En la aldea Aiha del pueblo Kalapalo, situada en el territorio indígena de Xingu, las tardes están marcadas por la reunión de los hombres en el centro de la aldea para hablar. El pueblo está formado por un gran círculo compuesto por treinta casas comunales, construidas en forma ovalada y cubiertas de paja. En el centro se encuentra la "casa de la flauta", el lugar donde, después de una larga jornada de pesca o de trabajo en los campos de mandioca, tienen lugar estas reuniones diarias para charlar, reír o incluso debatir y tomar decisiones comunitarias.
Fue en esta dinámica, en medio de este atardecer en el Xingu, en febrero de 2020, que las primeras noticias de que el nuevo coronavirus (Sars-Cov-2) ya estaba en Brasil llegaron a las aldeas de la región, ubicadas en el noreste de Mato Grosso. Los primeros casos de Covid-19 se produjeron lejos, concentrados en São Paulo, a más de 1.600 km de allí. Pero el temor a la posible devastación que podría causar el virus era ya generalizado.