democraciaAbierta: Opinion

Evo Morales: la caída del héroe de la transformación boliviana

Los éxitos de Evo Morales en Bolivia serán recordados para siempre - pero la izquierda también debe aprender de sus errores. English Português

Nick Dearden
15 November 2019
El presidente boliviano, Evo Morales, habla en una conferencia de prensa en la ciudad de El Alto, Bolivia, el 10 de noviembre de 2019.
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ABI / Agencia de Noticias Xinhua / PA Images. Todos los derechos reservados

La renuncia del presidente de Bolivia Evo Morales pone fin a una etapa increíble en la historia de Bolivia. Morales, que fue agricultor de coca y el primer presidente indígena del país, llegó al poder durante una ola de protestas y sofisticadas movilizaciones populares. Su gobierno redujo la pobreza y la desigualdad y elevó la calidad de vida de millones de personas.

Si estos logros hubiesen ocurrido en un país bajo la tutela del Banco Mundial y del FMI, Bolivia hubiera sido aclamada como un milagro del desarrollo, en lugar de ser considerado un país opuesto implacablemente a la doctrina neoliberal de esas instituciones.

Al mismo tiempo, Morales cometió graves errores. En particular, concentrar el poder entorno a sí mismo y ajustarse a algunos de los intereses más profundos de las élites de Bolivia. Esto significa que, si bien Bolivia hoy se encuentra mejor que en 2005, antes de la primera victoria de Morales, también es un país muy inestable, atenazado por una crisis política que podría haberse evitado.

Luchando contra la pobreza

Evo Morales asumió el cargo en enero de 2006. Fue electo tras de algunas de las movilizaciones más inspiradoras contra la globalización corporativa, particularmente, las famosas “guerras del agua”, que consiguieron expulsar del país a la empresa Bechtel después de que, en el año 2000, viviese una catastrófica privatización del sistema de agua en la ciudad de Cochabamba.

Morales fue el primer presidente proveniente de la importante minoría indígena de Bolivia, y el primero que no representaba a la pequeña pero poderosísima elite blanca del país. Su elección hizo que gran parte de Bolivia sintiera que había ejercido realmente por primera su derecho al voto. Con un fuerte movimiento detrás de él, y habiendo ofrecido posiciones en el gobierno a los líderes del movimiento, se puso a trabajar en la transformación del país más pobre de América Latina. A ello le ayudaron los otros líderes de la “marea rosa” en el resto de Latinoamérica, entre ellos Hugo Chávez en Venezuela, Néstor Kirchner en Argentina y Luiz Inácio 'Lula' da Silva en Brasil.

Los logros de Bolivia fueron impresionantes, incluso para los estándares de América Latina en la década del 2000. La economía del país ha crecido a un ritmo constante de 4.9% por año - una cifra increíble para un país acostumbrado al alto endeudamiento y dependiente de los préstamos extranjeros. El PIB per cápita real creció en más de un 50% al cabo de 13 años, el doble de la tasa de crecimiento para América Latina y el Caribe, y todavía hoy Bolivia tiene el mayor crecimiento del PIB per cápita en América del Sur.

Pero el crecimiento económico a menudo dice poco sobre el desarrollo humano, y acostumbra a ir de la mano de aumentos en la desigualdad, e incluso, de la pobreza. En Bolivia, gracias a las políticas de Morales, las cosas fueron diferentes, y el crecimiento económico benefició a los más pobres. La pobreza se redujo de 60% en 2006 al 35% en 2017. La pobreza extrema se redujo a menos de la mitad - del 38% al 15%.

Esto se logró a través de la inversión pública y la redistribución masiva de la riqueza. La tasa de desempleo de Bolivia se redujo casi a la mitad (de 7.7% a 4.4%) para el año 2008, e incluso después de la crisis económica de 2008, este parámetro no cambió mucho. Por otra parte, el salario mínimo mensual se triplicó. Se hicieron cambios enormes en el sistema educativo, brindando educación a tiempo completo a muchas más personas. Se hicieron transferencias sociales beneficiando a millones de bolivianos pobres, especialmente a los jóvenes, lo que ayudó a mantener a los niños en las escuelas, y proporcionar dignidad a los ancianos.

Transformando la economía

Si otros gobiernos hubieran alcanzado un éxito económico de estas dimensiones, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional lo estarían gritando a los cuatro vientos. Pero Morales supo ver el desastroso papel que ambas instituciones habían jugado en la historia de Bolivia. Y lejos de seguir sus consejos, declaró la independencia de estos agentes de endeudamiento, de la austeridad y del ajuste estructural, y rechazó un nuevo acuerdo crediticio.

En lugar de seguir la “lógica del mercado”, Morales financió sus programas con una combinación de nacionalización y apropiación pública, impuestos a las grandes empresas y un enfoque en la reducción de la deuda interna combinado con altos niveles de inversión nacional. Esto incluyó un programa de “desdolarización” para romper con la dependencia de la economía de Bolivia de los dólares importados, que no permitía al gobierno usar la política monetaria para beneficiar a los bolivianos en lugar de beneficiar al capital internacional.

Todas estas políticas eran anatema para el Banco Mundial y el FMI. De hecho, el centro de estudios CEPR en Estados Unidos investigó el asesoramiento del FMI a Bolivia. Desveló que la institución había aplaudido las políticas fallidas del gobierno anterior – sin ocultar su perplejidad por que “un país reconocido por tener uno de los mejores historiales de reforma estructural en América Latina haya experimentado un crecimiento lento per cápita, y no haya hecho prácticamente ningún progreso en la reducción de las medidas de pobreza basada en los ingresos.”

La pobreza se redujo de 60% en 2006 al 35% en 2017.

Al no aprender nunca de sus errores, el FMI se opuso firmemente a las políticas que Morales iba a implementar, expresando su “‘oposición a cualquier tipo de nacionalización o, incluso, a cualquier mínimo intento de aumentar el control gubernamental sobre los recursos de hidrocarburos’, un instrumento que fue clave en las políticas de Morales.

De hecho en 2007, Morales anunció que se retiraba del Centro Internacional para el Arreglo de Diferencias Relativas a Inversiones del Banco Mundial (CIADI), un sistema de arbitraje que permite a inversores extranjeros – que utilizan acuerdos de inversión – demandar a los gobiernos por tratarlos “injustamente”. Bolivia ya había sido el blanco de este sistema en varias ocasiones, incluso por la multinacional Bechtel Corporation, que tomó medidas contra Bolivia después de que se revirtió la privatización del sistema de agua de Cochabamba.

La demanda de Bechtel por $ 50 millones contra Bolivia resultó mucho más cuantiosa que la inversión que habían hecho en el país, y se infló de forma masiva con las estimaciones de pérdidas, lo cual es una práctica común en este tipo de arbitrajes.

Morales percibió a estos tribunales corporativos como una seria amenaza a sus planes para controlar las multinacionales de hidrocarburos y para utilizar la riqueza en el beneficio de su pueblo. Por consiguiente, Bolivia se convirtió en el primer país del mundo en retirarse del CIADI.

Morales, como otros líderes de la “marea rosa”, creía que un país como Bolivia no podría transformarse si seguía bajo las leyes neoliberales de la economía global, que continúa apropiándose descaradamente de la riqueza que produce la tierra y la gente de los países más pobres. Tampoco existía un solo Estado en el mundo que pudiera enfrentarse a la economía global por su cuenta.

Países como Bolivia sólo podrían desarrollarse de verdad mediante la creación de nuevas instituciones que pusieran los derechos de los latinoamericanos por delante de los privilegios del capital internacional. Bolivia jugó un papel clave en la construcción del área de comercio alternativo, de una moneda y un banco central. Y aunque estas instituciones a menudo se mantuvieron inacabadas, sí consiguieron crear las únicas alternativas serias a la integración global neoliberal de los últimos 40 años.

Los errores

A pesar de estos logros, el gobierno de Morales cometió errores - y los errores empeoraron con el paso del tiempo. La propia Constitución que puso en marcha Morales, un documento innovador en muchos aspectos, prohibió que un presidente pudiera servir más de dos términos. Pero en 2014, argumentó que su primer mandato no contabilizaba como parte de esos términos, ya que precedía a la Constitución. Y este año se postuló para un cuarto mandato, una vez que la Corte Constitucional boliviana le permitió ignorar los límites del mandato presidencial. Morales sólo elevó su petición a la Corte después de perder un referéndum que convocó para revocar los límites de los mandatos presidenciales, y que perdió estrepitosamente.

Pablo Solón, ex colega de Morales, y su embajador en la ONU, cree que estos problemas comenzaron desde el principio, a causa de la buena – pero errónea – intención de incluir líderes de movimientos sociales en el partido y en el gobierno de Morales, mientras el poder giraba cada vez más alrededor de su persona y era menos capaz de tolerar la crítica.

Los reclamos de irregularidad electoral en las pasadas elecciones, por profundos que puedan ser, sugieren un menor interés en la rendición democrática de cuentas. El director del Centro para la Democracia, Jim Schultz, cuya ONG de izquierda fue atacada por el gobierno de Morales, se muestra fuertemente crítico frente al cierre de los espacios democráticos en Bolivia.

Vio la necesidad de romper con las instituciones neoliberales y construir una forma diferente de integración con los demás presidentes de la “marea rosa” en América Latina.

Mientras escribía sobre las recientes elecciones, Schultz aseguró que establecer que lo que está pasando en Bolivia es simplemente un “golpe de Estado” o una historia de “imperio vs gobierno radical”, es una simplificación muy grande y no ayuda a aquellos que realmente quieren construir un tipo de sociedad diferente. De hecho, él dice que eso es muy peligroso: “así es como comienzan las guerras civiles”.

Pero la decadencia del compromiso con la democracia crea un problema más profundo - una mayor contemporización del programa económico de Morales con el neoliberalismo. Como dice Pablo Solón, refiriéndose a Morales:

“Una vez obtuvo la mayoría absoluta [en el Congreso], no profundizó en el programa original que teníamos, sino que optó por buscar pactos con sectores de la oposición, basados en serias concesiones, en particular en el sector agroindustrial de las tierras bajas de la región Este, que habían saboteado su gobierno durante su primer mandato. Estas concesiones incluyeron de todo, desde permitir los organismos genéticamente modificados hasta la promoción de biocombustibles, el impulso a la exportación de carne, y prescindir de la regulación de las funciones socioeconómicas de los terrenos medianos y de escala industrial, lo que permitió a los grandes propietarios mantener la propiedad de las tierras.”

Si bien los recientes incendios del Amazonas en Brasil fueron muy bien documentados y apuntaron acertadamente al papel específico del líder ultraderechista Bolsonaro, pocos periodistas reportaron incendios similares provocados en la amazonía boliviana. Mientras que Morales reconoce explícitamente el cambio climático como una amenaza para la humanidad, su cercanía a la agroindustria le llevó a introducir políticas relacionadas directamente con la deforestación devastadora.

Mientras las exportaciones de hidrocarburos, minerales y productos agrícolas pueden jugar un importante papel en el desarrollo de un país como Bolivia si son adecuadamente reguladas y tributadas, el tamaño y la dependencia excesiva de estos sectores se ha convertido en un obstáculo para la democratización y la diversificación de la economía, y deja al gobierno en conflicto con grupos - como los indígenas pobres - que deberían ser sus principales beneficiarios. Una concesión reciente de 70 años para la exportación de litio a Alemania fue recibido por protestas masivas cuando las comunidades locales descubrieron cuán bajo sería el pago de regalías.

Esta crisis política en marcha ha sido explotada al máximo por la derecha en Bolivia, incluyendo a líderes derechistas internacionales como Trump y Bolsonaro, por todo el continente americano.

Lo que viene ahora en Bolivia seguro será peor que con Morales. Pero esto no significa que el gobierno de Morales deba quedar libre de responsabilidad por sus errores. La crisis se ha venido gestando desde hace mucho tiempo, y se pudo haber evitado con políticas diferentes.

Ahora, ¿dónde encontrar esperanza? Al mismo tiempo que ha vuelto a surgir una derecha vigorosa en toda América Latina, también se ha levantado una nueva ola de movimientos populares y protestas en las calles, en oposición a estos líderes neoliberales y fascistas. Las movilizaciones masivas en Chile son la manifestación más evidente de estos movimientos, pero la derrota de Macri en la reciente elección en Argentina, y la escala de los movimientos sociales que resisten frente a Bolsonaro en Brasil, también nos da mucha esperanza , al igual que el poderoso movimiento indígena en Bolivia.

Esa esperanza no comienza en los gobiernos, sino en la fuerza y ​​la independencia del movimiento social- que fue lo que dio poder a la “marea rosa” en primer lugar. Como comenta Pablo Solón: “Tenemos que construir y reconstruir algo diferente, y aprender de nuestros errores.”

Nunca debemos olvidar los grandes éxitos de los gobiernos de Morales. En menos de 15 años en el poder, logró mucho más de lo que la mayoría de los países pueden conseguir, precisamente porque vio la necesidad de romper con las instituciones neoliberales y construir una forma diferente de integración con los demás presidentes de la “marea rosa” en América Latina.

Pero a medida que se desvanece el optimismo con estos gobiernos, y que los movimientos sociales regresan a las calles para volver a combatir a los gobiernos de derecha que regresan nuevamente, recordemos también los errores de Morales. De no hacerlo, no podremos construir algo mejor y más fuerte.

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