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Más allá de las malas noticias, existen historias de bondad humana

Hay algo de verdad en la representación mediática de la situación actual en Venezuela. Sin embargo, falta contar muchas historias de solidaridad y compasión humana. English

Marianna Belalba Barreto Felipe Caicedo Otero
10 April 2019
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Busca “Venezuela” en internet, o fíjate en la cobertura mediática de los acontecimiento en el país suramericano, y seguramente te encontrarás con titulares sobre una nación asolada por una crisis catastrófica.

Millones de ciudadanos sin comida, dinero, o derechos huyen hacia la frontera o se quedan en casa, hundidos en la miseria.

Este enfoque, que pone el acento en historias de represión estatal, censura mediática, y ataques contra defensores de derechos humanos, ha llamado la atención sobre esta nación rica en petróleo, ahora bajo los focos de la atención mundial.

Naturalmente, hay algo de verdad en esta representación de la situación en Venezuela. Pero está lejos de ser una representación del todo adecuada.

Falta contar muchas historias de solidaridad y compasión humana; de venezolanos ordinarios que donan comida y medicinas a los más necesitados, de historias que inspiran solidaridad, de las redes de apoyo que se están tejiendo y que reciben poca atención en un escenario de tanta polarización, pero que pese a todas las adversidades no dejan de defender libertades fundamentales y derechos humanos.

Luis Carlos Díaz apareció en los noticiarios por motivos predecibles. Este periodista venezolano y activista de derechos digitales fue detenido en marzo pasado en Caracas por las autoridades, mientras volvía a su casa en bicicleta.

Nadie sabía lo que le había pasado. Horas después de que su mujer denunciara su desaparición, a las 2:30 de la madrugada, agentes del SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional) lo llevaron a su piso, esposado.

Durante un registro de su casa, Luis Carlos habló brevemente con su mujer Naky Soto mientras las autoridades confiscaron aparatos electrónicos, dinero, y otras pertenencias.

Entonces, lo llevaron al tristemente famoso “Helicoide”, una cárcel y centro de tortura para presos políticos y represaliados.

Luis Carlos es muy conocido en Venezuela e internacionalmente por su trabajo para promover y proteger la libertad de expresión y el uso de redes digitales. En un país donde el acceso a la información fiable se ha hecho cada vez más difícil, Luis Carlos y Naky se han convertido en las fuentes de información de calidad de referencia, para muchos que quieren entender lo que pasa en Venezuela y que luchan por conseguir datos fiables y de calidad.

Mientras el gobierno avanza en el cierre de espacios para inhibir el flujo libre de información, Luis Carlos y muchos otros contraatacan, compartiendo estrategias para evitar la censura y creando plataformas para compartir información crítica que no se vean afectadas por restricciones ni amenazas.

Pero el misterio alrededor del paradero de Luis Carlos llamó tanto la atención, que al final las autoridades se vieron obligadas a revelar su ubicación. El tsunami de hashtags en defensa del periodista no se detuvieron allí.

Fue este trabajo suyo, y la gran comunidad que se ha desarrollado on-line y off-line lo que ha convertido la historia de Luis Carlos en un sorprendente ejemplo del poder del hashtag y de la acción colectiva.

La gente se movilizó a través de las mismas herramientas digitales y plataformas para las que Luis Carlos trabajó tanto.

Después de que se llevaran preso desde su casa a Luis Carlos en la madrugada, su paradero era desconocido. En pocas horas, el hashtag #DondeEstaLuisCarlos empezó a ser trending topic en Twitter, generando múltiples tweets y retweets.

En la campaña del Estado venezolano para reprimir el movimiento pro-democracia, resulta ya habitual detener a activistas durante días sin revelar su paradero, ni su estatus legal.

Pero el misterio alrededor del paradero de Luis Carlos llamó tanto la atención, que al final las autoridades se vieron obligadas a revelar su ubicación. El tsunami de hashtags en defensa del periodista no se detuvieron allí.

Cientos de miles de seguidores en internet exigieron su libertad a través del hashtag #LiberenaLuisCarlos, que pronto se convirtió en trending topic en Venezuela, urgiendo a varias organizaciones internacionales y nacionales y unirse a la campaña, incluso la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet. En las calles, la gente se unió delante del edificio del fiscal general en Caracas para denunciar esta detención arbitraria.

En un drástico giro de los acontecimientos, el periodista y activista fue liberado 24 horas más tarde. Las autoridades habían intentado fabricar cargos criminales, vinculando a Luis Carlos al colapso del sistema nacional de electricidad, que dejó el país sin energía durante 5 días.

Las primeras palabras de Luis Carlos tras ser liberado celebraron el “poder de las redes” como motor directo de su libertad. Después twitteó:

El tweet de Luis Carlos plantea un tema fundamental: en un entorno represivo, donde los derechos se encuentran constantemente amenazados, ¿cómo pueden conectarse redes de personas como las que se juntaron para conseguir la libertad del periodista? ¿Cómo podemos contribuir, como activistas, a historias de acción colectiva de éxito?

Esta semana, cientos de líderes de la sociedad civil, activistas, y miembros de movimientos sociales del mundo procurarán responder estas preguntas cuando se encuentran en Belgrado para la Semana Internacional de la Sociedad Civil, un encuentro global para conectar la sociedad civil, debatir, y crear soluciones compartidas a los problemas más urgentes del mundo.

El temario de la conferencia es ‘El poder de la unión’, y pretende explorar las potenciales de la acción colectiva como la que defendió Luis Carlos y su derecho a la libertad de expresión.

Según CIVICUS Monitor, un plataforma en internet que rastrea las amenazas a la sociedad civil por el mundo, el 96% de la población mundial vive en países donde en espacio para la sociedad civil está cerrado, y donde los derechos a la libertad de expresión y a la asamblea pacífica no son respectados.

Mientras la represión del activismo pacífico sigue siendo una cuestión crítica para la sociedad civil mundial, es necesario reconocer, celebrar, y aprender de los muchos casos de éxito de la acción ciudadana.

A pesar del incremento de la represión gubernamental, hay una miríada de historias de personas que se apoyan y se ayudan.

La esperanza es que estas narrativas salgan a la luz para conectarnos a todos, e inspirar más actos de solidaridad, compasión, y acción colectiva. Esta puede ser la respuesta a la pregunta retórica de Luis Carlos, ¿cómo hacer que se conozcan buenos amigos?

Este artículo ha sido producido en alianza con CIVICUS en el contexto de la Semana Internacional de la Sociedad Civil 2019, en Belgrado, Serbia.

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