El agua del Río Ramos, que abastece al municipio de Allende en Nuevo León en el norte de México, está enlodada y carga de botellas de plástico, envases tetra pak, y vasos de hielo seco. Maribel y Norma García, Flor Rocha, María Luisa Reyes y María Adriana Rodríguez recuerdan lo que solía ser el río: abundante, transparente, y limpio. Ahora, dice Flor Estela, parece atole – una bebida espesa hecha a base de maíz ligeramente lechosa.
“Cada vez le llega menos agua'', dice Maribel, oriunda de La Palangana, una pequeña comunidad adyacente al río. “Se ha ido desviando para otros terrenos.”
Habitantes de las comunidades aledañas al afluente denuncian que el desvío de agua para propiedades río arriba ha disminuido su caudal durante años. Por eso, cuando a mediados de julio, Servicios de Agua y Drenaje de Monterrey (SADM) llevó ductos para desviar 500 litros de agua por segundo a Monterrey, la ciudad grande más cercana, los habitantes protestaron.