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¿Puede Brasil ayudar a retrotraer la vigilancia de Estados Unidos?

Brasil se ha convertido en un acérrimo y franco crítico del espionaje estadounidense, y ha solicitado a Google y Facebook que instalen servidores locales. Pero, ¿tendrá resultado? Una colaboración al debate de openGlobalRights sobre poderes esmergentes y derechos humanos. English.

Robert Valencia
15 January 2014

Brasil ha alcanzado protagonismo global debido a su crecimiento y potencial económico, así como su liderazgo en la asistencia durante el terremoto de Haití de 2010, y como hábil centro de diplomáticos comprometidos globalmente.

En el último trimestre de 2013, la mayor acción internacional de Brasil fue su abierta oposición al espionaje de la agencia espía estadounidense, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA por su nombre en inglés). Jeffrey Cason , autor de OpenGlobalRights, sostiene que Brasil es demasiado tradicional para ser líder de derechos humanos, y que “es improbable hacer que la promoción de los derechos humanos sea el punto fuerte de su política exterior”. 

Aun así, desde hace tiempo Brasil ha criticado a Estados Unidos y a otros gobiernos cuando vulneran las libertades civiles. Ahora, el país lidera una respuesta negativa global contra Estados Unidos por su hábito de espiar masivamente en línea. 

Brasil ya antes expresó su apoyo a los informantes. En 2010, por ejemplo, el entonces presidente brasileño Inácio Lula Da Silva expresó su apoyo al fundador de WikiLeaks, Julian Assange, y lo describió como un campeón de la libre expresión. Aun así las revelaciones de WikiLeaks no suscitaron muchos comentarios en Brasil.

En 2013,  cuando Edward Snowden, excontratista de la NSA y  exspleado de la CIA reveló hasta 1.7 millones de documentos reservados con la ayuda del periodista de The Guardian Glenn Greenwald, que vive en Brasil y además es presentador de una popular revista televisiva de noticia, Fantastico, los brasileños se pusieron de pie y prestaron atención.

En América Latina, Estados Unidos presuntamente escuchó subrepticiamente a Colombia, México y Brasil. Colombia y México  emitieron cartas de protesta, pero Brasil adoptó una posición mucho más fuerte. Y en septiembre de 2013, la presidenta Dilma Rousseff tomó cartas en el asunto durante la Asamblea General de Naciones Unidas. 

Rousseff acusó a la NSA de violar leyes internacionales por recoger arbitrariamente información de ciudadanos y funcionarios brasileños, y dijo que la NSA había interceptado comunicaciones de misiones diplomáticas brasileñas, incluida la misión permanente ante Naciones Unidas, así como en su propia oficina.

Ciertamente, el fastidio de Rousseff fue tal que canceló su visita a Washington ese mismo mes.

Para promover el cambio, Rousseff solicitó a Google y Facebook que instalaran servidores ubicados en Brasil, pues presumiblemente estarán protegidos del espionaje de Estados Unidos. Rousseff sostuvo que Brasil se ha convertido en uno de los mayores mercados de tecnología y medios sociales del mundo, y parecía dispuesta a crear un centro de datos brasileño aparte, que básicamente obligaría a las empresas de internet a acatar las leyes de privacidad de Brasil.

Sin embargo, es complicado instalar servidores de Google y Facebook en Brasil. Como dice un representante de Google, “sería complicado desarrollar la infraestructura”. Además, según la Asociación Brasileña de Empresas de Software, las instalaciones internas nuevas terminarían costando a los proveedores y usuarios locales más de lo que pagan actualmente.

Aun así, si al final se instalaran nuevos servidores en Brasil, desde afuera se podría atacar el sistema; después de todo, internet es una red mundial. 

Otro gran problema es que Brasil todavía no tiene leyes adecuadas de protección de información y de derechos de retención. Aunque el gobierno tiene legislación propuesta, la sociedad civil se ha resistido con éxito, manifestando que algunas disposiciones podrían necesitar vigilancia masiva y retención de datos por parte de “inexplicables empresas privadas”.

En diciembre de 2013, Snowden escribió una carta “al pueblo de Brasil”, publicada en el periódico brasileño Folha de Sao Paulo. Prometió que ayudaría a Brasil a investigar el espionaje de la NSA, pero a cambio solicitó asilo político. “Si Brasil escucha solamente una cosa de mí”, escribió Snowden, “que sea esta: cuando todos nos unamos contra las injusticias y en defensa de la privacidad y los derechos humanos básicos, podremos defendernos hasta de los sistemas más poderosos”.

Pero Brasil no quiere perjudicar más su relación con Estados Unidos, y rechazó la solicitud de Snowden, según funcionarios no revelados del gobierno. Algunos políticos brasileños, incluido el Senador Ricardo Ferraço, presidente del comité de relaciones exteriores del Senado, discreparon, y manifestaron que su país debería conceder protección a Snowden.

Las elecciones generales de Brasil se llevarán a cabo el 5 de octubre de 2014, y es probable que Dilma Rousseff derrote a sus contendientes más cercanos. En su próximo periodo, de alguna manera tendrá que convencer al Senado y a los brasileños comunes y corrientes que sus planes de protección de información realmente frenarán el espionaje por parte de Estados Unidos y otros.

Aunque nada más ocurriera, la abierta oposición de Brasil a los métodos de la NSA ha abierto la puerta a otros gobiernos, y los ha exhortado a unirse a la discusión global sobre datos, privacidad y libertades civiles.

A la larga, la oposición de Brasil podría ayudarnos a limitar prácticas de vigilancia masiva en línea.

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