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Origen y final de la izquierda en Venezuela

La ideología del "socialismo del siglo XXI", que sedujo a Chávez y que sigue Maduro, convirtió a la la izquierda marxista en populista, adpotando un modelo misericordioso, improductivo, capitalista y petrolero. 

Tomás Rodríguez León
13 February 2019
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El sociólogo alemán Heinz Dieterich,considerado el ideólogo del socialismo del siglo XXI, saluda con una boina que le regaló en 1999 el presidente venezolano Hugo Chávez. México el 4 de febrero de 2019. Foto: Jacky Muniello / dpa. PA Images, todos los derechos reservados.

"La manera como se presentan las cosas no es la manera como son; y si las cosas fueran como se presentan la ciencia entera sobraría”.

Karl Marx

Antecedentes históricos de la crisis de la izquierda marxista

La izquierda en Venezuela siempre vivió una situación de guerra. Ser de izquierda era sinónimo de violencia revolucionaria, pero la insurgencia  fue controlada y prácticamente erradicada por la socialdemocracia y el reformismo a fines de los años sesenta. 

El Partido Comunista y el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) que situaron el tema del socialismo y la revolución con programa de lucha armada fueron derrotados a mediados de los años sesenta. La internacional socialista en su consabida práctica apaga incendio, copó la agenda de los insurrectos y se hicieron con el poder para entregárselo a la burguesía (Guaidó es parte de esa tendencia).

En 1957, antes de la Revolución cubana, el ambiente de insurrección era inminente y activo, la caída del dictador Marco Pérez Jiménez fue clásica: la izquierda puso los muertos y la burguesía el gobierno. Rómulo Betancourt y Rafael Caldera firman el Pacto de Punto Fijo, dejando afuera de este pacto a la izquierda. Betancourt responde poniendo en marcha una persecución desmedida, torturas y represión a los revolucionarios.

Teodoro Petkoff y Duglas Bravo, del grupo de jóvenes radicales, imprimen al Partido Comunista su línea insurreccional en 1961, coincidiendo con la asonada militar del coronel  Edito Ramírez. Teodoro Petkoff actuó como jefe oculto de la acción guerrillera y diputado del país, pero pierde su inmunidad parlamentaria cuando Betancourt lo acusa de sedición, al tiempo que rompe relaciones con Cuba y ofrece una calurosa bienvenida al presidente de los Estados Unidos, John F. Kennedy.

En 1962, las guerrillas venezolanas son noticia. En el estado de Falcón, está el Frente José Leonardo Chirinos, y el grupo Simón Bolívar, comandado por Argimiro Gabaldón, se aloja en la montaña de Aroa, en el estado Yaracuy.

En paralelo a la guerrilla rural, se desarrolla una  guerrilla urbana: pequeños grupos organizados atacan en las grandes ciudades, asaltan bancos y grandes tiendas. Son las famosas guerrillas estudiantiles de fin de semana, que hacen tregua en fechas de examen de colegios y universidades

Un suceso notable se gesta el 12 de febrero de1963; un comando de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), integrado por militantes del Partido Comunista de Venezuela (PCV) y del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), protagonizó el secuestro del mercante venezolano “Anzoátegui”. También se dan secuestros de aviones, y el famoso secuestro del futbolista Alfredo Di Estefano.

En 1968 llega Caldera al gobierno y pone en práctica la llamada pacificación a través de la cual muchos alzados logran volver a las actividades legales. Pero hay algunos que no aceptaban rendirse; Douglas Bravo y Julio Escalona pretenden seguir en la lucha armada. 

La internacional socialista, en su consabida práctica apaga incendio, copó la agenda de los insurrectos y se hizo con el poder para entregárselo a la burguesía (Guaidó es parte de esa tendencia).

A diferencia del resto de América Latina, el partido comunista juega un rol insurreccional, fraterno y cercano al MIR, que se organiza cuando Fidel Castro visita Caracas en 1959 para celebrar el primer aniversario de la caída de la dictadura militar de Marcos Pérez Jiménez.

El MIR nace de la influencia de la revolución cubana y es efecto de la crisis interna de Acción Democrática, el partido AD, que expulsó de sus filas a varios dirigentes juveniles que se identificaban con la política cubana, quienes fundan un nuevo partido revolucionario de izquierda, que se declaró como un partido «marxista con un programa antiimperialista y antifeudal.

Los militares también anidaron en su seno una tendencia de izquierda. El Carupanazo, una insurrección militar en Carúpano, en el estado Sucre, se desató el 4 de mayo de 1962 cuando efectivos del batallón de Infantería y del destacamento 77 de la Guardia Nacional se alzaron contra el gobierno de Rómulo Betancourt.

En Puerto Cabello realizaron otra acción militar contra el gobierno, conocida como El Porteñazo, donde murieron unas 400 personas en combates entre los militares alzados y las tropas gubernamentales. Los militares insurrectos responsables se incorporaron posteriormente a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN). Así, la guerrilla en Venezuela tuvo tres segmentos: el Partido Comunista, el MIR y un sector de las Fuerzas Armadas

Tras la experiencia guerrillera, y como consecuencia de la pacificación socialdemócrata, el PC, el MIR y sectores de militares de izquierda forman el Movimiento al Socialismo (MAS) con proyección electoral. Solo una pequeña fracción trotskista del MIR se marchará por su cuenta.

El fenómeno chavista y la crisis actual, la otra izquierda

El martes 4 de febrero de 1992, un grupo de militares al mando de coronel Hugo Chávez Frías intenta un golpe de Estado contra el presidente Carlos Andrés Pérez quien pasa de socialdemócrata a liderar la agenda neoliberal y acoge las recetas del Fondo Monetario Internacional (FMI) y los EE.UU

La presencia de Chávez tiene como antecedente una rica historia de la izquierda venezolana y una gran conclusión, la izquierda mayoritariamente pasó del guerrillerismo a la social democratización y a la contemporización con el sistema y, más con concretamente, a jugar un rol contemporizador con los partidos socialdemócrata y demócrata cristiano, responsables de la crisis.

En ese contexto y con una debilidad teórica, emerge muy “bolivarianamente” un populismo de izquierda que de entrada pretende tomar distancia con los populismos de derecha: Perón, Velasco Ibarra, Velasco Alvarado, y otros.

El chavismo asume una forma específica de ejercicio del poder político que encuentra eco en la pseudo teoría del sociólogo alemán Heinz Dietrich y su malhadada propuesta de socialismo del siglo XXI.

El movimiento chavista de proyección continental surge ante la quiebra temporal de la izquierda marxista, casi agónica, golpeada por la caída del muro de Berlín. El chavismo asume una forma específica de ejercicio del poder político que encuentra eco en la pseudo teoría del sociólogo alemán Heinz Dietrich y su malhadada propuesta de socialismo del siglo XXI, sumada a la complicidad de la althuseriana Martha Harnecker, que se confiesa en retirada, y a las conclusiones de Joaquín Villalobos, que reniega de la lucha armada y de la izquierda. Crear islas socialistas en el estado burgués une a los reformistas, al traidor y a los populistas

En América Latina, el fin del “homo-soviéticus” con la derrota final del estalinismo soviético, da origen al “legado de Chávez”, toda una narrativa consoladora que no reposiciona la acción contra el capitalismo imperialista, sino contra el capitalismo “malo”, el “neo liberal”.

El paradigma del populismo chavista basará su política en combatir la pobreza creando subsidios. La propuesta del marxismo siempre fue proletarizar a la sociedad, desarrollando las fuerzas productivas, en tanto que el imperialismo capitalista solo cifra expectativas en el saqueo. En este sentido el chavismo es pordiosero, y lo seguirá siendo por largo trecho.

El legado de Chávez nada tiene que ver con la concepción obrero-marxista, y reniega además de la probabilidad de construir una base social con los trabajadores.

El poder popular, una laxa concepción democrática heredada de los sandinistas, se agrega a la descomposición de la teoría leninista de la organización de clase y partido y da lugar a un populismo multimodal sin sustento doctrinario. Chávez tenía, con honestidad, la virtud de la ignorancia, y se esforzaba por el aprendizaje, pero cuando quiso avanzar hacia el marxismo, enfermó y murió.

Sus hijos putativos fueron peores. Rafael Correa fue la comedia repetida de la tragedia que ensayó prácticas facistoides como la represión del movimiento obrero, de los movimientos sociales, y envió a la cárcel a la juventud contestataria de izquierda, algo que ni Nicolás Maduro hizo. El reposicionamiento de la derecha pro imperialista en la región es producto del fracaso de la utopía reaccionaria del llamado socialismo del siglo XXI.

Maduro sobrevivió a Chávez, pero la caída del precio del crudo y el modelo misericordioso, tan improductivo, lo fueron liquidando. Pero China demuestra que el socialismo no es un modelo de misericordia, sino un modelo de desarrollo. En la región, solo José Mujica y Evo Morales parecen estar en sintonía con una vieja de verdad: el marxismo.

Hoy Juan Guaidó, títere socialdemócrata, pretende liderar el “gran viraje” para que Venezuela deje de ser una economía rentista. Pero eso es algo viejo, que nunca tuvo resultados y que el chavismo casi nunca intentó. El aparato económico privado de la burguesía siempre fue parasitario del esquema petrolero, y a pesar de los estímulos iniciales de los bolivarianos, estos terminaron boicoteando todo intento de industrialización fuera de los márgenes de la política petrolera.

Petróleos de Venezuela (PDVSA) y el sector petrolero, gobiernan la economía venezolana. Esto fue así con Chávez, antes de Chávez y será así después de Maduro.

Al final, Petróleos de Venezuela (PDVSA) y el sector petrolero que rodea a la compañía, gobiernan la economía venezolana. Esto fue así con Chávez, antes de Chávez y será así después de Maduro. La derecha y la socialdemocracia solo siguen los lineamientos estratégicos emanados desde Washington, y hoy su sueño de desarrollo es Arabia Saudita.

Un conflicto mundial en América Latina

El carácter del conflicto de Venezuela es transnacional y afecta los ámbitos geopolítico, militar y macro económico mundial. En verdad, la preocupación no es Maduro. Geopolíticamente, el foco está puesto en China, que ha acabado con el socialismo del siglo XXI e impone, también a Venezuela, la condición de ser la puerta de entrada de sus intereses.

China, y su escudo militar ruso, triunfantes en la guerra de Siria, resisten en otro escenario a USA y Arabia Saudí en Yemen, y necesitan pasar a la ofensiva en el patio trasero del imperialismo.  Ahí radica el problema.

A fin de cuentas, los socialistas del siglo XXI eran solo unos chicos malcriados, pero soportables. Lo que no es admisible para los imperialistas de USA y Europa es que se organicen unas nuevas nupcias con los comunistas de nuevo tipo, y por ello no escatiman esfuerzos para reeditar un guerra fría en volcánicas tierras venezolanas.

El aumento de la hostilidad hacia Venezuela por parte de los gobiernos de la OTAN, tiene como argumento la falta de democracia, argumento pueril, que se cae cuando apoyan al régimen saudí, al de Haití, al colombiano que, en pleno proceso de implementación de la Paz, ha permitido que hayan asesinado a 350 líderes sociales; y al régimen Iraquí.

En el fondo, la democracia no les importa nada. En Colombia, todo presidente se legitima con menos del 15% de su población electoral, al igual que ocurría en Venezuela antes de Maduro: Lushinchi, Caldera y Andes Pérez no pasaban del 15% de aceptación electoral, pero gobernaban.

Promover el derrocamiento violento del gobierno de Nicolás Maduro y de los poderes públicos vigentes es convocar la agresión imperialista y la masacre a un pueblo empobrecido. Es la revancha del caso de Siria.

Desconocer la institucionalidad nacional de Venezuela y estimular actitudes de esbirros como la de los gobernantes de Ecuador, que reconoce a Guaidó y luego da credencial a su embajador antes que la Unión Europea y EEUU, da cuenta de el nivel político en que nos encontramos.

Promover el derrocamiento violento del gobierno de Nicolás Maduro y de los poderes públicos vigentes es convocar la agresión imperialista y la masacre a un pueblo empobrecido. Es la revancha del caso de Siria, la gran derrota reciente del imperio. Son necesarias, en aras de la vida y en pro de no incendiar la región, posturas razonables en la izquierda, la derecha y la decencia. El papa Francisco así lo entiende

No se trata de defender a un Maduro inepto, y menos a un modelo ya fétido como el socialismo del siglo XXI. Se trata de oponerse con todo a la agresión imperialista. Se trata de llevar el proceso a un cambio de dirección política, apoyando los esfuerzos del pueblo de Venezuela para avanzar hacia una democracia revolucionaria.

Esto todavía puede suceder: control obrero de la industria y el comercio, pena capital a los especuladores y a los corruptos, socialización inmediata de víveres y medicinas; nacionalización de la banca y el comercio; y apertura a la solidaridad internacional no imperialista.

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Una versión anterior de este artículo fue publicada en La línea de fuego. Verla aquí

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