El nuevo brote de coronavirus (COVID-19) en China comenzó a expandirse en enero de 2019 y puso una enorme carga en el sistema de salud pública. Como respuesta rápida, el confinamiento blindado de decenas de millones de personas en la provincia de Hubei, y el práctico confinamiento domiciliario de cientos de millones de chinos, han detenido la rutina diaria de todos.
Durante este tiempo, empezaron a surgir nuevas formas de colaboración organizativa. Esto se produjo desde los organismos gubernamentales y las empresas hasta los medios de comunicación, desde las ONG y los grupos de primeros auxilios hasta las redes de ex alumnos y los grupos de voluntarios autoorganizados. El voluntariado se ha practicado ampliamente en China, y esta vez se ha visto impulsado por nuevas formas de organización. Toda la sociedad se automovilizó de una manera nunca antes vista, formando redes sociales de apoyo.
Algunos ofrecen alivio y apoyo a la primera línea, otros facilitan las necesidades de grupos desatendidos como las mujeres embarazadas, los trabajadores migrantes, las personas con enfermedades crónicas en regiones afectadas por el virus; y otros se centran en mantener activa la vida cotidiana en otras partes de China.