democraciaAbierta

Una idea realmente mala: un Tribunal Mundial de derechos humanos

Philip Alston
12 June 2014

No queda duda de que hoy en día el régimen internacional de derechos humanos está siendo atacado continuamente desde diversos sectores.  Los partidarios del sistema suelen asumir que se trata simplemente de otro momento de resistencia y que la situación pronto volverá a equilibrarse.  Los críticos han aprovechado esta oportunidad para anunciar los "últimos días" del sueño "utópico", y piden el replanteamiento fundamental de una visión humanitaria en decadencia.  Proliferan las conferencias y publicaciones en las que se reflexiona sobre el futuro del régimen.  Y en medio de todo esto, uno de los proyectos más ambiciosos para el futuro es la propuesta de crear un Tribunal Mundial de Derechos Humanos (World Court of Human Rights, WCHR). Esta iniciativa ha recibido el apoyo activo de una variedad de notables defensores, quienes argumentan que se debe adoptar como una posible manera de lograr que exista una supervisión judicial sobre las violaciones de derechos humanos alrededor del mundo.

De acuerdo con su proyecto, el WCHR tendría jurisdicción sobre 21 tratados distintos de derechos humanos, se aplicaría tanto a los Estados como a los actores no estatales y emitiría sentencias vinculantes que, en última instancia, podría aplicar el Consejo de Seguridad de la ONU.  Como la participación en el tribunal tiene el potencial de ser universal y como el estatuto propuesto permitiría vigilar el efecto extraterritorial de las políticas de un Estado en materia de derechos humanos, se le podría considerar como una manera de superar muchas de las deficiencias que reducen la eficacia del parchado institucional actual.

Probablemente, muchos observadores tacharán de utópica la idea de un Tribunal Mundial de Derechos Humanos y estarán convencidos de que nunca se pondrá en práctica ya que una variedad de Estados clave ofrecerán una resistencia infatigable.  Pero yo iría un paso más allá para afirmar que la misma idea de un WCHR y el mero intento de promoverlo son, al menos en un futuro cercano, una mala idea.  En un artículo que aparecerá próximamente en Ethics and International Affairs y que se publicó en SSRN, argumento que la propuesta de crear un tribunal de esta clase está fundamentalmente equivocada.

Hay enormes desafíos prácticos implícitos en el supuesto de que algún tribunal puede desempeñarse con eficacia para emitir juicios sobre las reclamaciones de más de siete mil millones de personas.  Los costos serían inmensos, al menos para los estándares de cualquier fondo dedicado actualmente a la protección de derechos humanos a nivel internacional.  Y las posibilidades políticas de que algún Estado esté preparado para someterse a un Tribunal Mundial con una jurisdicción tan carente de límites (prácticamente cualquier derecho humano que se reconozca en algún tratado internacional) y con el poder de aplicarla no parecen muy prometedoras.

Sin embargo, no es inconcebible que gradualmente se puedan reducir los obstáculos, si no es que superarlos del todo. Así que, partiendo de la teoría de que el establecimiento del puesto de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y la creación de la Corte Penal Internacional también se consideraron alguna vez como muy poco probables, si no es que utópicos, ¿por qué no darle una oportunidad al WCHR?  Seguramente a nadie perjudicará que echemos a volar una cometa de proporciones gigantescas con la esperanza de que, con el tiempo, se logre al menos una pequeña parte de nuestro deseo.

Mi opinión es que en la actualidad el WCHR es una mala idea y no conviene gastar tiempo, energía y recursos en promoverlo. Hay varias razones para emitir esta opinión.  La primera es la medida en que esta propuesta favorece el legalismo por sobre otros enfoques y asume que se puede crear una estructura judicial prácticamente en un vacío, sin haber realizado una intensa labor previa de preparación.  El establecimiento de una institución tal como un tribunal debería reflejar la aceptación general de un conjunto de valores y expectativas por parte de la comunidad involucrada.  Precipitarse a crear un tribunal universal y resolver cuestiones profundas y controvertidas a través de medios judiciales a nivel global dista mucho de ser una solución atractiva para los profundos problemas de funcionamiento en materia de derechos humanos en el mundo. 

En segundo lugar, la propuesta es sumamente elitista ya que le concedería el poder definitivo a una pequeña camarilla de jueces.  La idea de que, a estas alturas de la evolución del régimen de derechos humanos, se deberían emitir sentencias vinculantes sobre casos por todo el mundo, que serían aplicadas por el Consejo de Seguridad en caso de ser necesario y que pretenderían resolver problemas profundamente disputados y discutibles, es poco más que una presunción de los abogados.  Esta visión es apenas compatible con los valores que inspiran el ideal de un régimen internacional gobernado por el estado de derecho y las instituciones democráticas.  Además, la posibilidad de que los intereses estatales “capturen” al tribunal podría convertir fácilmente a este organismo todopoderoso en una fuerza que fomentara y apoyara una carrera a la baja en la interpretación de las normas internacionales.

En tercer lugar, la campaña para crear un WCHR solamente le quitaría recursos y atención a cuestiones mucho más urgentes e importantes que obstaculizan la evolución del régimen de derechos humanos. Entre ellas: la necesidad de consolidar una cultura de derechos humanos en todos los niveles de la sociedad; la creación de mecanismos nacionales de rendición de cuentas hechos a la medida; la consolidación de sistemas regionales (no solamente tribunales), especialmente en Asia y el Pacífico y en el mundo árabe; el desarrollo de medios para responsabilizar tanto a las corporaciones como a las organizaciones internacionales; el despliegue de reformas adicionales y más profundas al sistema de órganos de tratados de derechos humanos de la ONU, y el refinamiento del proceso del Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos para que esté más enfocado y sea más exigente.  No es posible enfrentar estos complejos retos de manera significativa si buscamos eludirlos y crear un WCHR como si fuera una panacea mágica. Un esfuerzo serio para promover un WCHR supondría un enorme costo de oportunidad, un intercambio directo, con respecto a estos otros objetivos. 

No se debe subestimar la gravedad de las amenazas al sistema actual, ni la necesidad de encontrar soluciones más creativas y con fundamentos más profundos. Pero las respuestas no residen en planes extravagantes para mantener ocupados a los abogados internacionales.

Se publicó una versión anterior de este artículo en Just Security.

Had enough of ‘alternative facts’? openDemocracy is different Join the conversation: get our weekly email

Comentarios

Animamos a todo el mundo a que haga comentarios, Por favor, consulte las intrucciones de openDemocracy para comentarios
Audio available Bookmark Check Language Close Comments Download Facebook Link Email Newsletter Newsletter Play Print Share Twitter Youtube Search Instagram