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Travesía de emigrantes centroamericanos en México. Tráfico y contrabando como forma de negociación social

Para facilitar su travesía, los emigrantes que viajan hacia el norte desde Centroamérica utilizan guías y coyotes, pero el tiempo que pasan juntos resulta una renegociación constante. English

Yaatsil Guevara González
8 April 2016
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Vista de la frontera entre EEUU y México. Bill Morrow/Flickr (CC 2.0 by)

Entre las personas de Centroamérica que emigran y escapan hacia México, Estados Unidos o Canadá pueden distinguirse diferentes flujos migratorios y poblaciones mezcladas. Pueden encontrarse personas que han sido desplazadas, perseguidas o expulsadas así como comerciantes, trabajadores temporeros y viajantes. La mayoría de los que confían en esta ruta son gente que proviene del triángulo del norte de Centroamérica: de El Salvador, de Guatemala y de Honduras. Aunque el éxodo masivo de personas desde estos países no es algo reciente, últimamente se ha reforzado el control en las fronteras, especialmente en los pasos fronterizos (formales e informales) a lo largo de las fronteras entre México y Guatemala, México y Belice y los estados al sureste de México. En los últimos años, los emigrantes han visto cómo se hacía más y más difícil viajar a través de este paso sur-norte, puesto que México ya se ha convertido en el mayor cazador de centroamericanos indocumentados.  

Debido a las restricciones a los flujos migratorios, la amplia variedad de actores sociales que participan en esta ruta migratoria ha tenido que diversificar sus tácticas y estrategias para facilitar la entrada de emigrantes centroamericanos a México y a EEUU. La labor de estos actores, a lo largo de la frontera sur de México, es muy importante. Sus decisiones pueden determinar a qué situaciones se van a enfrentar los emigrantes indocumentados durante sus viajes.

Dos de los actores más importantes que ayudan a los emigrantes a cruzar la frontera son los guías y los coyotes. Los guías son gente que conocen las rutas migratorias y muchas veces tienen permisos legales de residencia en uno o más países. Tienen la responsabilidad de guiar a los emigrantes en sus travesías para evitar riesgos, principalmente el de la deportación, pero también el del secuestro o la extorsión. Los coyotes, en cambio, tienen la responsabilidad de organizar las entradas clandestinas a los países fronterizos, así como de coordinar la logística y las estrategias para garantizar un servicio completo a sus clientes ya que su futuro también depende de que siga habiendo emigrantes que, durante las travesías, quieran contratar sus servicios.

Itinerarios

La frontera al sur de México tiene aproximadamente 1.139 kilómetros – 962 de los cuales corresponden a la frontera con Guatemala y 176 con la de Belice. La frontera entre México y Guatemala queda delimitada por los ríos Suchiate y Usumacinta y comprende el 53% de su longitud. De la misma manera el 87% de la frontera entre México y Belice queda delineada por el río Hondo. En este sentido, la jungla, los bosques tropicales y las masas de agua crean una frontera porosa y móvil, que ha sido aliada incondicional de los emigrantes centroamericanos. Durante décadas, la mayoría de centroamericanos han cruzado por el paso de Ciudad Hidalgo (Chiapas, México) – Ciudad Tecún Umán (San Marcos, Guatemala) y el segundo paso fronterizo más importante ha sido Tabasco, México-Petén en la frontera con Guatemala.

El incremento de flujos de emigrantes indocumentados, en su mayor parte hondureños, ha llevado a algunas ciudades guatemaltecas a convertirse en plataformas para la organización de estrategias para cruzar la frontera hacia territorio mexicano. En Santa Elena, Guatemala, los traficantes ofrecen una gran variedad de paquetes de servicios para los emigrantes indocumentados. A unos cientos de metros de la estación de autobús se pueden encontrar hoteles que funcionan como oficinas centrales para los proveedores de servicios migratorios. En la estación de Santa Elena se ofrecen servicios de transporte, en su mayoría taxis, para ayudar a los emigrantes que buscan un lugar donde alojarse. Generalmente, los hoteles tienen acuerdos con los conductores y estos últimos reciben una comisión basada en el número de emigrantes que llevan al hotel.

Al llegar a los hoteles, algunos emigrantes ya tienen un ayudante para cruzar la frontera, otros hacen acuerdos con los hoteles o acuerdan servicios en el momento de su llegada. Algunos paquetes de servicios incluyen alojamiento, transporte a la frontera con México y cruce de frontera a través de la ruta sur, generalmente a través de las ciudades mexicanas de Tenosique o Palenque. Es muy raro que los emigrantes que llegan a este nivel tengan contratado un paquete de servicios completo (servicios contratados en el país de origen, a veces a través de familiares que viven en los EEUU, que incluirían cruzar la frontera a través de la frontera dentre México y EEUU. Normalmente, cuando los emigrantes llegan a esa frontera empiezan las negociaciones con redes de traficantes y deciden el resto de su travesía, aunque este proceso varía considerablemente.

Traficar como una forma de negociación social

Durante el viaje de los emigrantes, los intercambios diarios entre ellos y los facilitadores son un ejercicio constante de resistencia y negociación. Durante los trayectos, todos se involucran en negociaciones colectivas e individuales, que les permiten definir los mecanismos y las rutas que hay que seguir, que a la vez determinan la duración, el desmantelamiento y la reconstrucción de los itinerarios de los emigrantes. Por ejemplo, algunos de los coyotes ofrecen paquetes que incluyen tres intentos de cruzar la frontera. Si durante el viaje el emigrante es arrestado por las autoridades o si es secuestrado por alguna organización de tráfico de drogas, el emigrante puede contactar con su coyote para organizar hasta tres intentos más.

Las interacciones entre traficantes y migrantes pueden ser intercambios de discusión o de de relación. A través de las negociaciones y los acuerdos, los emigrantes aprenden cómo navegar los territorios de la clandestinidad. Algunas veces, los coyotes y los guías enseñan tácticas a sus clientes para volverse imperceptibles (por ejemplo, acento y vestimenta). Pero dependiendo de la situación, los emigrantes también necesitan ser visibles. Por lo tanto, los emigrantes y los traficantes deben conocer los momentos exactos y los espacios precisos en que deben dejar de ser invisibles y destacar. Un ejemplo muy claro es el momento en que los emigrantes llegan a los refugios: se vuelven visibles, para poder recibir ayuda humanitaria mientras que, por el contrario, los traficantes tienen que volverse imperceptibles y camuflarse entre los emigrantes, ya que la mayoría de las redes de ayuda humanitaria prohíben la entrada a guías y coyotes. De este modo, los emigrantes y traficantes deben ser capaces de identificar cuándo la frontera es una aliada, y cuándo es un obstáculo.

Como resultado de este proceso, los emigrantes fortalecen su voluntad y aprenden a generar mecanismos para poder cruzar la frontera (tanto escondidos, como visibles) que se perfeccionan a través del número de intentos que requiere un viaje como éste. Ni las estrategias para cruzar la frontera, ni las trayectorias de los emigrantes centroamericanos, son lineales. Al contrario, se interrumpen constantemente y su naturaleza depende de una gran variedad de circunstancias como son los recursos financieros, el trato por parte de las autoridades guatemaltecas o mexicanas, la exposición a asaltos o secuestros, la salud física, los medios de transporte, etc. Los coyotes son un elemento clave de este proceso, ya que tienen un rol clave en los flujos migratorios. También intermedian entre los emigrantes y otros actores sociales, como los narcos, las autoridades, los habitantes locales y otros, haciendo de ellos, en algunos casos, el método más seguro para cruzar México y los Estados Unidos.

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Traducción de Victoria Gómez, miembro del Programa de Voluntariado de DemocraciaAbierta

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