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Cumplimiento y monitorización: un trabajo continuo

Sin el cumplimiento y la monitorización, es poco probable que el proceso dure. ¿Cómo abordará el gobierno los riesgos inherentes del acuerdo para lograr una paz duradera? English

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23 November 2017
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Gente acompaña los resultados del referéndum en vivo en una plaza en Medellín, Colombia. Foto: Niek van Son/Flickr. Algunos derechos reservados.

Este artículo forma parte de la sección El proceso de paz: de principio a fin, dentro del proyecto conjunto entre DemocraciaAbierta y el IFIT “Construcción de paz en Colombia: lecciones de los negociadores”.

Visite la cronología del proceso de paz aquí. 

Diseño del proceso

La fase exploratoria tuvo dos dimensiones muy relevantes. Una es una lección del pasado: los negociadores aprendieron mucho sobre lo que sería óptimo y lo que podría ser útil en el contexto específico en que se encontraban. En segundo lugar, las partes emprendieron un proceso de reflexión sustancial, que consistió en reconocer las decisiones del otro lado de la mesa de negociaciones. En términos más precisos, además de recuperar esas lecciones del pasado, los negociadores reincorporaron otras variables como un elemento innovador para la experiencia colombiana.

Las lecciones del pasado a nivel internacional fueron una contribución muy valiosa, en términos de aportar una visión de cómo abordar las dimensiones de un desafío particular. En esa fase exploratoria, la parte fundamental fue cómo diseñar un esquema que indicara si el otro lado estaba en condiciones de alcanzar una solución política. Además de este elemento innovador, durante la fase exploratoria los negociadores utilizaron algunos elementos objetivos sobre las FARC para integrarlos y comenzar un diálogo. En cierto modo, la fase exploratoria sirvió como una prueba de funcionamiento, que luego permitió tomar la decisión de iniciar el proceso en la fase pública. El simple hecho de haber celebrado la fase exploratoria fue un elemento novedoso para el proceso de paz, porque estos primeros procedimientos de acuerdo generados por contacto permitieron la toma de decisiones al final de ese proceso, que era secreto, privado y exploratorio. Y había una tercera variable: por primera vez las negociaciones incorporaban la figura de los garantes internacionales que eran, digamos, testigos sin voz. El conflicto representaba un largo viaje de 50 años de desconfianza (con las FARC), que requería cubrir elementos importantes para garantizar mayores puntos de contacto.

 

Las negociaciones y los desafíos

Es interesante observar los distintos actores involucrados en las negociaciones y los desafíos que éstos ayudaron a resolver. Podemos dividirlos en tres grupos principales diferentes. Un grupo se compone de actores externos. El Sr. Henry Acosta fue una de estas figuras, que fue muy importante en términos de proporcionar a los negociadores un punto de contacto con el secretario de las FARC. Este fue un importante punto de inflexión, ya que los negociadores nunca habían tenido acceso a este tipo de figura, excepto tal vez de manera informal y variable. En cambio, el Sr. Acosta fue un interlocutor que, al menos antes de incorporarlo a la negociación, había estado en contacto con las FARC durante aproximadamente 10 años. 

En segundo lugar, la existencia de una amplia corriente política en América Latina en ese momento también fue muy importante. La realización de este ejercicio de negociación durante en un período de tendencias políticas cambiantes, particularmente en los países cercanos como Venezuela, México y Ecuador, tuvo un impacto particular en la negociación. Hacía tiempo que los gobiernos de centro-izquierda de toda la región venían diciendo a las organizaciones  guerrilleras que la política armada ya no era viable. 

El tercer grupo sería el de los garantes de la negociación. Más allá de considerar este tema como una cuestión de política de izquierda versus de derecha, era necesaria la participación de gobiernos creíbles, como el de Cuba, Noruega, Venezuela y los Estados Unidos. Ningún acuerdo habría sido posible sin estos actores, o sin que un emisario estadounidense de alto nivel sirviera como testigo de los acuerdos alcanzados en las negociaciones. Eso fue importante para generar tranquilidad entre todas las partes involucradas.

 

Mecanismos de construcción de confianza (MCC) 

La comunicación fue un factor importante en el proceso de construcción de confianza, que fue tal vez un área donde realmente había un déficit crítico. Este fue un problema inherente a los términos de la negociación, que resultó clave  dado que se llevaba a cabo una negociación en La Habana, mientras el conflicto continuaba en Colombia. Los negociadores avanzaban en cuestiones sustantivas, pero el público no tenía información sobre los puntos confidenciales de los acuerdos que se iban alcanzando debido al principio de que no se acordaría nada hasta que todo estuviera acordado.

Resultó clave que el gobierno alcanzara a comunicar algunos logros concretos al público. Hubo dos vías previas para abordar esta cuestión. Una fue simplemente tratar de acercar a ambas partes para que se vieran a sí mismas como socios colaboradores. La otra vía fundamental para comunicar el éxito sería transmitir que ciertas cosas negociadas en La Habana tendrían un impacto real y observable en el país. El gobierno podría haber dicho simplemente a la gente en los territorios que esperaran tres años para ver si se firmaba un acuerdo. Sin embargo, las partes tenían que hacer más, incluso avances que estaban llegando a los miembros de las FARC en las cárceles para que éstos pudieran ver que el proceso de paz beneficiaba al país. Antes de llegar a un acuerdo, las partes comenzaron a buscar a personas secuestradas y desaparecidas. La gente comenzó a darse cuenta de los beneficios de la negociación, incluso si no se producía la firma en un acuerdo final. Hubo evidencia de retirada de minas terrestres del territorio de una comunidad, lo que hizo que las personas se dieran cuenta de cómo las negociaciones políticas en La Habana podrían afectar a sus propias comunidades. En general, esta doble naturaleza de las medidas de construcción de confianza (acercamiento entre las delegaciones y avances sobre el terreno) añadió un aspecto crucial a este proceso.

 

Refrendación

Hubo una apuesta inicial que consistía en que el proceso comenzaría como un proceso cerrado, en un país extranjero, con un cese al fuego, y con un nivel de confianza entre las partes nunca antes visto. Es una importante apuesta política establecer un acuerdo, hacerlo público y luego dejar que la gente lo vote. Esto sucedió el 2 de octubre de 2016, cuando los colombianos sin embargo rechazaron el acuerdo de paz a través de un plebiscito en el que el ‘No’ ganó por un pequeño margen de aproximadamente 53,000 votos. A pesar de este resultado, en lugar de aceptar como una derrota, los negociadores lo tomaron como una oportunidad para mejorar.

Después del referéndum, un elemento importante estaba en qué tan rápida sería la respuesta. Si la respuesta se hubiera retrasado ocho días, es probable que no se hubiese firmado ningún  acuerdo de paz. Los garantes también desempeñaron un papel muy importante en el día después del referéndum. Las FARC reconocieron las implicaciones del resultado del referéndum, y fue útil tener un gobierno como el de Noruega para decirles a las FARC: "Bueno, sí, esto presenta desafíos, pero mi parlamento no ignorará lo que sucedió en Colombia, y no se dará por vencido ". 

Esto impactó más a las FARC que al gobierno, y también permitió a los negociadores entender todos los matices de la campaña del 'No', e integrar la idea de que alguien que se había opuesto al acuerdo no era necesariamente un miembro de un grupo paramilitar, sino que muchos ciudadanos comunes y corrientes no estaban de acuerdo con el Acuerdo de Paz. Tomando en cuenta estos elementos, los negociadores pudieron mejorar el acuerdo inicial, que finalmente se firmó modificado el 24 de noviembre.

 

Implementación y validación

A largo plazo, el desafío era implementar un acuerdo con una fuerza guerrillera que tenía muy poca credibilidad y muy poca legitimidad dentro de la estructura democrática. Por lo tanto, siempre se ha entendido que existen riesgos inherentes a la implementación del acuerdo dentro de esta estructura democrática refractaria.

A mediano plazo, los negociadores insistieron en la sostenibilidad del futuro de las personas que dejan las armas y se incorporaron a la vida política legal, lo que podría resumirse bajo la noción de “coexistencia”, algo que debe darse en estos territorios entre las víctimas y los perpetradores. Y en el muy corto plazo, sabiendo que tiene un impacto en el largo plazo, el desafío radica en tomar decisiones oportunas para garantizar dos cosas. Primero, el proceso de reintegración de las FARC, haciéndolo lo más transparente posible. Y segundo, cómo establecer concretamente las garantías de seguridad que se le prometieron a las FARC y respetar u hacer respetar el principio de que, siempre que dejen sus armas, se les debe garantizar la seguridad para participar en política.

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