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La vía brasileña, o cómo enfrentar la alta inflación en Argentina

Aprender de la experiencia del Plan Real en Brasil podría ayudar a Argentina a salir del pozo de la alta inflación. English

Brasilia - Presidentes Mauricio Macri, de Argentina, y Michel Temer, de Brasil, durante la ceremonia de firma de Actos, en el Palacio do Planalto (Antonio Cruz / Agencia Brasil). Algunos derechos reservados.

Argentina viene padeciendo alta inflación alta desde hace mucho. En la década de 1990, la experiencia de la junta monetaria enseñó a las autoridades que las tasas de cambio fijo y la expansión monetaria no se llevan bien. Tras un traumático cambio de sistema, pareció que la inflación pedía una tregua, pero duró sólo un par de años - como puede verse en el gráfico 1. Volvieron los dos dígitos y la inflación en Argentina se disparó por encima del 20%.

Gráfico 1 – Inflación anual

Fuente: El fin de la inflación. Interpolación lineal para 2015 y 2016. Datos de WEO IMF; elaboración del autor.

Por si la inflación no fuese suficiente, desde la crisis financiera de 2008 el crecimiento de la economía argentina ha sido también decepcionante, lo que hace todavía más difícil lidiar con la alta inflación.

Gráfico 2 – Crecimiento real del PIB (%)

Fuente: Datos de WEO IMF; elaboración del autor.

Desmantelar la inflación requiere desplazar un obstáculo muy difícil: la inercia inflacionaria. Esto es algo que los brasileños saben muy bien.

Los pilares del Plan Real

Después de una sucesión de planes de estabilización fallidos, Brasil dominó la inflación mediante la elaboración de un plan - el Plan Real - que descansaba sobre tres pilares: tipos de cambio fijos, austeridad fiscal y reforma monetaria.

El razonamiento que había detrás del primer pilar era que, tras el proceso de apertura de la economía brasileña a finales de los años ochenta y principios de los noventa, un tipo de cambio fijo impondría disciplina de precios por la vía de un aumento de la competencia. Además, las importaciones más baratas también ayudarían a fomentar el crecimiento de los sectores de la economía que dependen de bienes de capital importados. Dado que se dejaban libres los flujos de capital, el papel de la política monetaria consistía en mantener el tipo de cambio. Así, cada vez que el capital amenazaba con irse, subían los tipos de interés para contener la amenaza.

Tras el contagio de tres crisis consecutivas (México en 1994-95, Asia en 1997 y Rusia en 1998), Brasil dio un giro hacia un tipo de cambio flexible, lo que hizo que los responsables políticos cosecharan algunas críticas en aquel momento. Algunos analistas piensan que se habían obstinado en mantener un tipo de cambio fijo durante demasiado tiempo, lo que impuso ciertas dificultades a la dinámica de la deuda cuando los tipos de interés alcanzaron el 40%. Otros reconocen sin embargo que, en ese momento, nadie sabía qué consecuencias tendría sobre la inflación dejar que se depreciara el tipo de cambio, y que el miedo al fantasma de la hiperinflación justificaba las acciones que se tomaron. Este es un debate que, incluso hoy, sigue vivo.

El segundo pilar consistía en impedir que el gobierno federal y los de los estados se comportaran como si no tuvieran restricciones presupuestarias y en echar el freno a la impresión de dinero como última opción cuando las políticas expansivas fuera de presupuesto excedían los ingresos públicos y al aumento de la deuda. La idea inicial era reducir gastos y aumentar impuestos. Sin embargo, dado que la austeridad fiscal en Brasil se centra tradicionalmente en esto último, hubo algunos recortes en el gasto público pero duraron poco, debido a la rigidez del presupuesto federal.

El tercer pilar era la reforma monetaria. El diagnóstico decía que la inercia inflacionaria la causaban i) la demora en los ajustes de precios y ii) la indexación. Si a esto se le añade un gramo de locura fiscal, se obtiene la receta perfecta de la hiperinflación. Los planes anteriores habían intentado hacer frente a la inercia inflacionaria congelando precios y librando una batalla de arriba abajo para desindexar la economía. El Plan Real tomó el camino opuesto: la indexación total. ¿Cómo? Dejando que dos monedas convivieran una al lado de otra.

La teoría económica dice que una economía no puede tener dos monedas a la vez. Una de las dos queda desechada. Sin embargo, si la introducción se hace paso a paso, puede funcionar. La nueva moneda, la Unidad Real de Valor (URV), se utilizó para nuevos contratos y la gente podía elegir libremente fijar precios en la nueva moneda o en la antigua. El valor de la nueva moneda se ligó al dólar estadounidense y se actualizaba diariamente. Por lo tanto, si usted fijaba los precios en URV, no tenía que preocuparse de que sus precios quedaran desfasados. Los incentivos eran los mismos para todo el mundo y al cabo de un tiempo toda la economía utilizaba la URV. Cuando ocurrió esto, la URV se convirtió en el Real. Fue este enfoque poco ortodoxo el que finalmente logró romper la inercia inflacionaria.

El Plan Real contenía otras varias medidas importantes, como las estrategias políticas, las reformas legales, las reformas financieras (por ejemplo, impedir que los bancos públicos ineficientes financiasen a los gobiernos de los estados), pero los principales pilares macroeconómicos son los tres que hemos mencionado.

Luchar contra la inflación con cambios flexibles en lugar de fijos

La principal lección que hay que sacar de la experiencia del Plan Real brasileño es que los políticos no deben temer decir la verdad a la gente. En lugar de imponer una determinada conducta para la fijación de precios, el Plan se publicitó y explicó exhaustivamente, para que los agentes pudieran elegir cómo comportarse y, una vez establecidos los incentivos, la gente se comportó en consecuencia. Si la gente entiende lo que está pasando, no sólo aumentan las probabilidades de éxito del Plan, sino que incluso se anticipan, con lo que disminuyen sus costes económicos. Así que, independientemente de lo que haya que llevar a cabo, la gente debe entender lo que se pretende. Mi propuesta es esta:

i)                               Un tipo de cambio flotante

A diferencia del Plan Real, dejaría flotar el tipo de cambio. Al principio, probablemente se dispararía, pero si se implementan las otras partes del Plan, esto no debería ser un problema durante mucho tiempo. 

Gráfico – Cuenta corriente (%PIB)

Fuente: Datos de WEO IMF; elaboración del autor.

ii)                               Austeridad fiscal

En una economía abierta con tipos de cambio fijos la austeridad fiscal resulta recesiva. Pero con un tipo de cambio flotante, esto podría no darse. Una vez superada la fase del tipo de cambio disparado, el nuevo nivel debería estimular las exportaciones netas, sobre la base de una política fiscal estricta. Es importante, sin embargo, recortar gastos en lugar de aumentar impuestos.

Gráfico 4 – Saldo primario (%PIB)

Fuente: Datos de WEO IMF; elaboración del autor.

iii)                               El Nuevo Peso

Los dos pilares anteriores son recetas más o menos convencionales. Un cambio de moneda no lo es. Creo que Argentina debería reproducir las medidas implementadas por el Plan Real en Brasil - cambio legislativo, anuncio de medidas, creación de un índice óptimo para contratos vigentes y obligatorio para los nuevos -, con lo que se abordaría el problema de la fijación de precios: ya que las empresas ajustan precios en distintos momentos, disponen de incentivos para aumentar precios incluso durante una recesión si consideran que han quedado obsoletos. Si todo el mundo fija precios en una Unidad de Valor Argentina, los precios relativos quedan automáticamente actualizados.

No sólo se ataja de esta manera la fijación de precios relativos, sino también la inercia inflacionaria. Si se eliminan los incentivos para cambiar los precios, se quiebra la espina dorsal de la inflación y la política monetaria tradicional debería ser entonces suficiente para controlarla. Tras un período de tiempo, toda la economía estará funcionando sobre la base de esta nueva unidad de valor. Y ese será el momento de introducir el Nuevo Peso. La confianza en la nueva moneda incrementará los resultados económicos.

Al poner fin a la inflación, aumenta la inversión y también el crecimiento a largo plazo. Si Argentina aprende de los errores brasileños, puede experimentar una transición suave, de una inflación alta a otra normal, y evitar una crisis monetaria. Además, podría poner las finanzas públicas de nuevo en una vía de sostenibilidad, atrayendo inversión extranjera - una fuente adicional de crecimiento.

About the author

João Ricardo Mendes Gonçalves Costa Filho is a lecturer of the Professional Master in Economics and Finance at the Sao Paulo School of Economics/Getulio Vargas Foundation (FGV) and professor of the Faculty of Economic at the Armando Alvares Penteado Foundation (FAAP) in Sao Paulo. He is also associate consultant at Pezco Microanalysis, Brazil.

João Ricardo Mendes Gonçalves Costa Filho é Professor do Mestrado Profissional em Economia e Finanças na Escola de Economia da Fundação Getulio Vargas (FGV) e professor da Faculdade de Economia da Fundação Armando Alvares Penteado (FAAP). Associado à Pezco Microanalysis.


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