democraciaAbierta

Los próximos cien años - un tributo a Agnes Heller

Es un error pensar que el autoritarismo es un eco del pasado. Representa una amenaza que es parte integrante de los tiempos en que vivimos.

Anthony Barnett
Anthony Barnett
30 August 2019
Agnes Heller en el Festival de Filosofía de Colonia, Alemania, en mayo de 2016.
|
Thilo Schmülgen/PA. Todos los derechos reservados.

Acaba de morir Agnes Heller. Fue una destacada y prolífica filósofa humanista europea, decidida adversaria del totalitarismo que encarna Viktor Orbán. Nos ha dejado a los 90 años, plenamente activa hasta el final, tras darse un baño en el lago Balaton en su Hungría natal. El New York Times ha publicado una breve y acertada necrológica.

Su espíritu vital brilla en esta corta entrevista en YouTube en la que, entre otras cosas, Heller responde a la pregunta de cómo vivir una buena vida, explica cómo la mercantilización de la educación socava la necesaria cultura democrática, y describe el conflicto entre democracia y totalitarismo como algo que viene existiendo "desde el comienzo de la modernidad". Es bastante erróneo, afirma, ver el autoritarismo como una evocación del pasado. La amenaza que representa es parte integrante de los tiempos en que vivimos.

Conocí a Agnes Heller en 1976, cuando mi primer viaje a Budapest. Y el año pasado descubrí encantado que ambos estábamos en la gran manifestación que recorrió la ciudad en protesta por la reelección de Orbán. Me puse en contacto con ella para tratar de concertar una reunión. Ella me respondió por correo electrónico:

Querido Anthony, ¡qué pena!

Mañana por la mañana tengo una cita con mi oculista que no puedo posponer.

Hace mucho que no te veo, pero recuerdo los viejos tiempos...

Yo también estuve ayer en la manifestación; una especie de bálsamo para nuestras heridas.

No perdamos de nuevo contacto. Ahora que tengo tu número de teléfono, puedo llamarte la próxima vez que esté en Londres.

Mis mejores deseos para los dos.

Quisiera despedirme ahora de Agnes retomando una pregunta que no acerté a hacerle hace cuarenta años.

Primero, tal vez, debería explicar por qué "los dos", en referencia a mi pareja, ahora mismo profesora emérita. En los años 70, en nuestros viajes por Europa central, visitamos a John Berger y Anya Bostock, que le escribieron a una amiga suya: "Le he dado tu número y dirección a... Anthony Barnett y Judith Herrin... Parecen niños pero son inteligentes e interesantes".

Así es, pues, cómo debimos parecerles a Agnes Heller y a su marido Ferenc Feher en 1976 cuando fuimos a Budapest y llamamos al timbre de su apartamento.

La enervante lucha contra el totalitarismo comunista se había vuelto absolutamente insoportable. Agnes y Ferenc seencontraban entonces de lleno en unas larguísimas negociaciones para poder salir del país rumbo a Australia.

Nosotros llegábamos de la Rumanía de Ceausescu. Allí, sentimos miedo por la calle hablando con disidentes. En Budapest, en cambio, el ambiente era de moderado desdén. Todo el mundo se daba cuenta de que el régimen iba perdiendo la voluntad de vivir, debido a la ilegitimidad de la soberanía que ejercía Moscú, pero nadie veía ninguna posibilidad de que acabara muriendo. Mientras hablábamos, Ferenc señaló el techo indicándonos que había micrófonos. Fuimos a caminar por un parque cercano para poder continuar nuestra conversación. Lo de los micrófonos era sin duda una intromisión y representaba una molestia. Pero, a diferencia de Rumania, no había sensación de terror.

Me acordé de ese momento en que dimos por sentado que nos estaban escuchando cuando leí en un reciente eurobserver la manera en que Nora Koves concedió una entrevista el año pasado en Budapest después de que su nombre apareciera en una lista de 200 supuestos "mercenarios de Soros". Koves también estaba en su apartamento y simplemente sacó su teléfono de la habitación, segura de que lo habían convertido en un dispositivo de escucha.

En 1976, cuando regresamos a su apartamento, Agnes nos habló de las cartas de Max Weber - figura destacada de la fundación de la sociología alemana - que acababan entonces de publicarse, en particular de una carta que Weber le había escrito a György Lukács.

Lukács fue un erudito brillante, nacido en Hungría, producto de la extraordinaria élite austrohúngara de habla alemana que forjó gran parte de la modernidad antes de la Primera Guerra Mundial. Fue de los pocos de su círculo en abrazar la revolución rusa. En 1919, ingresó en el Partido Comunista húngaro y fue comisario de educación durante la breve y ensangrentada república soviética de su país. Fue un comunista leal, que sobrevivió al holocausto de revolucionarios decretado por Stalin en Rusia y volvió a ejercer como profesor en la Hungría comunista después de 1945. En 1949 Agnes asistió a una de sus conferencias y se sintió motivada por él.

Ella había ingresado en el Partido Comunista siendo estudiante, le expulsaron y luego volvió a pasar otra vez por el mismo proceso en 1958 cuando se negó a declarar en contra de Lukács, al que se acusaba de haber apoyado la revolución de 1956. Después, ella y Feher pasaron a formar parte de lo que se conoció como "la Escuela de Budapest" de pensadores independientes, sobre los que Lukács ejerció especial influencia.

Agnes Heller, 2016.
Agnes Heller, 2016. | Wikicommons/Sanjanew1. Some rights reserved.

Después, ella y Feher pasaron a formar parte de lo que se conoció como "la Escuela de Budapest" de pensadores independientes, sobre los que Lukács ejerció especial influencia

Agnes nos contó que la publicación incluía una carta que Weber le escribió a Lukács en 1919 al enterarse de que se había sumado a los bolcheviques en Hungría. Weber le advertía que la revolución de Lenin "retrasaría el socialismo cien años".

Puede que la cita no sea exacta, no he visto el original. Pero esto es lo que escuché. Recuerdo muy nítidamente la tristeza con la que Agnes Heller habló al respecto. Pude intuir que se preguntaba: ¿qué hubiese pasado si Lukács hubiese hecho caso de la advertencia? ¿Cuán diferente habría sido la vida de ella? ¡Y cuánta razón tenía Weber!...

Mientras ella miraba para atrás hacia 1919, yo reaccioné de manera distinta pero de puertas adentro. Me encantan las predicciones políticas inequívocas, especialmente las que hacen otros. Me preguntaba si la advertencia de Weber no era también un pronóstico. Estaba claro que el socialismo había errado el camino. Pero, de ser cierto que la revolución rusa lo retrasase efectivamente un siglo, ¿de qué manera reaparecería tras este revés centenario?

Tal vez, si yo hubiese sido entonces menos infantil, hubiese podido plantear la pregunta, nos hubiésemos reído todos un rato y el tema se lo hubiese llevado la corriente de nuestra conversación. Pero al no atreverme a hacerlo, la pregunta se volvió imborrable para mí - todo lo que se reprime nunca te abandona.

Me hice la pregunta a mi mismo sin tener expectativa alguna de estar allí, o más bien aquí, en el año 2019. No me estaba preparando para aguantar cuatro décadas de reacción, frustración y fracaso. Pero lo cierto es que a lo largo de esos años, a través de todos los alborotos a corto plazo, siempre llevé en mi mochila la indicación a largo plazo de Weber. Lo que para él fue simplemente una frase ingeniosa se convirtió para mí en una especie de apuesta. Démosle un siglo y entonces la revolución recuperará su independencia creativa.

Lo que para él fue simplemente una frase ingeniosa se convirtió para mí en una especie de apuesta. Démosle un siglo y entonces la revolución recuperará su independencia creativa.

Y, desde luego, así ha sido. Fui testigo del inicio del renacimiento, el repentino y sorprendente renacimiento del socialismo, en Madrid, en mayo de 2011. Aunque sospecho que la oposición democrática al capitalismo que puso en marcha no puede llamarse 'socialismo', es sin duda la heredera de la tradición republicana y democrática que Heller representa.

Los indignados ocuparon la Puerta del Sol, en el centro de Madrid, el 15 de mayo de 2011 e inspiraron a millones en toda España a llevar a cabo acciones similares en 81 ciudades. La escala, la serenidad, la energía creativa y el puro aprendizaje colectivo que tuvo lugar allí me hicieron ver que aquello no podía ser sino un punto de inflexión. Las ocupaciones duraron solo cuatro semanas y llegaron a su fin por decisión propia - lo que da la medida de la madurez instintiva del movimiento, que se propuso conseguir apoyos aún más amplios. Más tarde, Jordi Vaquer observó:

"A partir de un movimiento de protesta notable por su falta de líderes visibles, de programa coherente o de estrategia compartida en 2011, pasaron a generar procesos democráticos participativos innovadores y a luchar contra el sistema de partidos... y a hacerse con las grandes ciudades cuatro años más tarde."

Los indignados tenían puntos débiles evidentes, como la falta de un modelo económico creíble y la ausencia de apoyos en Europa, especialmente en Francia y Alemania. Esto se debía a su frescura, que era como la de un recién nacido, incapaz todavía de echar a andar. De más calado era su ingenuidad ante las raíces primarias del nacionalismo. Aquí se me puede ver argumentando precisamente esto con un miembro del equipo de comunicación del 15M en la Puerta del Sol en aquel momento. Hoy, las banderas nacionales e incluso los saludos falangistas están polarizando España. Ya abordaré el tema más adelante. Lo fundamental es que surgió un nuevo tipo de movimiento en red, absolutamente no leninista, que desafiaba el dominio del mercado corporativo, así como su expresión socialdemócrata centralizada, con espíritu de libertad, pluralismo y autogobierno.

Es significativo que ocurriera esto en España, donde la izquierda sufrió una derrota feroz y completa, en parte como consecuencia del estalinismo, y donde existen tradiciones de izquierda radical que no son comunistas.

Cualquiera que conozca lo que aconteció en París en 1968 se daría cuenta de paralelos evidentes. Por ejemplo, Manuel Castells, el teórico de la sociedad en red, que en mayo de 2011 dijo a sus nuevos jóvenes colegas indignados en Barcelona: "Lo transformador es el proceso, más que el producto... Es una nueva política para salir de la crisis hacia una nueva forma de vida construida colectivamente. Un proceso lento porque, como puede leerse en un cartel en Barcelona, vamos despacio porque vamos lejos".

Se precisaría otro ensayo distinto a éste para explicar por qué el movimiento de los indignados nacido en las plazas no acabaría sufriendo el mismo destino que su predecesor de los años sesenta. Iniciado en Túnez, el movimiento pegó el salto en la Plaza Tahrir de El Cairo, que fue la fuente de inspiración directa para la ocupación de la Puerta del Sol de Madrid. Se ramificó en la Primavera Árabe así como en las insurgencias en Europa, y ambas confluyeron en el Parque Gezi de Estambul. Más importante aún, enlazó con el rebrote del radicalismo democrático en Estados Unidos y China.

En Estados Unidos, Occupy Wall Street se inspiró directamente del 15M en España, pero añadió un eslogan desmonta-mitos esencial, "Somos el 99 por ciento", desenmascarando así a la oligarquía norteamericana. Y esto se tradujo en un apoyo sin precedentes al autoproclamado socialista Bernie Sanders en su intento por hacerse con la nominación del Partido Demócrata y en la creciente oposición actual a Trump y a su racismo.

En China, la movilización de los jóvenes en Hong Kong, que empezó con el Movimiento de los Paraguas, se ha convertido hoy en una lucha determinante con la dictadura del Partido de Beijing. La actual insurgencia de ‘Somos agua’, motivadora y sin líderes, está llamada a transformar la oposición a las dictaduras en todas partes, sea cual sea su resultado inmediato.

Como suele ocurrir, el orden establecido es mucho más consciente de su vulnerabilidad que sus inexpertos opositores. Estoy convencido de que la permisividad del sistema financiero dominante ante nuestra barbarie actual es fruto de la alarma que le produce la forma en que la oposición popular a sus flagrantes injusticias se ha salido de los confines de la política de élite tradicional. Se ha desatado una batalla preventiva por la lealtad de "la gente". Los ultrajes de Trump, el ataque del Brexit a Europa, las mortíferas ilegalidades de Putin, los crímenes de Netanyahu contra los palestinos, los encarcelamientos masivos de Xi, el terrorismo fundamentalista en todas partes... la lista es horriblemente familiar. De maneras distintas, están todos torpedeando la justicia, la apertura y la demanda popular de respeto a los derechos fundamentales, con xenofobia y nacionalismo excluyente.

Sin embargo, estamos en un momento inicial. 1968 fue un momento de izquierda que dio paso a un largo periodo de derecha, marcado por el aplastamiento soviético de la Primavera de Praga. El capitalismo se renovó con su transformación digital, mientras que la izquierda no pudo saltarse la trampa del maoísmo y el brezhnevismo. 2016 fue un momento de derecha que ha iniciado el renacimiento de la izquierda que predijo Weber.

Pero, ¿será capaz la izquierda, magullada tras un siglo de frustraciones, de la persistencia, la ternura, las solidaridades y la paciencia necesarias para triunfar? En tiempos difíciles como los que estamos atravesando, la prueba es si conseguimos tejer una alianza democrática entre todos los que se oponen a la polarización y a las doctrinas de choque del totalitarismo - desde Johnson hasta Orbán. Como argumentó Agnes Heller, intentando convencer a todos de que se unieran en contra de la reelección de Orbán, es "suicida" que la oposición de todo el espectro político no una sus fuerzas contra alguien como él. "Ya no hay conflicto entre la izquierda y la derecha", insistía, "sino entre los que han violado el estado de derecho y los que quieren restaurarlo".

Mi agradecimiento a Miklos Haraszti y a Tom Overton.

Ágnes Heller at the Frankfurt book festival, 2018.
Ágnes Heller at the Frankfurt book festival, 2018. | Wikicommons/rawpic@protonmail.com. Some rights reserved.
Unete a nuestro boletín ¿Qué pasa con la democracia, la participación y derechos humanos en Latinoamérica? Entérate a través de nuestro boletín semanal. Suscríbeme al boletín.

Comentarios

Animamos a todo el mundo a que haga comentarios, Por favor, consulte las intrucciones de openDemocracy para comentarios
Audio available Bookmark Check Language Close Comments Download Facebook Link Email Newsletter Newsletter Play Print Share Twitter Youtube Search Instagram