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Lo que Venezuela nos dice acerca de la política exterior del Partido Laborista

En el Reino Unido, Venezuela se ve reducida a un ejercicio político de sumar puntos, mientras el país se hunde todavía más en un enorme desastre humanitario. (Artículo originalmente publicado en inglés el 30 de septiembre de 2017). English

 

Una semana después del debate que tuvo lugar este mes en el parlamento británico sobre Venezuela, el redactor político del Daily Mirror Kevin Maguire twitteó, como respuesta a un artículo sobre Yemen y Arabia Saudita, lo que sigue:

 "Y ni pío sobre el terror de un aliado del gobierno británico por parte de aquellos que pretenden preocuparse por Venezuela sólo para atacar a Corbyn". 

Aquí suceden varias cosas. Podría pensarse que se trata de una respuesta dirigida a personas como el miembro del Partido Conservador John Redwood.

Pero Maguire podría dirigirse también a representantes del Partido Laborista como Catherine West, Kevan Jones, Siobhan McDonagh y Mike Gapes, que han hecho preguntas en el parlamento sobre Venezuela, o como Graham Jones, que organizó el debate sobre Venezuela y es el responsable de que se haya creado un Grupo Parlamentario Inter-Partidos (APPG) y cuyo interés por América Latina es inveterado. 

En el trasfondo de sus comentarios planea la afirmación - errónea pero ampliamente difundida - de que Graham Jones creó el APPG sólo para dañar a Corbyn. 

Así que ¿atinaríamos si creyéramos que la única manera que tienen los partidarios de Corbyn, tanto en la blogosfera como en los principales medios de comunicación, para poder pensar en el desastre humanitario que está ocurriendo en Venezuela es a través del prisma Corbyn? ¿Y, de ser así, qué sucederá cuando esa burbuja de pensamiento se tope con la realidad?

"La policía está metida en ello" 

“Lo hacen sin pudor. Cada vez que se acercan a un micrófono. Cada vez que les enfoca una cámara. En cada rueda de prensa. Fuera y dentro del país. No importa el tema. Ya sea sobre la crisis hospitalaria, la escasez, la hiperinflación, la epidemia de asesinatos, la desaparición del dinero en efectivo, la ausencia de gasolina. Cualquier tema obvio y visible. Y, a pesar de eso, de lo irrebatible y manifiesta que es nuestra miseria, mienten. Dicen que la patria es cada vez más próspera, que el mundo nos envidia, que somos referencia y paradigma, que si por Dios fuera, nos plagiaría para diseñar el paraíso terrenal a imagen y semejanza de Venezuela. Se ponen grandilocuentes y pomposos. Retóricos y cursis. Citan a Bolívar hasta el desfallecimiento. Mienten cuando hablan de guerra económica y conspiraciones universales. Mienten para sentirse libres de culpa. Mientras tanto, la gente, el ciudadano común, el mismísimo pueblo, busca sobrevivir entre los escombros de un país arruinado y saqueado por los insignes prohombres de la revolución". Son palabras del escritor venezolano Leonardo Padrón.

Ivor Heller reside en el sur de Londres y es el director del club de fútbol Wimbledon AFC. Su pareja, Lisa, es venezolana. Tiene familia en Venezuela, seis hermanas, y Heller lleva tiempo escuchando la "avalancha continua de mensajes inquietantes" que recibe su pareja a través de angustiosas llamadas telefónicas. 

A la familia de una de sus hermanas, "gente común de clase obrera", unos delincuentes le obligaron a abandonar su casa en la que llevaba viviendo 30 años. Lo perdieron todo. A la pregunta de si antepusieron una denuncia, Heller suelta una carcajada: "¡Pero si la policía está metida en ello!" 

Llamó una sobrina. No comía desde hacía tres días. Estaba angustiada porque su esposo no aparecía tras haber ido a protestar por la entrada de las fuerzas de Maduro en la ciudad, "disparando a diestro y siniestro".

Los familiares de Lisa se están muriendo de hambre. Heller ha visto las fotos en las que se evidencia su pérdida de peso y también las de las enormes colas para conseguir alimentos. Habla de otra sobrina, a la que asaltaron y apuñalaron. La tasa de asesinatos en el país es de espanto. La razón por la que se vieron únicamente imágenes diurnas de las protestas callejeras es porque la gente teme salir por la noche.

Otra londinense venezolana, que pide no ser nombrada para no perjudicar a sus familiares, habla de "gente que se está comiendo los asnos salvajes en Paraguana" y de "hoyos gigantes, del tamaño de un coche,  en las carreteras". Ha tratado de ponerse en contacto con su padre, para tener información que darme, pero los cortes de energía lo han impedido. Me habla de Venezuela antes de 2014, año en que ella dejó de regresar al país. Mucho antes de que cayera el precio del petróleo, visitar el país ya era, según ella, "demasiado peligroso", había una "pérdida absoluta de seguridad" y "un montón de ancianos viviendo encerrados en sus casas, aterrorizados. Te podían robar en cualquier momento, a punta de pistola, y a muchos miembros de mi familia les había ocurrido esto”. El chavismo estaba ya en decadencia, había "trenes abandonados, inflación escandalosa, graves escaseces alimentarias, secuestros cotidianos, playas contaminadas, basura en los campos, empresas privadas que cerraban, sólo había productos de marcas globales porque Venezuela había dejado de fabricar cosas". Ella había escuchado "historias desgarradoras de personas que perdieron sus hogares y los negocios que llevaban años trabajando para levantar – no quedó nada”. Más recientemente, me dijo, "se prohibió beber alcohol en Semana Santa" y, ahora, "hay disponible una gran abundancia de narcóticos". 

Joaquín Villalobos, ex-guerrillero salvadoreño convertido en consultor para la resolución de conflictos, relataba en el periódico El País: "En medio del caos, el poder que han adquirido los grupos criminales es increíble".

Estos son algunos titulares sobre Venezuela de las últimas dos semanas: 

Una ONG denuncia que al menos 8 presos han muerto por desnutrición en Venezuela en lo que va de año

Cáritas: el 41% de los venezolanos se alimentan de los resíduos de los mercados.

Dos tercios de los autobuses de Caracas están parados por falta de piezas de recambio..

Escasean el 85% de los medicamentos en Venezuela, entre ellos antibióticos infantiles. Los bancos de sangre están prácticamente colapsados

FAO: hay 4,1 millones de personas con desnutrición en Venezuela.

"La angustia por la inanición es mucho más intensa que nuestras disputas partidarias"

Ivor y Lisa apoyan a la organización benéfica británica Healing Venezuela. La pareja ha enviado dinero para que un pariente suyo pueda ir a Colombia a buscar comida, pero se dan cuenta de que lo que pueden hacer es muy limitado. Así que Ivor se puso en contacto con su diputada, Siobhan McDonagh, diciéndole: "El tormento de escuchar a los miembros de mi familia en tal angustia es indescriptible, nos sentimos impotentes". McDonagh decidió entonces reunirse con un grupo de venezolanos-británicos en un restaurante venezolano en Merton, al sur de Londres. Estuvo con ellos dos horas y media y se fue, según Heller, "con temblor de piernas" por lo que había escuchado. Una mujer llevó con ella a la reunión a su madre, que había logrado salir de Venezuela. La anciana era, dice Heller, "un saco de huesos".

El 5 de septiembre McDonagh habló en un debate en el Parlamento del Reino Unido sobre Venezuela y dijo: "Tuve la oportunidad de conocer a miembros de la comunidad [venezolana] hace quince días... Su ansiedad y angustia ante el hambre y el asesinato de sus familiares es mucho más intensa que nuestras disputas parlamentarias y de partido". 

McDonagh habló del residente en su circunscripción y vecino suyo, Marifel, cuyo hermano es cirujano y trabaja en un hospital venezolano. "Marifel me mostró una foto de su hermano sosteniendo una antorcha para poder llevar a cabo una operación debido a los apagones". Marifel le explicó que "los pacientes tienen que traerlo todo consigo, desde sábanas hasta guantes quirúrgicos y antibióticos. Las máquinas de rayos X no funcionan y tampoco los simples aparatos para tomar la presión sanguínea". 

McDonagh terminó su intervención con estas palabras: "Hay 5.000 ciudadanos británicos-venezolanos en nuestro país que esperan que nuestro parlamento, nuestros partidos y nuestros parlamentarios muestren liderazgo y preocupación por ellos y por sus familias. Espero que podamos demostrar eso en el día de hoy". 

El ministro del Interior, Alan Duncan, estuvo presente en el debate. Pero era patente y notorio que ninguno de los que han defendido fervorosamente al Chavismo en el parlamento estaban allí, como señaló Graham Jones al editor del diario The Morning Star en el programa the Daily Politics. ¿A qué se debe que aquellos que echan espuma por la boca ante el "cambio de régimen" y la omnipotente CIA no aprovechasen la oportunidad para poner en entredicho a los supuestos co-conspiradores, o sea al gobierno británico?

Es extraño también que cuando se denuncia a Venezuela como símbolo del fracaso del socialismo bolivariano, nadie hable de Bolivia, donde la revolución bolivariana todavía está en marcha, su economía va bien, los ciudadanos pobres están mucho mejor y no hay escasez de alimentos. La trayectoria no es perfecta pero, por ahora, es buena. 

La izquierda casi nunca menciona a Bolivia (salvo Owen Jones, quien sí la mencionó cuando rompió brevemente su silencio sobre Venezuela, y también el diputado del  Partido Nacional Escocés (SNP) Martin Docherty que la sacó a colación en el debate). Por lo general, no es un meme izquierdista gritar '¡Bolivia!' cuando surgen acusaciones contra Venezuela, porque mencionar una economía "socialista" de América Latina que está funcionando implica que el desastre de Venezuela no tiene nada que ver con la CIA, ni con los "traidores económicos", ni con los barones del petróleo. Señalar el éxito de Bolivia implica que los problemas venezolanos son culpa del régimen venezolano cuyo gasto, a diferencia del de Bolivia, ha sido tal que el precio del petróleo tendría que haber sido poco menos que 200 dólares/barril, cerca del doble de su pico, para sostenerlo. 

Como explicó Francisco Toro en el Washington Post: "Resulta que la diferencia entre Bolivia y Venezuela no tiene nada que ver con etiquetas ideológicas abstractas, sino con la prudencia fiscal". 

Un argumento que se escucha muy a menudo (Helen Goodman echó mano de él en el Parlamento) es el de echar la culpa de las dificultades económicas de Venezuela exclusivamente a la caída del precio del petróleo, algo que simplemente no es cierto. Como si la actual situación humanitaria fuese el resultado de un desastre natural impredecible y no de las políticas del régimen.

¿Cuáles son las reglas que rigen? 

Otro tema del tweet de Maguire que se remachó en la Conferencia del Partido Laborista fue que triangular y golpear a Arabia Saudita vende. 

La Secretaria de Asuntos Exteriores del Partido Laborista, Emily Thornberry, dijo en la Conferencia que estamos presenciando "el mayor desafío al orden mundial desde los años treinta con el colapso de la Sociedad de Naciones". Expresó su apoyo a "lo que Jeremy llama... “un mundo basado en reglas y leyes” y agregó que "este es el momento en que, más que nunca, necesitamos que nuestros líderes luchen por ese orden mundial... e insistan en trabajar por la paz a través de las Naciones Unidas". 

¿Reglas?

En su discurso, Thornberry mencionó once veces a Arabia Saudita, una vez a Siria, una vez a Venezuela – y ninguna a Rusia. Su partido prohibió la asistencia a la conferencia de Arabia Saudita y Sudán por sus "crímenes de guerra”, pero no a Rusia, que los estaba cometiendo en Siria el mismo día de su discurso (ni a Myanmar, por cierto). 

Señalar a Arabia Saudita (y no podían hacerlo más claramente) es popular. Pero, ¿de qué ‘reglas’ estamos hablando? ¿Las que resulta que coinciden exactamente con la agenda de Stop The War Coalition (STWC)?

La corrupción mata a la gente tanto como una bomba que se vende a las fuerzas armadas sauditas. “La desnutrición en Venezuela es un problema de corrupción, no de falta de dinero", declaraba al Financial Times Maritza Landaeta, directora de la Fundación Bengoa, un centro benéfico de atención sanitaria con sede en Caracas. Y resulta que el Reino Unido es uno de los factores clave de los altísimos niveles de corrupción de la ‘Boliburguesía’, los nuevos ricos que creó Chávez, a través de nuestra regulación financiera famosa por su laxitud y nuestros paraísos fiscales como el de las Islas Vírgenes.

Pero esto no es de lo que quiere hablar Thornberry, una antigua cheerleader de Chávez. Prefiere hablar de los sauditas y de bombas. Pero el suyo es un “retorno a la diplomacia” algo hueco, ya que la exclusión de Arabia Saudita llevó a que la Liga Árabe cancelara un evento previsto en la Conferencia. 

Hablar de la ONU como un vehículo para la paz – y ya no digo como único vehículo – es por supuesto jugar a una política para entendidos en relación a Irak. Es un juego apto sólo para los que han estado dormidos los últimos seis años ante lo que sucede en Siria, Crimea y Myanmar.

En cuanto a Venezuela, la ONU es irrelevante. Lo que está en marcha allí es un proceso, algo torpe, cuyo objetivo es conseguir arrastrar al régimen a una mesa para entablar conversaciones significativas, en el que están involucrados el Vaticano, España, la UE y el Grupo Lima (la mayoría de países de América Latina más Canadá), ­además de los últimos aliados que le quedan a Venezuela.

El Grupo Lima ha instado al gobierno venezolano a actuar "de buena fe" en unas conversaciones con la oposición en la República Dominicana. Pero el gobierno está jugando a hacer trucos y a medrar. Se centra en buscar reconocimiento para su “Asamblea Constituyente” con la que pretende reemplazar a un parlamento que no le convenía.

El Parlamento de la UE ha aprobado sanciones específicas a Venezuela por 10 votos a 1. Dichas sanciones podrían aprobarse el 19 de octubre. Canadá, por su parte, ya las ha impuesto. Y Estados Unidos, con el Presidente diciendo una cosa y las agencias haciendo otra, está metido hoy en un auténtico lío, reconocido mundialmente, acerca de Venezuela.

Hay dos países de la UE que tienen objeciones con respecto a las sanciones: Portugal y Grecia – aunque los griegos se están ya inclinando a aceptarlas. Se dio una situación semejante con las sanciones a Rusia y, al final, toda los estados miembros de la UE las sancionaron. 

Imagínense a un gobierno Corbyn ocupándose de estos desafíos.

El propio Corbyn se ha opuesto a las sanciones contra Rusia. También ha dicho varias veces que no defendería a miembros de la OTAN que estuvieran siendo atacados y lo hizo de nuevo en la Conferencia de este año. 

Corbyn y Thornberry provienen ambos del entorno de las campañas de Solidaridad con Cuba/Solidaridad con Venezuela/Stop The War Coalition y evitan mezclarse con los que no están de acuerdo con ellos. Esto sucedió en 2014 con la "Revolución de la Dignidad" en Ucrania, cuando las fuerzas de izquierda occidentales ignoraron a las ucranianas y personas como Corbyn hablaron de que se estaba “provocando” a Rusia. Sucedió también con los sirios y la campaña de Stop The War Coalition, y de nuevo con los sirios y la reciente Conferencia laborista. Y sucede ahora con Venezuela, a cuya oposición se califica de fascista. Los socialistas de la región, incluso los que trabajaban para Allende, están siendo ignorados (véase Luis Almagro, ex canciller socialista del Uruguay, ahora jefe de la Organización de Estados Americanos, y su reciente informe sobre Venezuela). También son ignorados los izquierdistas venezolanos que residen en Europa y que atacan a los "revolucionarios de salón" y los "portavoces del régimen". Y lo mismo sucede con los anarquistas venezolanos que condenan al régimen y a las organizaciones de derechos humanos.

Ya vale de “declaraciones oficiales”

La "declaración oficial" del Partido Laborista (como la calificó Emily Thornberry) sobre Venezuela no fue más que un mejunje ensimismado elaborado en silencio y destinado meramente a desviar posibles ataques - a disponer de algo con que rebatirlos y mostrar que "sí, hicimos algo".

En el debate del parlamento, varios diputados laboristas hicieron justamente eso cuando los conservadores se metieron con Corbyn, aunque no tenía relación alguna con lo que habían manifestado durante el debate. Por ejemplo, cuando la ministra de Relaciones Exteriores del gabinete laborista en la sombra, Helen Goodman, condenó las elecciones "fraudulentas" (a la Asamblea Constituyente) – a pesar de que la "declaración oficial" del Partido Laborista no condenaba dichas elecciones.

La "declaración oficial" del Partido Laborista está totalmente desconectada de lo que dicen los miembros de sus partidos hermanos en la región, como el canciller chileno Heraldo Muñoz, antiguo colaborador de Salvador Allende. No menciona la crisis humanitaria. No pide la liberación de los presos políticos. En mi opinión, no pide nada.

Quizás haya quien le encuentre significado a este extraño párrafo, yo no: "El Presidente Maduro también debe responder personalmente a las preocupaciones legítimas de la comunidad internacional sobre el carácter cada vez más autoritario de su gobierno y las crecientes dificultades que enfrenta su pueblo". 

¿Responder personalmente? 

Lo que el Partido Laborista piensa realmente se podría adivinar también a través de lo que dijo Helen Goodman en el debate parlamentario, cuando criticó a la oposición venezolana (que es extremadamente amplia e incluye a ex chavistas como la ex Fiscal General Luisa Ortega Díaz). Goodman cuestionó incluso que deban entablarse conversaciones entre el gobierno y la oposición. 

Y el ministro en la sombra Chris Williamson ha salido en todos los medios de comunicación defendiendo al régimen. Los periodistas simplemente no están preguntando lo que deberían preguntar, como por ejemplo: "¿Apoya usted las posibles sanciones de la UE y las que Canadá acaba de imponer? ¿Por qué no le pide usted a Nicolás Maduro que libere a los presos políticos? Y ¿por qué no ha condenado, como lo ha hecho su colega Goodman, las "elecciones fraudulentas" que acaban de celebrarse?" 

Todo ello crea un ambiente en el que personas como Kevin Maguire pueden permitirse insultar desenfadadamente, y sin que ello conlleve consecuencia alguna, no sólo a parlamentarios, sino también a personas como Ivor y Lisa y Marifel, y al pueblo de Venezuela. Como si todo lo que importase, para el Partido, no es esta enorme crisis humanitaria, sino la protección del líder del Partido. 

Escucho decir, una y otra vez, que a los votantes simplemente no les preocupan los temas de política exterior. Pero si de lo que vas a empezar a hablar es de una "política exterior ética", entonces deberías esperar que te hagan preguntas sobre aquellos detalles de esa política que preferirías pasar por alto.

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El autor agradece la colaboración de Bob De Brockley.

 Nota: Tras la publicación de este artículo, la Embajada de Venezuela en el Reino Unido respondió al autor. Hemos publicado su respuesta aquí

About the author

Paul Canning is a writer who lives in London. He tweets at @paulocanning and blogs at paulocanning.blogspot.com

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