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Cómo un nuevo maíz mejorado puede salvar de la pobreza extrema a los guatemaltecos

El cultivo de maíz biofortificado es una solución para combatir la desnutrición y pobreza en Guatemala

Isabella Rolz
4 abril 2022, 1.17pm
Maria Mejía prepara tortillas de maíz en casa
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Isabella Rolz

Luis y Antonio Mejía son dos hermanos de Camotán, Chiquimula, un departamento situado en el sureste de Guatemala. Este sitio se caracteriza por sus empinadas colinas, su clima caluroso y sus altos niveles de desnutrición. Aquí, el 41,1% de la población vive en la extrema pobreza, según datos del Instituto Guatemalteco de Estadística (INE). Los hermanos Mejía no tienen salario, en cambio, viven del maíz que cosechan. Ambos son padres de niños pequeños, están casados y ocupan una pequeña casa de cemento y lámina, sin baños o electricidad, rodeada de un gran terreno donde cosechan.

Ambos aprendieron a cultivar maíz cuando eran pequeños, recuerda Antonio (40). "Nuestro padre nos enseñó este tipo de actividad como forma de supervivencia cuando teníamos unos ocho años". Desde entonces, siguen la misma rutina todos los días: se levantan a las 5:00 de la mañana, caminan unos 20 minutos hasta el terreno donde cosechan el maíz y regresan a casa alrededor de las 6:00 de la tarde para comer tortillas.

El 90% de los guatemaltecos que viven en la extrema pobreza se nutren de los mismos alimentos todos los días, con muy poca capacidad para variar sus hábitos alimenticios y tener una dieta equilibrada y rica en proteínas. "En los hogares rurales y de bajos ingresos, la dieta es monótona; consumen principalmente el maíz y sus derivados, como las tortillas", explicó Mónica Mazariegos, investigadora científica del Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (INCAP).

"Mi familia y yo comemos alrededor de dos kilos de maíz al día. Como no tengo dinero, solemos comer tortillas sin frijoles, unas cinco o seis al día, que nos mantienen satisfechos", dice Luis. Mientras su esposa y su hija se quedan en casa durante todo el día para preparar las tortillas y otros alimentos a base de maíz, Luis (42), se lleva a su hijo de diez años al terreno para que le acompañe en las labores de la tierra.

La biofortificación se centra en la incorporación de micronutrientes esenciales que se son insuficientes en la dieta de las poblaciones de bajos recursos que dependen del maíz

Guatemala es uno de los países con mayor riesgo de deficiencia de zinc y hierro en América Latina. Por ello, cualquier mejora en la calidad nutricional del maíz, proporciona una excelente contribución a la dieta de estas poblaciones, que tradicionalmente se han caracterizado por sus altos índices de desnutrición crónica.

"La biofortificación se centra en la incorporación de micronutrientes esenciales que se encuentran en situación de insuficiencia en la dieta de las poblaciones de bajos recursos que dependen en gran medida de un único alimento básico como el maíz", dijo Jere Haas, profesor de Nutrición Materno-Infantil de la División de Ciencias de la Nutrición de la Universidad de Cornell. Distribuyendo semillas biofortificadas, podemos "corregir las deficiencias de micronutrientes como el hierro, el zinc y la vitamina A, que contribuyen a una elevada carga de enfermedades y discapacidades en estas poblaciones".

Semilla Nueva, una iniciativa que opera en Guatemala desde 2018, ha donado semillas biofortificadas a través de asociaciones y programas de emergencia a los agricultores de comunidades desfavorecidas como los hermanos Mejía. "Nuestra solución mejora el alimento más económico y culturalmente significativo, que es el maíz", dijo Curt Bowen, cofundador y director ejecutivo de Semilla Nueva. "La semilla de maíz F3 se cultiva para aumentar la densidad de vitaminas y minerales del grano. Dado que es consumido regularmente por estos cultivadores y familias, esta práctica agronómica tendrá un enorme impacto en el estado nutricional de la población."

Tanto Luis como Antonio Mejía describen la semilla F3 como "más suave y abundante" que otras variedades de maíz. También han notado que sus familias se han enfermado menos en los últimos años, y que sus hijos tienen más energía a lo largo del día. La esposa de Antonio, María, de 30 años, que pasa la mayor parte del día en la cocina haciendo las tortillas, dijo que con la F3 nota "que las tortillas son cada vez más grandes, más amarillentas y más pesadas", lo que las hace más completas.

Luis Mejia inside the kitchen area where they prepare the tortillas.jpg

Luís Mejía en el interior de la cocina donde se preparan las tortillas de maíz biofortificado

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Isabella Rolz

En 2021 Semilla Nueva benefició a 12.600 agricultores y sus familias. Su objetivo fue específicamente los agricultores que plantan maíz para su consumo doméstico y los pequeños agricultores comerciales con pequeñas extensiones de tierra que venden a los mercados locales. El 36% de los campesinos que cultivaron la semilla F3 se encuentran por debajo del umbral de pobreza nacional de Guatemala, viviendo con menos de 3,64 dólares al día, y el 14% vive con menos de 2,50 dólares al día.

El monitoreo del alcance de las semillas F3 es un proceso de varios pasos. "Nuestro modelo se basa en la evaluación de los beneficios nutricionales, los ingresos y el impacto en la población", explica Curt Bowen.

  1. Primero, Semilla Nueva encuesta a los agricultores que produjeron F3, para cuanta cantidad de maíz consumen durante todo el año.
  2. Luego, trabajan con los campesinos y con laboratorios para evaluar el contenido nutricional del maíz biofortificado.
  3. Después, colaboran con el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá (INCAP), el principal centro de estudios sobre nutrición de la región, para visitar a las familias que consumen maíz biofortificado y recoger datos sobre el consumo de alimentos y la nutrición de las familias.
Los hijos de los Mejía en el portal de su casa

Los hijos de los Mejía en el portal de su casa

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Isabella Rolz

"Estas encuestas permiten al INCAP crear un modelo de los nutrientes que faltan en la dieta de estas poblaciones y cuánto consiguen reducir esas insuficiencias al consumir nuestro maíz más nutritivo", añadió Curt Bowen. Con esos datos, Semilla Nueva calcula la reducción anual de las deficiencias en la dieta de estos sectores rurales.

"Ahora estamos en el momento de incorporar este avance tecnológico a la salud y la nutrición de más guatemaltecos que viven en la extrema pobreza", dijo Manolo Mazariegos, Coordinador de la División de Nutrición y Micronutrientes del INCAP. Teniendo en cuenta los limitados recursos de que disponen, el proyecto está muy avanzado y ha llegado a varias familias de Guatemala. Sin embargo, es necesario llegar a otros miles de agricultores. Para solucionar este problema, "hay que reforzar las políticas públicas y considerar iniciativas como ésta, para combatir la desnutrición en poblaciones con pocos recursos", añadió.

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