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Covid-19: Fronteras, aislamiento social y vulnerabilidad de los derechos humanos

Desde luego que la salud importa, pero ¿de qué sirve la seguridad de nuestra entidad física si se deterioran los derechos humanos de nuestra entidad política común? English

Covid-19: Fronteras, aislamiento social y vulnerabilidad de los derechos humanos
Venezolanos esperan el Bogotá la llegada de un autobús que los llevará de vuelta a la frontera. | Imagen: Daniel Garzon Herazo/NurPhoto/PA Images
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Estamos asistiendo a una repentina aceleración sísmica de las fronteras. Esta aceleración se despliega no sólo a lo largo de las fronteras nacionales, sino dentro de ellas: entre estados y provincias, alrededor de las ciudades, residencias de ancianos, edificios de apartamentos, hospitales, cruceros, apartamentos, cuerpos - dos metros, para ser precisos. Los espacios de confinamiento proliferan a medida que nuestros cuerpos se convierten en islas. Pero ningún hombre es una isla, como dice el famoso poema de John Donne, y continuamos, interconectados pero socialmente distanciados.

Y sin embargo, para muchos, estos espacios de confinamiento no son nuevos. La aceleración de la frontera continúa las tendencias que estaban en marcha antes del impacto de la Covid-19: el endurecimiento de la seguridad, la expansión de los espacios confinados y la criminalización de la movilidad. Las personas encarceladas, ya sea que estén confinadas por los barrotes de las prisiones estatales o de los centros de detención, se cuentan entre las más vulnerables al coronavirus.

Décadas de disertaciones sobre la globalización, la integración mundial y el transnacionalismo denmandan ahora un giro abrupto. Debemos hacer una pausa. Esto no es ni una especulación ni un argumento, sino una llamada a hacer preguntas y a plantear preocupaciones. Las preguntas cruciales determinarán nuestro futuro colectivo. ¿Qué nuevas formas de frontera vamos a vivir? ¿Cuánto tiempo intentarán los gobiernos preservar su nuevo estatus de isla?