democraciaAbierta: Opinion

América Latina necesita una Revolución Democrática Verde

Un populismo verde podría ser la base de un nuevo tipo de política en América Latina

Rodrigo Echecopar
2 noviembre 2021, 11.24pm
Un cargamento de madera deforestada en la Amazonía peruana
|
Alamy Stock Photo

Con la crisis climática emergiendo como el próximo gran desafío global, muchos líderes progresistas de economías avanzadas han abogado por un Green New Deal, que cambiaría la política económica y redistribuiría la riqueza. En el Sur Global, sin embargo, la centralidad de una transformación verde todavía es cuestionada.

Algunos argumentan que estos países deberían centrarse en problemas sociales urgentes como la pobreza, la vivienda o la atención médica antes de enfrentar la crisis climática, mientras que otros creen que el movimiento climático puede apaciguarse con compromisos políticos limitados.

Pero estos puntos de vista ignoran el poder que puede tener una Revolución Democrática Verde tanto para desafiar el modelo neoliberal como para guiar una transformación política centrada en la igualdad y el bienestar.

Una estrategia de izquierda populista centrada en una Revolución Democrática Verde es una forma de lograrlo, especialmente en América Latina y el Sur Global. Para lograrlo debe entrelazarse con una perspectiva feminista e internacionalista.

Hacia un populismo verde

El populismo se utiliza a menudo como un término despectivo para descartar estrategias políticas alternativas. Por un lado, centristas acusan de populista a todo lo que desafíe al establishment o se posicione fuera del actual marco neoliberal hegemónico. Por otro lado, algunos en la izquierda creen que el populismo es solo una estrategia de comunicación que se usa como un atajo para ganar las elecciones mientras se evita el trabajo a largo plazo de construir relaciones duraderas con las organizaciones sociales. Ninguno de estos puntos de vista considera seriamente el populismo, lo que limita nuestra capacidad para discutir estrategias políticas alternativas.

Para Chantal Mouffe, el populismo no es un atajo, sino una estrategia política a largo plazo

Tal como lo desarrollaron Chantal Mouffe y Ernesto Laclau a partir de su histórica 'Hegemonía y estrategia socialista', el populismo es una estrategia política que establece una frontera política entre dos grupos con intereses opuestos y busca derrotar al otro dentro de las instituciones democráticas. Mouffe desafía la visión racionalista que domina la teoría democrática actual y sostiene que las identidades políticas están determinadas por afectos comunes. Es decir, por pasiones dentro del dominio político que dan forma a nuestras identidades políticas.

En otras palabras, el populismo no es un atajo, sino una estrategia política a largo plazo que reconoce el papel de los afectos en la construcción de una mayoría social y política resiliente que pueda desafiar los intereses e instituciones hegemónicos. Entonces, ¿qué ventajas presenta hoy el populismo como estrategia política?

Primero, proporciona las herramientas para construir una coalición de luchas sociales interconectadas pero diversas, basadas en valores e ideas compartidas. Actualmente, los conflictos políticos van desde problemas de larga data sobre los derechos de los trabajadores hasta la escalada de enfrentamientos ambientales y movimientos feministas masivos. El liderazgo político progresista debe apuntar más allá de la tradicional dicotomía marxista capitalista-proletariado y ayudar a tejer un hilo común entre estas diversas luchas, situándolas en oposición a quienes se benefician de la actual estructura de poder.

Esto no solo es ventajoso desde el punto de vista electoral, sino también políticamente necesario. El papel de los partidos políticos de izquierda no se agota en ganar elecciones, sino que deben politizar los conflictos sociales y extender las categorías de opresión más allá de la clase.

En otras palabras, el papel del liderazgo político no es solo ser buenos marineros que leen correctamente la dirección del viento y posicionan su barco hacia una victoria electoral. Los proyectos políticos de izquierda tienen un papel a largo plazo. Deben ayudar a desarrollar un espejo en el que la sociedad pueda verse a sí misma, permitiendo que los grupos oprimidos identifiquen de dónde provienen sus aflicciones y cómo se asemejan a las opresiones de otros grupos sociales.

Una estrategia política populista puede ayudar a dar forma a la manera en que las luchas sociales se ven a sí mismas dentro del panorama social y político, conduciendo hacia una coalición contrahegemónica resistente y eficaz.

Una estrategia política populista proporciona espacio para desafiar al establishment sin caer en corrientes anti-sistema despolitizadas

La segunda ventaja es que, a diferencia de la perspectiva liberal dominante, el populismo se basa en fundamentos socialistas y reconoce que la política no es solo una competencia electoral de propuestas de políticas públicas. Es una lucha que se libra en diferentes frentes, donde un programa de transformación social debe enfrentar los intereses arraigados en muchas de las instituciones del establishment y la élite gobernante. Una estrategia política populista proporciona espacio para desafiar al establishment sin caer en corrientes anti-sistema despolitizadas que abundan en la política actual.

Pero con todo esto en mente, ¿cuál debería ser el núcleo de una estrategia populista hoy?

Una revolución democrática verde

En los últimos años, el aumento de los fenómenos meteorológicos extremos, desde el aumento de la temperatura media hasta las inundaciones, sequías, tormentas y pérdidas de biodiversidad, ciertamente exige una respuesta radical. Los países del Sur Global tienen menos recursos para adaptarse y, en muchos casos, están expuestos a consecuencias más graves de la emergencia climática.

Muchas de las luchas, el malestar social y los movimientos sociales de hoy están directamente relacionados con la crisis ambiental. Las protestas climáticas se han convertido en algunas de las más masivas en las principales ciudades del Sur Global, reuniendo a jóvenes y activistas climáticos contra las políticas gubernamentales que no reconocen la emergencia climática.

Las comunidades locales devastadas por las industrias extractivistas, como las 'zonas de sacrificio' en Chile, o aquellas que enfrentan el desalojo de agricultores locales para crear plantaciones de soja a gran escala en Brasil, han creado algunas de las resistencias más duras a las políticas neoliberales y han reunido el apoyo de variados sectores de la sociedad. Finalmente, las comunidades indígenas de toda América Latina llevan décadas luchando contra un paradigma económico que destruye sus tierras e ignora su propio concepto de bienestar.

Un movimiento ecologista populista puede ayudar a tejer un hilo común que une estas diversas luchas, juntando a diferentes generaciones, sectores urbanos y rurales, y comunidades indígenas detrás de un proyecto político anti-neoliberal común.

Además, el movimiento verde también tiene el poder de desafiar uno de los pilares de la hegemonía neoliberal actual: la necesidad de crecimiento económico ilimitado. Los movimientos ecológicos abogan por una economía centrada en el bienestar humano, rechazando el crecimiento económico desenfrenado impulsado por la depredación excesiva, el consumo ilimitado y la contaminación dañina.

Una perspectiva verde puede ayudar a cambiar las preguntas dominantes en las discusiones de política económica, pasando de "¿Genera crecimiento?" a "¿Aumenta el bienestar humano de forma sostenible?"

Una Revolución Democrática Verde abarca una gama más amplia que el ambientalismo: el feminismo y el internacionalismo

Este giro puede ayudar a cambiar el enfoque actual de los progresistas. Desde arrebatar derechos limitados de las fauces del statu quo económico neoliberal a diseñar instituciones y políticas que desarrollen un sistema económico y social que tenga como objetivo aumentar el bienestar humano, no el lucro.

El potencial de una perspectiva verde para unir diferentes grupos sociales y desafiar los pilares del neoliberalismo muestra por qué puede convertirse en la pieza central de una estrategia política populista progresista. Sin embargo, una Revolución Democrática Verde abarca una gama más amplia de luchas sociales que el ambientalismo, a saber, el feminismo y el internacionalismo.

Feminismo e internacionalismo

Los feminismos, como motor esencial del cambio político y social, pueden ayudar a conectar diversas luchas en una narrativa de igualdad más amplia dentro de una Revolución Democrática Verde.

Los movimientos feministas, especialmente en América Latina, han crecido constantemente en tamaño, influencia y politización. Se han centrado principalmente en temas de violencia de género, derechos reproductivos y políticas de cuidado. Algunas luchas feministas, como la defensa de la responsabilidad social del cuidado, se traslapan con las demandas de los movimientos ambientalistas. Ambos comparten una crítica a la teoría económica hegemónica actual del valor, que se centra exclusivamente en el PIB, ignorando una perspectiva que reconozca valores democráticos, como el papel social de reproducir la vida.

Los feminismos han proporcionado un poderoso impulso a las sociedades para abrazar la igualdad real

En otras palabras, pueden ser aliados en la defensa de un sistema centrado en el bienestar y la responsabilidad social en lugar de una economía de consumo extractivista y en constante crecimiento.

Los feminismos también han proporcionado un poderoso impulso a las sociedades para abrazar la igualdad real. Por ejemplo, muchas protestas contra la violencia de género en países de América Latina han denunciado la hipocresía de la igualdad formal ante la ley, que ignora el hecho de que el patriarcado está arraigado en muchas de nuestras instituciones. Otros grupos oprimidos, como las víctimas del racismo, las comunidades migrantes o los pueblos indígenas, también experimentan a diario los límites de la igualdad formal y pueden reconocerse en ese hilo común.

Finalmente, muchos de los conflictos sociales de hoy se sitúan dentro del complejo marco de lazos comerciales, financieros y políticos internacionales que conforman nuestra globalización neoliberal actual. Por eso, cualquier desafío serio al neoliberalismo debe apuntar a desarrollar nuevas políticas regionales y globales que reacomoden los cimientos del sistema económico internacional.

La emergencia climática es una brújula poderosa para una nueva perspectiva internacionalista

El internacionalismo progresista debe ir más allá de la solidaridad electoral e impulsar políticas regionales y globales que rechacen las prácticas de empresas multinacionales que explotan las bajas tasas impositivas, la falta de derechos de los trabajadores y los recursos naturales.

La emergencia climática es una brújula poderosa para una nueva perspectiva internacionalista, basada en la idea de “responsabilidades comunes pero diferenciadas” que ha sido reconocida globalmente desde la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 1992. Esta brújula puede ayudar a repensar y exigir instituciones económicas globales que prioricen la sostenibilidad junto con la redistribución hacia el Sur Global.

El establecimiento de un impuesto corporativo mínimo internacional más alto (y su expansión hacia los impuestos sobre el patrimonio), la liberación de las patentes de vacunas y la demanda de transferencia de tecnología para la transición verde deberían ser objetivos principales de las plataformas políticas progresistas. Aunque en el pasado las estrategias populistas se han apoyado en encender un espíritu nacional, es poco probable que hoy desarrollen una mayoría social y política resistente sin apuntar también a los cimientos internacionales del sistema neoliberal actual.

Vía alternativa

América Latina tiene una de las poblaciones indígenas más grandes del mundo, movimientos sociales ambientales fuertes y diversos y una economía principalmente extractivista. También es la región más mortífera del mundo para los defensores ambientales. Lejos de ser necesidades no esenciales, una Revolución Democrática Verde, entrelazado con una perspectiva feminista e internacionalista, tiene el potencial de resonar en muchas luchas sociales y convertirse en una piedra angular a largo plazo para una política transformadora.

También puede consolidarse como una brújula para la necesaria integración latinoamericana y una cooperación más amplia del Sur Global para desafiar el marco global neoliberal actual.

Los partidos progresistas en América Latina tienen la oportunidad de desarrollar una narrativa y una estrategia que revelen las conexiones entre el ambientalismo, la desigualdad, los derechos indígenas, el feminismo, el activismo por los derechos humanos, las luchas LGBTIQ+ y de los migrantes, entre otros.

Una Revolución Democrática Verde podría convertirse en un camino alternativo hacia la igualdad sustancial, más cercana al concepto de bienestar desarrollado por los pueblos indígenas latinoamericanos que a la senda de extractivismo y consumo ilimitado importado desde el Norte Global.

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