensan por esas declaraciones. Sin embargo, este no es un problema exclusivo de la derecha. Como sabemos, el racismo, la xenofobia y las imágenes del “otro amenazante” generan un sesgo implícito en todo el espectro político, y contribuyen a reducir aún más la humanidad de las personas representadas con esa clase de imágenes. Sostenemos, por lo tanto, que mientras el racismo, la xenofobia, etc. sigan existiendo en las sociedades, la elección de dirigentes en las urnas generará considerablemente menos restricciones a la tortura de lo que piensa la mayoría.