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Cumbres sobre migración global. Grandes expectativas, alto riesgo

El resultado de las cumbres de esta semana en Nueva York debería centrarse en compartir responsabilidades, no en eludirlas o en modificarlas. Português English

El presidente Barack Obama llega a la sede de las Naciones Unidas para hablar en la Cumbre de Desarrollo Sostenible, septiembre de 2015.Andrew Harnik/Press Association. Todos los derechos reservados.

Esta semana en la que estamos, los líderes mundiales toman parte en no una, sino dos cumbres consecutivas sobre migrantes y refugiados en Nueva York - una organizada por las Naciones Unidas y otra por el presidente Barack Obama. Nunca antes se había dado un enfoque de tan alto nivel o de tan alto perfil a nivel internacional sobre estos temas. Por otra parte, nunca antes la movilidad humana había causado tanto sufrimiento - para aquellos que huyen de la guerra, de la persecución y la pobreza, y para las sociedades que les reciben.

Estas cumbres son una oportunidad trascendental para crear un sistema más humano, coordinado y duradero que responda a uno de los mayores desafíos globales de nuestro tiempo. Entonces, ¿por qué estoy nervioso?

El año pasado, se estimó que había 20 millones de refugiados y 244 millones de migrantes en todo el mundo. Más allá de los números, sin embargo, un reto todavía más fundamental es el que constituyen la inestabilidad política, la desigualdad económica, la demografía desigual y la globalización, que están impulsando cada vez más la movilidad humana. Pero aunque han liberado los flujos comerciales y de capital, la mayoría de los países del mundo están intentando restringir la inmigración y tratando de hacer frente a sus consecuencias. En Europa se están construyendo más muros que en el apogeo de la Guerra Fría. Los países de ingresos bajos y medianos tienen dificultades para encontrar los recursos necesarios para acoger a la gran mayoría (86%) de los refugiados del mundo, mientras que muchos de nuestros estados más ricos se niegan a hacer nada que no sea un mínimo estricto.

La mayoría de los países del mundo están intentando restringir la inmigración y tratando de hacer frente a sus consecuencias. 

La gestión de la escala, la complejidad y el impacto de las migraciones es hoy un problema que se extiende mucho más allá de las competencias o la capacidad de cualquier estado, o incluso bloque de estados. Así que las cumbres de esta semana revisten gran trascendencia. Y gran trascendencia significa alto riesgo.

El peligro con el que nos enfrentamos es que algunos estados verán las cumbres como una oportunidad para echarse atrás de sus compromisos. En enero de este año, el primer ministro danés Lars Lokke Rasmussen lanzó la idea de renegociar la Convención sobre refugiados de 1951 con el objetivo de reducir las obligaciones hacia los solicitantes de asilo que llegan incesantemente por mar a Europa.

Hay también varias otras discrepancias que deben ser resueltas antes de que pueda llegarse a ningún acuerdo global sobre cómo gestionar las migraciones. La Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares es un ejemplo de ello. En gran medida relativa a los inmigrantes económicos y los derechos que se les deben hacer extensivos en virtud del derecho internacional, esta convención ha sido ratificada hasta el momento por tan sólo 27 estados, en su mayoría países de origen. Todos los principales estados receptores continúan brillando por su ausencia. En el clima económico y político imperante, en el que hemos visto aumentar el sentimiento anti-inmigración, conceder a los inmigrantes igualdad de acceso a los beneficios económicos, sociales y culturales es algo difícil de vender para cualquier político de cualquier país.

El actual marco internacional que regula la protección de los refugiados es el centro de atención de las cumbres. Unas cumbres que representan una oportunidad para que los líderes se desdigan de las obligaciones que muchos electores, bajo presión, están empezando a considerar demasiado onerosas. Pero cualquier intento de renegociar nuestro marco legal y normativo existente sería desastroso. El mayor reto que tiene planteada la protección de refugiados y la gestión de los grandes movimientos migratorios no es el marco legal, sino garantizar que los estados cumplan con lo establecido. El reto fundamental es encontrar maneras de implementar los compromisos ya adquiridos.

En mi opinión, la Convención sobre Refugiados de 1951 es uno de los grandes logros del sistema internacional de derechos humanos. Es el único instrumento que protege nuestros derechos frente a un estado opresor (otros derechos los protegen los estados), encarna nuestros valores humanitarios fundamentales y, a pesar de su ya larga historia, sigue siendo hoy el patrón oro de la protección de los derechos de los refugiados. Puestos a destacar un punto débil, sería este: ningún estado, en los últimos 65 años, ha logrado estar a la altura del espíritu – por no hablar de la letra - de la Convención.

El resultado de las cumbres de esta semana debería no sólo confirmar, sino abundar en las normas y leyes existentes sobre refugiados y derechos humanos, buscando concretamente establecer una hoja de ruta para el cumplimiento en la práctica de los compromisos contraídos por cada país. Debería consistir en compartir responsabilidades, no eludirlas o modificarlas. Un resultado así requiere liderazgo basado en principios y una gran dosis de voluntad política. Pero se puede conseguir.

Ningún estado, en los últimos 65 años, ha logrado estar a la altura del espíritu – por no hablar de la letra - de la Convención.

Muy pocos habían predicho que los gobiernos se las arreglarían para llegar a un acuerdo significativo sobre el cambio climático - el otro gran desafío global del siglo XXI – el diciembre pasado en París. Al igual que el cambio climático, la gestión de las migraciones requiere un enfoque global, dirigido por instancias intergubernamentales como la ONU. Se trata de una cuestión mucho más emotiva que el cambio climático y es, para bien o para mal, un reto político de riesgo superior para los líderes que se reúnen esta semana en Nueva York. Tengo la esperanza, sin embargo, que van a llegar a un compromiso sobre los refugiados al estilo del de París.

El sábado pasado, 17 de septiembre, justo antes de tomar el avión para Nueva York, estuve junto a decenas de miles de personas en una concentración de Solidaridad con los refugiados en Londres. Para mí, concentraciones como ésta, y las que tienen lugar en ciudades de todo el mundo, son un recordatorio de que existe un amplio apoyo para un liderazgo aspiracional, basado en principios, que pueda hacer frente a la llamada crisis migratoria. Si nuestros líderes demuestran estar preparados para navegar las complejas y potencialmente peligrosas aguas de las negociaciones sobre esta cuestión, creo que el alto riesgo podría reportar grandes recompensas.

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About the author

Dhananjayan Sriskandarajah is Secretary General of CIVICUS, the global civil society alliance with members in more than 175 countries.

Dhananjayan Sriskandarajah es secretario general y director ejecutivo de CIVICUS. Puede encontrarlo en Twitter y Facebook por la dirección @civicussg.

Dhananjayan Sriskandarajah é secretário-geral e diretor-executivo da CIVICUS. Dhananjayan pode ser contatado pelo Twitter e Facebook no endereço eletrônico @civicussg. 


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