En Brasil, la cuarta democracia más grande del mundo, el 85% de los miembros del Congreso son hombres y el 76% son blancos, lo que deja a las mujeres y a las personas de color subrepresentadas de manera drástica. La riqueza promedio declarada de un congresista es de 3,6 millones de reales (US $ 880.000), con un 49,7% que posee más de 1 millón de reales (US $ 240,000), lo que lo ubica en el 0.1% superior de la población, mientras que el 27% vive en la pobreza.
No por casualidad, en muchos otros países se encuentran niveles similares de desigualdades políticas. La forma en que nuestros sistemas políticos se construyen y operan hoy reproduce y refuerza las injusticias y los desequilibrios estructurales, y esto se debe en gran medida a la forma en que funcionan las elecciones, basadas en reglas y dinámicas que favorecen a los candidatos procedentes de entornos privilegiados.
Este es el enfoque de ¿De quién es la democracia? Un estudio sobre desigualdades y elecciones en Brasil , que acaba de ser publicado por el Instituto Update y fue desarrollado con el apoyo de la London School of Economics and Political Science y el Atlantic Institute (disponible aquí solo en portugués). Basado en una extensa revisión de la literatura y entrevistas en profundidad, el informe explora cuáles son los factores más relevantes relacionados con la desigualdad que hacen que sea difícil o imposible para las mujeres, las personas negras y las personas de bajos ingresos postularse para la legislatura y ser elegidos en el país, y señala siete dimensiones principales del desarrollo de candidaturas en las cuales las desigualdades afectan significativamente las perspectivas electorales.