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La Covid-19 y la injusticia de la vida en las favelas y periferias urbanas de Río de Janeiro

"Una vez más, la población de las favelas y las periferias está sujeta a una superposición de diferentes tipos de violencia que, desde nuestro punto de vista, deben ser enfrentados", afirma el equipo de FASE en Río de Janeiro. English Português

FASE Rio de Janeiro
24 April 2020
13 de abril de 2020 - Río de Janeiro, Brasil - Para suplir la ausencia de los funcionarios de salud del Estado, los residentes de la favela de Santa Marta, en Botafogo, en el sur de Río, se reúnen para limpiar sus casas en la favela.
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Ellan Lustosa/Zuma Press/PA Images

En pocas semanas, la población de las favelas y periferias de Río de Janeiro han visto al gobernador Wilson Witzel (del conservador Partido Social Cristiano) proyectarse en la escena política nacional con cierto grado de sensatez en su respuesta a la pandemia de Covid-19 si comparado con la posición de Jair Bolsonaro. Contrariando las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el presidente brasileño ha estado presente, desde el inicio de la crisis sanitaria, en diferentes actos públicos, saludando a las personas sin ningún tipo de protección y minimizando los riesgos del coronavirus.

Es innegable la importancia de las decisiones tomadas por el gobernador de comunicar a la población sobre los riesgos para la salud derivados de la Covid-19 y, posteriormente, de tomar medidas legales para limitar el tránsito entre el interior del estado y la región metropolitana. Sin embargo, cuando observamos los cortes en el presupuesto público del estado queda claro, una vez más, su desprecio por la población más vulnerable que es la que más necesitará de las políticas sociales y de renta mínima, especialmente delante de la emergencia de salud.

Ante la excepcionalidad generada por la alarma, Witzel restringió considerablemente el presupuesto en medio a la pandemia, afectando directamente los gastos sociales vinculados a vivienda o educación. Merece la pena mencionar también el recorte de 7,6 mil millones de reales realizado en el presupuesto bajo la justificación de la disminución del precio del barril de petróleo y de la necesidad de reorientar el presupuesto para enfrentar la Covid-19.

El Fondo de Vivienda de Interés Social del Estado, por ejemplo, perdió un 29% de su presupuesto, que incluso podría usarse para mejorar las condiciones de urbanización y habitación de las favelas. Lo que salta a los ojos es que, a excepción del área de salud, el único sector que no ha estado sujeto a restricciones del presupuesto ha sido el de Seguridad Pública (Policía Civil y Militar, Defensa Civil, Departamento de Bomberos y el Programa “Policía Presente”). La elección de dónde quitar y dónde invertir el presupuesto en estos tiempos lo aleja, por lo tanto, de cualquier “sensatez” e ilustra más bien la política genocida de su gobierno.

Para la población de las favelas y periferias, tales medidas ya tienen consecuencias directas. Siendo una población compuesta principalmente por personas negras, cuyos vínculos laborales formales son raros y cuya supervivencia está garantizada mediante la inserción laboral en el sector de servicios, precario, intermitente e informal; las medidas para contener la epidemia han tenido ya un impacto brutal en su condición de subsistencia.

Un ejemplo es el derecho al transporte, ya que se hizo necesario demostrar una relación laboral formal para tomar los trenes y autobuses interurbanos. Hubo una superposición de violaciones de derechos, ya que el embarque de las estaciones de tren y autobús se llenaron y se formaron largas filas, exponiendo aún más los trabajadores al riesgo de contagio. Otro impacto negativo fue la disminución del ingreso familiar de los residentes de estas áreas, quienes, obligados por las regulaciones estatales y municipales de aislamiento social, viven en una situación de extrema necesidad.

La pandemia, por lo tanto, ha hecho visible el aspecto más cruel de vivir en una ciudad tan desigual como Río de Janeiro: aquellos que se quedan con los peores efectos de la Covid-19 son aquellos que ya no tienen habitualmente acceso a los derechos.

Sin salud, agua y "aislamiento social"

Mucho antes que la pandemia llegara a las favelas y a las periferias, la precarización de los servicios de salud en estos territorios ya era una realidad. La lógica neoliberal, que guía la gestión de los servicios públicos, ha desmantelado la “Compañía Pública Rio Salud” en los últimos años. En su lugar, emergieron las denominadas “Organizaciones de Salud Social” (OSS), que operan a través de una asociación público-privada.

La pésima calidad de la atención sanitaria ofrecida por las Unidades de Atención de Emergencia (UPAS por sus sigas en portugués, Unidades de Pronto Atendimento) no deja lugar a dudas.

La lentitud de las autoridades y a la falta de respuestas a los más pobres y a la población más vulnerable a Covid-19 se suman el sentimiento de abandono ya conocido por la población de las favelas.

Otro ejemplo de la negación del derecho a la salud a las poblaciones de las favelas de Río de Janeiro ocurrió en el año 2019, cuando el alcalde de la ciuad Marcelo Crivella redujo drásticamente los equipos de los esenciales Centros de Salud Familiar, Salud Oral y Salud Familiar (NASF), retrasando también los sueldos de lose empleados vinculados a estos equipos.

Como consecuencia, los profesionales de la salud llamaron a una huelga que, a pesar del mantenimiento de 30% los servicios mínimos, afectó directamente a la población negra y pobre, que tiene en el Sistema Único de Salud (SUS) su única posibilidad de acceder al derecho a la salud. En línea similar, no podemos olvidar que a nivel federal, la Propuesta de Enmienda a la Constitución (PEC) 95/2017 congeló la inversión pública por los próximos 20 años.

De esta manera, a la lentitud de las autoridades y a la falta de respuestas a los más pobres y a la población más vulnerable a Covid-19 se suman el sentimiento de abandono ya conocido por la población de las favelas.

En lo que atañe a la imposición del aislamiento social y la higiene básica de las manos como medida preventiva, la realidad de las favelas, periferias y ocupaciones urbanas impone enormes retos. Hablamos de casas con solo una habitación, sin ventilación, donde el uso del espacio suele ser realizado por muchas personas y donde las personas mayores viven con jóvenes, adultos y niños.

En otras palabras, el aislamiento social en las favelas es inviable, tanto desde el punto de vista de la vivienda como desde del punto de vista de las formas de vida que, a diferencia de las clases medias y altas, tienen la costumbre de expandir la casa más allá de sus paredes. Sobre la necesidad de "lavarse las manos", la pregunta sin respuesta es: ¿con qué agua? El derecho al agua no es una realidad para muchos habitantes de barrios marginales y periféricos. No es en vano que en estos lugares las casas suelen tener más de un depósito de agua, como medida para tratar de convivir con el suministro intermitente y precario. Allí, reservar agua es una cuestión de supervivencia.

Alternativas que vienen de adentro

Ante las pocas acciones gubernamentales dirigidas a las poblaciones de las favelas, la propia población se ha movilizado, empezando a crear alternativas para enfrentar la proliferación de la Covid-19. Estas acciones se basan en diversos frentes, tales como compartir y compilar información sobre prevención y síntomas; recolección de donaciones para la compra de alimentos y materiales de limpieza; medidas educativas sobre la importancia del racionamiento del agua; monitoreo de personas consideradas como pertenecientes al “grupo de riesgo”.

En las favelas del “Complexo do Alemão”, por ejemplo, se están tomando medidas para recolectar canastas de alimentos y donaciones de alcohol gel y jabón. Además, también se llevan a cabo varias acciones para sensibilizar a los habitantes sobre la importancia del aislamiento social y de la higienización de las manos. Dichas acciones se llevan a cabo por medio de automóviles con altavoces y carteles pegados en el territorio. Debido a la falta de servicios de saneamiento y salud, esta favela está sufriendo con el precario suministro de agua.

Con eso, buena parte de la población no sólo ha tomado medidas para ahorrar agua, sino también para compartirla. En estos casos, la solidaridad emerge en tiempos de caos.

Según Raull Santiago, periodista residente en el “Complexo do Alemão”, se creó una "oficina de crisis comunitaria" con el objetivo de desarrollar la conciencia sobre la salud entre la población, buscar recursos para enfrentar la pandemia y presionar los gobiernos para que actúen en las favelas asegurando condiciones básicas para la prevención frente a la Covid-19.

Más que el miedo a la pandemia, existe el temor de que, en nombre de la Covid-19, todo pueda usarse como justificación para la suspensión de derechos.

A su vez, en otras favelas como las existentes en el “Complexo da Maré”, la población utiliza la radio local para difundir información de prevención. Como forma de llegar al máximo posible de personas, incluso el funk ha sido utilizado como herramienta de sensibilización. Los habitantes también están grabando videos que impulsan campañas de información comunitaria sobre el Covid-19, bien como canales y grupos de WhatsApp para contestar a dudas y facilitar ayudas de apoyo mutuo.

Ya en la favela de “Manguinhos”, dos movimientos populares activos en este territorio, el “Foro Social de Manguinhos” y las “Madres de Manguinhos”, lanzaron conjuntamente una campaña en sus redes sociales para recibir canastas de alimentos y kits de limpieza, como una forma de colaborar con los habitantes que están en el paro o en situaciones más vulnerables.

En todas estos lugares, los habitantes cuidan de manera colectiva a los ancianos y hacen un monitoreo de sus necesidades para que no tengan que abandonar sus hogares. Los voluntarios y los colectivos están en contacto constante con las unidades de salud para actualizar la información y las medidas que se pueden tomar para la prevención. Y, a pesar de la brecha digital y de las dificultades para acceder a internet por parte de la población de las favelas, las redes sociales han sido una herramienta importante para difundir información y combatir las fakenews, tan difundidas en Brasil en estos momentos.

En la región de la “Baixada Fluminense”, del conurbano de Río de Janeiro, destacamos la articulación "#CoronaNaBaixada", que reúne a unos 100 líderes sociales y organizaciones para combatir la proliferación del coronavirus y construir propuestas para enfrentar la crisis en ese momento. En su "Carta Manifiesto", esta iniciativa denuncia que todavía no existe una acción coordinada entre los municipios de Baixada y el gobierno del Estado y presionan para la realización de testes en pacientes con síntomas del coronavirus.

En este momento, más allá de la crisis sanitaria, experimentamos la sensación de incertidumbre sobre las condiciones mínimas de subsistencia. Para quienes viven en las favelas de Río de Janeiro, más que el miedo a la pandemia, existe el temor de que, en nombre de la Covid-19, todo pueda usarse como justificación para la suspensión de derechos. La violencia por parte de las fuerzas de seguridad del Estado, la precariedad de los servicios de salud y de saneamiento son preocupaciones centrales.

Una vez más, las poblaciones de las favelas y de las periferias están sujetas a una superposición de varios tipos de violencia que, en nuestra opinión, deben ser visibilizadas y combatidas. En el momento en que existe una disputa ideológica entre "salvar vidas" versus "salvar la economía", es esencial defender los principios sociales que guiaron la construcción del estado de bienestar. Aunque éste no sea ni de lejos una realidad en un país como Brasil, la defensa de los derechos es estratégica para disputar la gramática política actual.

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