El Salvador, como varios países de Centroamérica y el mundo, se encuentra en una situación limítrofe a la tragedia al enfrentar una pandemia bajo las inmensas fallas estructurales cimentadas por siglos de explotación ambiental y humana. Quedan pocas alternativas cuando se han tenido regímenes dictatoriales, guerra civil y apertura de la democracia representativa partidaria: O participación ciudadana democrática o un regreso a la dictadura.
La crisis política salvadoreña antes de la pandemia
El Salvador tiene registros históricos importantes en cuanto a la evolución hacia una democracia relativamente naciente. Apenas en 1992 finaliza una guerra civil de 12 años, se abre el espectro ideológico para representatividad partidaria en elecciones libres, y se comienza un duro capítulo de amnistías sociales y penales y liberalismo económico que afectaron a la mayoría de la población con sendos procesos de privatización, establecimiento de grupos criminales y redes de corrupción, teniendo a la migración forzada como última expresión de búsqueda de supervivencia y dignidad.
Todo esto y más, ha sucedido con partidos políticos representantes de la guerra civil, y que en 30 años, tuvieron el poder Ejecutivo, sin poder resolver los principales problemas estructurales del país: pobreza y desigualdad, degradación ambiental, violencia e irrespeto a derechos humanos, entre otros. Este desgaste, y otros factores de incidencia, generaron la alternancia en el poder con la victoria presidencial de Nayib Bukele en junio de 2019.