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Quo vadis, Europa? Una conversación con Quentin Peel

¿Por qué votamos a los peores tipos del capitalismo? Si perdemos el espacio central y común, nos arriesgamos a repetir los errores de los años 30. ¿Cómo evitar los errores del pasado? Entrevista English 

Protesta contra el Brexit en Londres, Reino Unido. 28 junio 2016. Ed Everett/Flickr. Algunos derechos reservados.

Francesc Badia i Dalmases: Quentin, ¿qué nos está pasando? Parece que estamos asistiendo a una convulsión en todas partes. En prácticamente todos los continentes, hay un rechazo popular al estatus quo político, incluso a la democracia. ¿Asistimos al final del orden liberal mundial?

Quentin Peel: Creo que no es tan dramático como eso. Cuando vivimos la crisis financiera en el 2008, y después la crisis de la Eurozona en el 2010, recuerdo que pensé:  “¡oh, no!, esto va a tener consecuencias terribles, todo el mundo está corriendo a refugiarse en el nacionalismo y a encerrarse en el proteccionismo”. Al final, en ese momento, esto no llegó a producirse, pero está pasando ahora. Conseguimos retrasar ese reacción, pero no pudimos evitarla.

En los años 30 del siglo pasado vivimos a una reacción similar. Hubo una recesión y un desempleo de dimensiones dramáticas – y entonces la reacción fue un regreso al nacionalismo. Y, claro, con el auge del fascismo y del nazismo, llegó el desastre. Observo algunos paralelismos realmente preocupantes.

Pero creo que hay dos cosas que diferencian la crisis actual de la de los años 30. Una es que, como resultado de esa experiencia, somos más conscientes del peligro. Pero la segunda es que, esta vez, todo resulta mucho más complejo y, en consecuencia, el reto es mucho mayor. No se trata tan solo de una crisis económica. Estamos ante el impacto de la globalización, en su sentido más amplio – con la libre circulación de mercancías, una inmigración en aumento y una tecnología avanzando continuamente – un impacto que está abriendo nuestras fronteras y nuestro mundo. Y vemos la enorme inseguridad que esto ha creado.

Cuando la gente está insegura, busca soluciones simplistas. Y a eso es a lo que la gente se ha agarrado en el Reino Unido y en Estados Unidos, votando por el Brexit y por Trump – ambas son soluciones populistas de derechas. Pero en Europa también estamos viendo el ascenso de un populismo de izquierdas.

Lo que es común a todos ellos es el colapso del espacio del centro – y eso, para mí, es profundamente preocupante, y más aún porque aún no hemos descubierto cómo podemos recrear ese espacio central.

En este punto parece adecuado recordar las palabras de W.B. Yeats en su poema “The Second Coming: “el centro ya no aguanta, los mejores carecen de toda convicción, mientras que lo peores andan llenos de una intensidad apasionada”. Y me temo que otra vez estamos yendo hacia un período como ese.

FB: En la carrera hacia el Brexit, creo que podemos deducir quiénes fueron los peores, pero ¿dónde estaban los mejores?, y más allá de esto, ¿podemos deducir algún análisis un poco optimista del resultado?

QP: Pienso que uno de los elementos positivos nos lo da la estructura de edad de las distintas opicones. Los votantes jóvenes están a favor de quedarse en la Unión Europea de manera abrumadoramente mayoritaria – permanecen abiertos, están a favor de la inmigración. Esto es muy interesante porque, por ejemplo, mi generación (yo nací en 1948) votó abrumadoramente a favor del Brexit. Es la gente mayor, que quiere retrasar las agujas del reloj. En mi opinión, esa es una respuesta absolutamente equivocada.

El problema está en que, de entre de la generación de los jóvenes, fueron muchos menos los que fueron a votar. Pero los que sí lo hicieron, votaron con una mentalidad abierta, y así, desde este punto de vista, no veo que el Brexit sea un golpe irreversible – se trata más bien de un grito de dolor de una generación más mayor, que se siente profundamente insegura. Pero, incluso si la generación más joven también se siente insegura, tienen una mentalidad abierta, y eso es lo  positivo.

FB: Y esta inseguridad de la que hablas ¿de dónde nos está viniendo? ¿A dónde nos está llevando?

QP: Parte de esta inseguridad viene de la transferencia de empleos manufactureros desde Occidente hacia China, India, América Latina – y hacia África también, en algunos casos. Y deberíamos estar “contentos” en Europa. Resulta irónico, pero en el pasado, los mineros del carbón lucharon por mantener sus puestos de trabajo, que están entre los más peligrosos y poco saludables que existen. ¿Debemos realmente seguir luchando por salvar esos empleos? Sin menospreciar que los mineros del carbón son gente de gran corazón, con un gran esprit de corps, verdaderamente solidarios. Así que estamos ahora esta situación tan irónica por la que nos encontramos luchando por unos empleos espantosos, cuando en realidad deberíamos estar celebrando que no tengamos que hacer estos trabajos durísimos nunca más. Pero en eso se basaba el modelo de la economía europea y estadounidense, y ahora nos encontramos en una fase de liquidación de ese modelo.

De esta manera, acabamos teniendo a Donald Trump – que no es que sea una de las personas mno es la respuesta adecuada  eofrece -sea leos ramos en un estado de desci¡omposiciMñerica es que esta vez es mucho mas somplejoás brillantes o más inteligentes que hayamos conocido – y que tiene esta visión simplista cuando afirma: “Si dejamos de importar productos desde China o México, conseguiremos repatriar nuestros empleos”. Y esto es perfectamente estúpido… y eso es lo más preocupante. Lo que se nos ofrece –sea Trump, o sea Brexit –  no es la respuesta adecuada para la gente que se siente más amenazada.

Trump representa lo peor del capitalismo – no paga sus impuestos, hace trampas, miente, se enriquece sin escrúpulos, se dedica al mundo de los casinos. De manera similar, ya vivimos el fenómeno Berlusconi en Italia – otra vez, el peor tipo de capitalismo. Y otra vez lo vemos en Rusia: no cabe ninguna duda de que Putin y sus colegas son parte de un sistema gigantesco y corrupto. Pero la gente, aparentemente, está satisfecha con votar por él. Y esto es lo que me preocupa: nuestra respuesta, para sanear el sistema, es votar por algunos de los personajes más turbios que existen.

FB: El impacto económico del capitalismo, con esta transferencia del poder económico desde Occidente hacia el Extremo Oriente está provocando deslocalización, inseguridad y resentimiento. Pero esta inseguridad va más allá de mera la economía, ¿no es cierto?

QP: Junto a estos cambios políticos y económicos, quizás lo que está influyendo es el más profundo de todos los cambios: el tecnológico. El mundo se ha desplazado radicalmente del lugar en que se encontraba habitualmente. La tecnología ha cambiado de una manera extrema todo lo que hemos estado analizando hasta ahora: la economía, la política.

En el Reino Unido, la gente que votó por el Brexit no fue necesariamente la gente perteneciente a las “clases trabajadoras blancas”. Ha sido un fenómeno mucho más amplio. Votó también un número considerable de gente de las clases medias, e incluso de las comunidades migrantes. Ha sido la gente que sintió que han sido atropellados por la economía y la tecnología.   

Estoy convencido de que estamos viendo una revolución tan dramática como la que vimos en el siglo XV, con la aparición de la imprenta, que destruyó el orden eclesiástico y sentó las bases para la guerra de los 30 años, que acabó devastando Europa. Si no vamos con cuidado, nuestra tecnología nos va a llevar por esa pendiente, otra vez.

FB: Pero no es sólo el entorno Europeo el que ahora preocupa. Tú pasaste varios años como corresponsal en Rusia… ¿cómo encaja este país en todo esto?

QP: Rusia es una historia trágica, pero es sobre todo una historia inacabada. Yo salí de Rusia en el 1991, justo antes del golpe contra Gorbachev, justo antes del colapso de la Unión Soviética. Pero incluso en el momento de mi partida, recuerdo que alguien me preguntó “¿cuánto tiempo pasará hasta que Rusia sea un “país normal”?, y yo dije, “dos generaciones”, un mínimo de cincuenta años...

¿Es esto responsabilidad de Putin? Él es una criatura del poder Soviético. Y se trata de una figura de transición, estoy convencido.

Como pasa en el Reino Unido, en Rusia podemos identificar esa psicología de un país que nunca se acostumbró al hecho de que perdió su imperio –pero a diferencia del Reino Unido, no era un imperio de ultramar, sino que se trataba de un imperio construido alrededor de sus fronteras. Es ésta una psicología imperial de la que es difícil deshacerse. Pero esta psicología debería acabarse… no aporta respuestas de futuro.

Aunque creo que van a pasar otros 30 años, por lo menos. Se trata de construir instituciones que estén abiertas y que sean transparentes. A diferencia de la Europa Central, que tuvo un breve momento de democracia entre las dos guerras mundiales, la tragedia en Rusia es que no existe ninguna tradición de ese tipo.

FB: Y finamente, tenemos a Donald Trump. ¿Puede ser que la democracia haya perdido su atractivo fundamental?

QP: ¿No resulta un drama que los dos países que han vivido, por así decirlo, las dos “revoluciones populistassean los dos países donde la tradición democrática parecía haber sido más fuerte: los Estados Unidos y el Reino Unidos? Ambos países estaban muy orgullosos de su tradición democrática.

Yo dría que en el Reino Unido, el voto por el Brexit es un coup d’état populista. No se trata de una mayoría (es solo el 36% del censo) pero acaba siendo un dramático coup d’état contra la democracia liberal parlamentaria.

Pero más dramático incluso que eso ha sido lo de Donald Trump en Estados Unidos. Se trata de una reacción absoluta.

FB: Es verdad: ¡dramático! Pero más allá del Brexit, y Trump, volvamos otra vez la mirada hacia Europa. ¿Cómo está capeando estos profundos cambios económicos, y tecnológicos, que vemos en nuestras sociedades?

QP: En Europa hay dos corrientes distintas. Por un lado, en Gran Bretaña, la generación más mayor nunca hizo suyo el “proyecto de paz” de Europa – de Europa solo se creyeron el proyecto económico. De manera absolutamente pragmática, desprovista de idealismo.

Por otro, en el continente, con toda certeza en Alemania y Francia, los miembros de la vieja generación son los buenos de esta película. Recuerdan por qué creamos la Unión Europea. Es la nueva generación la que no ha acabado de asumir el sentido de la historia. Son mucho más conscientes del mundo globalizado del futuro –y aún así, se sienten bastante inseguros. Lo veo con mis propios hijos – su generación cambiará de trabajo cada cinco años. En cambio, yo he trabajado en el mismo periódico durante cuarenta años, algo inimaginable hoy en día.

Además de todo esto, el populismo que vemos en Polonia y en Hungría resulta muy diferente del populismo que estamos viendo en el Reino Unido, en Francia o en Holanda. En los antiguos estados comunistas, yo creo que asistimos a un proceso de transición hacia la democracia. Mi argumento para explicar lo que ocurre en Europa del Este es que, si esos países no estuviesen en la Unión Europea, no actuarían así. Imaginémonos lo peligrosas que sus políticas podrían llegar a resultar, cómo resultarían una amenaza a sus países vecinos. Mientras tanto, siguen estando dentro de Europa, y quieren quedarse, porque es bueno para ellos. Pero al final, existe un límite a lo mal que pueden llegar a comportarse.

En mi opinión, lo que pasó es que hubieron dos cuestiones históricas, que tuvieron un gran impacto para el futuro de la Unión Europea: la reunificación de Alemania, y el “big bang” de la ampliación que siguió. De repente, habiéndose comportado como una gran potencia bastante reticente a ejercer como tal, Alemania se convirtió en la gran potencia dominante –por lo menos económicamente– y fue, al mismo tiempo, la gran defensora del “big bang” de la ampliación. Esto hizo las cosas mucho más complicadas, puesto que incorporó de pronto a mucha gente, y a muchas prioridades diferentes.

La historia de Europa es muy compleja. Llega un momento en que no debemos simplificar en exceso lo que ha ocurrido.

FB: Entonces, ¿qué soluciones ves para Europa, en su conjunto, a la hora de abordar la gran crisis a la que se enfrenta?

QP: Lo que tenemos que hacer es una reflexión muy seria sobre el espacio central de la política –porque es en el espacio común, del centro, donde la mayoría de la gente se encuentra. Vamos a ver a los viejos partidos empezar a resquebrajarse cada vez más, y todos debemos ir acostumbrándonos a un sistema donde hayan 5 o 6 partidos en cada país. Y, por otra parte, todos deberíamos dotarnos de un sistema donde exista una descentralización real del poder. Uno de los grandes logros de la Unión Europea es la creación de un paraguas europeo, lo que debería propiciar más descentralización. Así, deberíamos dejar que Cataluña y Escocia tengan una mayor independencia, integrándolos en una solución federal. Yo no tendría inconveniente en ver a un Reino Unido federal, en una Europa más federal.

No quisiéramos ver unas naciones-estado sobre-centralizadas. He vivido dos veces en Alemania, y debo decir que me parece que el sistema federal alemán es bastante exitoso. Claramente, el poder principal está en la capital, en Berlín, y sin embargo Angela Merkel siempre dirá: “Yo no puedo hacer nada sin haberme asegurado, no solo que los partidos políticos estén a bordo, sino que también lo están los estados federales, y también mis socios europeos”. Así es que, como político alemán, estás pensando continuamente en estos tres niveles: Europa, el Estado-nación, los estados federales, y luego el nivel local. Y en un mundo en que todo es global, es muy importante tener fuertes vínculos locales. Y creo que esta es una buena respuesta: una democracia con fuertes vínculos locales, sin que intente dominar lo nacional, pero que se construya desde lo local hacia el nivel supra-nacional.

La tragedia, Francesc, es que mis compatriotas han dicho: no queremos este nivel europeo. Yo creo que no están en su sano juicio.

FB: Quizás han sido inoculados con el viejo virus del nacionalismo, y tienen miedo de perder pie ante una sociedad cada vez más diversa y cosmopolita, que ellos no entienden, que no abrazan. Pero para finalizar, Quentin, como periodista, ¿dónde te parece que los medios se han equivocado, y cuál es el rol que te parece que deben jugar en todo esto?  

QP: Si, efectivamente, hay un rol importante para los medios en todo esto. Su poder se ha visto magnificado enormemente a través de internet y con la llegada de las redes sociales. Éstas han, de alguna manera, demonizado con éxito lo que aún seguimos denominando la “elite política”. Y yo, como tú, soy un periodista, Yo soy parte de esta elite política.

Nosotros, en los medios, nos demonizamos a nosotros mismos. Es un proceso de doble vía, pero los políticos, y los medios, han participado ambos en la alienación, en alejar a la gente del proceso político, y hemos identificado nuestra corrupción mutua. Si a la gente no le va mejor económicamente, y están viendo un proceso político donde hay corrupción, y además observan cómo el proceso financiero genera beneficios masivos, entonces..., entonces se produce una reacción. 

Ocurre algo similar en el mundo de los think tanks. ¿Cuál es su papel? Deberíamos estar generando buenos análisis, pero también pensamiento en profundidad, provocativo, y también honesto. Porque al otro lado, en internet, hay tanta basura, y tanta mitomanía espantosa. La democracia, sino es capaz de proporcionar buena información, no funciona.

Siempre les digo a los periodistas jóvenes, el mejor tipo de noticias no son las informaciones que hacen que la gente se reafirme en sus propios prejuicios. Muy al contrario, la buena información es la información que hace que la gente cuestione sus propios prejuicios: ése es el tipo de información que necesitamos. Hay, claramente, un rol importante a cjugar por parte de los medios digitales independientes que hagan su trabajh con rigor.

About the authors

Quentin Peel is an associate fellow with the Europe Programme at Chatham House. He joined the Financial Times in 1975. Between 1976 and 1994, he served successively as Southern Africa correspondent, Africa editor, European Community correspondent and Brussels bureau chief, Moscow correspondent, and chief correspondent in Germany. He was also foreign editor and international affairs editor from 1994 until 2010, and finally chief correspondent in Berlin until 2013.

Quentin Peel es investigador asociado del Programa Europa en Chatham House. Se incorporó al Financial Times en 1975. Entre 1976 y 1994, sirvió sucesivamente como corresponsal en África del Sur, editor de África, corresponsal en la Comunidad Europea y jefe de la oficina de Bruselas, corresponsal en Moscú, y corresponsal en Alemania. También fue editor de política exterior y editor de asuntos internacionales desde 1994 hasta 2010, y finalmente corresponsal en Berlín hasta 2013.

Francesc Badia i Dalmases is Editor of DemocraciaAbierta. Francesc is an international affairs expert, author and political analyst. His most recent book, "Order and disorder in the 21st century", has been published in 2016. He Tweets @fbadiad 

Francesc Badia i Dalmases es Director   y editor de DemocraciaAbierta.    Ensayista y analista político, es experto en asuntos internacionales.  Su libro más reciente, "Orden y desorden en el siglo XXI", ha sido publicado en 2016. Twitter @fbadiad


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