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Violencia sexual, tortura y memoria histórica en Chile

Activistas luchan contra la posible demolición del notorio centro de detención clandestino, el cual desean convertir en un memorial English Português

Katia Chornik
Katia Chornik
7 October 2019
Foto reciente de cómo se ve ahora el antiguo centro de tortura Venda Sexy. Consejo de Monumentos Nacionales de Chile.
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Una casa común y corriente en la calle Irán, en el sureste de Santiago, la capital de Chile, tiene una historia sombría. El edificio de dos plantas se utilizó para detener, torturar y exterminar a opositores políticos durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). El uso generalizado de la violencia sexual contra las detenidas y detenidos, quienes estaban siempre con los ojos vendados, dio lugar al macabro nombre “Venda Sexy,” al parecer acuñado por los perpetradores.

Las mujeres, en particular, fueron víctimas de abuso sexual, sufriendo violaciones, embarazos forzados, abortos e insultos de carácter sexual. Un perro pastor alemán llamado Volodia fue entrenado para violar a las reclusas. Prisioneros de ambos géneros fueron objeto de golpes, colgaduras, descargas eléctricas, ruleta rusa, asfixia y privación de sueño, entre otros métodos de tortura. Los presos llamaban al centro de detención secreto “La Discothèque” debido a que los agentes de Pinochet tocaban música estridente continuamente.

Según la asociación de sobrevivientes, hubo al menos 85 presos políticos en este centro entre 1974 y 1977, de los cual más de un cuarto (23) fueron asesinados y desaparecidos. El Estado ha reconocido un total de 41.470 víctimas de detención política, tortura, desaparición forzada y ejecuciones extrajudiciales perpetradas por el régimen de Pinochet - crímenes que, en muchos casos, como reporta Amnistía Internacional, todavía están a la espera de la verdad, justicia y reparación.

Existe el temor de que el antiguo centro de detención sea demolido, borrando una clave para entender los orígenes de la violencia de género perpetrada por el Estado

La Venda Sexy ha estado en manos privadas desde finales de la dictadura. Después de décadas de campaña por parte de los sobrevivientes, en 2016 el Estado confirió a la propiedad el estatus de Monumento Histórico. Pero la venta turbia de la casa en abril pasado, por parte de su dueño a una agencia inmobiliaria, ha indignado a los sobrevivientes y activistas, que esperan que la Venda Sexy se convierta finalmente en un sitio de memoria abierto al público.

Por otra parte, existe el temor de que el antiguo centro de detención sea demolido, borrando no sólo un sitio importante de memoria sino también una clave para entender los orígenes de la violencia de género perpetrada por el Estado contra opositores políticos en el Chile actual.

Memoria a la venta

El empresario José Saravia compró la Venda Sexy en 2005 y vivió allí con su familia hasta hace poco. En 2016, el Estado ofreció a Saravia el precio de tasación de 356.000.000 pesos chilenos (495.765 US$), pero el empresario exigió 486.000.000 pesos chilenos (676.803 US$) y se negó a negociar un precio más bajo. Sin embargo, en abril de este año, Saravia, que es dueño de la empresa Aluminios Centauro Limitada, vendió la casa a la firma de bienes raíces Sociedad de Inversiones Arriagui Limitada por sólo 211.000.000 pesos chilenos (293.838 US$).

Imagen de las víctimas de la casa de tortura Venda Sexy. Daniela Fernández Romero, | Todos los derechos reservados

Esta transacción ocurrió a pesar de que la legislación chilena otorga prioridad al Estado en la adquisición de los monumentos históricos de propiedad privada que estén en venta. En respuesta a una Solicitud de Información Pública presentada por los sobrevivientes, el Consejo de Monumentos Nacionales respondió que no fueron informados de la venta y que actualmente están en contacto con dos ministerios para encontrar una solución. No está claro por qué Saravia decidió vender la casa por menos de la mitad del dinero que anteriormente pidió al Estado, o por qué una empresa de bienes raíces compraría una propiedad cuya historia manchada de sangre es tan notoria.

Dado que la noticia de la venta se hizo pública en agosto, activistas han organizado diversas protestas en frente de la Venda Sexy, con pancartas que dicen “La memoria no se vende”.

Los sobrevivientes creen que aquellos que han comprado y vendido la Venda Sexy están tratando de evitar que se convierta en un memorial público. Muchos temen que la propiedad sea demolida, al igual que otros notorios centros de detención política y tortura de la dictadura, como Villa Grimaldi y José Domingo Cañas 1367.

Cantos Cautivos

Mi vínculo con la Venda Sexy es personal y profesional. Cuando niña, tenía escaso conocimiento de la violencia política de la dictadura de Pinochet. Vivíamos en el extranjero, y mis padres, exiliados políticos, me hablaban poco de esto. Fue sólo durante mi adolescencia en la década de los 1990s, después de regresar a Chile, que empecé a comprender la magnitud de lo ocurrido en los centros de detención del régimen de Pinochet.

En contra de la voluntad de mis padres, los acompañé a una misa ecuménica conmemorativa celebrada al frente de la Venda Sexy. Mis padres habían estado detenidos allí, y esta era la primera vez que regresaban. Difícilmente puede describirse su dolor y emoción en esa tarde gris, parados fuera de la casa.

Acto de recuerdo fuera de Venda Sexy en protesta por su posible demolición. | Daniela Fernández Romero. Todos los derechos reservados.

Asistir a ese evento y conocer a otros sobrevivientes también tuvo un profundo impacto en mí. En ese momento, yo estudiaba violín y conocer que la música era tan prominente en la Venda Sexy, incluso como forma y fondo de tortura, me impactó. Más tarde, esto despertó mi interés por la recopilación de canciones y recuerdos de experiencias musicales en los centros de detención política, muchos de los cuales forman parte de un archivo digital que he compilado.

Aunque los agentes de Pinochet utilizaron música contra los presos políticos en varios centros de detención, esta práctica parece haber sido más sistemática en la Venda Sexy. Para la sobreviviente Beatriz Bataszew, la música constante y estridente “era ruido, salvo una canción que tengo grabada.” Esa canción era “Hoy canto por cantar’’, popularizada por la cantante puertorriqueña Nydia Caro. “Los dinos (oficiales de la policía secreta DINA) se reían con ella”, recuerda Bataszew. “Nos decían “canten”, porque cantar era delatar.”

Otro sobreviviente, Elías Padilla, me comentó que “tocaban Radio Concierto FM durante todo el día. Era algo muy extraño, absurdo, contradictorio, hasta chocante. Se podían escuchar los éxitos musicales de 1974, tales como Barry White o Charles Aznavour, mientras te estaban torturando. Además, la música acallaba nuestros gritos y lamentos.”

Tal como en otros centros de detención política que he investigado, los prisioneros en la Venda Sexy también utilizaban la música como una forma de autoexpresión, comunicación y resistencia. Ese fue el caso de Ana María Arenas que, después de haber sido brutalmente torturada, cantó un bolero mexicano y un villancico para dejar saber a su amiga, también presa en la Venda Sexy, que estaba allí.

El reconocimiento de la violencia sexual y la memoria

La Venda Sexy tiene una importancia histórica única como sitio de tortura y resistencia. Pero también sirve como recordatorio de la violencia de género perpetrada por el régimen de Pinochet - y de los progresos que Chile aún ha de alcanzar en este aspecto.

La violencia sexual fue un aspecto institucionalizado de la tortura bajo Pinochet y ha sido denunciada por casi todas las mujeres sobrevivientes. Pero tal vez, como resultado de la incapacidad de la sociedad de reconocer plenamente este legado, el Chile de la posdictadura también ha sido lento en prevenir la violencia política sexual.

En noviembre de 2016, el Parlamento chileno aprobó una ley sobre la tortura y los tratos crueles, inhumanos y degradantes. A pesar de que esta ley hace referencia al dolor o sufrimiento de índole sexual, desde 2014 las mujeres sobrevivientes han solicitado a sucesivos gobiernos una legislación separada que tipifique la violencia sexual política como un crimen distinto. Bataszew, una de los líderes del Colectivo Mujeres Sobrevivientes Siempre Resistentes, insiste en que dicha ley es necesaria para enjuiciar los crímenes del pasado y evitar que se repitan hoy.

La violencia sexual fue un aspecto institucionalizado de la tortura bajo Pinochet y ha sido reportado por casi todas las mujeres sobrevivientes

El Colectivo es quizás el grupo de sobrevivientes más vocal que reclama que la Venda Sexy sea un sitio de memoria y que denuncia su reciente venta. Grupos de sobrevivientes, académicos y activistas, entre otros, han propuesto varias ideas para el futuro de la propiedad si el Estado lograra adquirirla y ponerla a disposición como lugar de memoria, de forma similar a Londres 38, otra antigua casa de tortura. Bataszew imagina que la Venda Sexy sería gestionada principalmente por mujeres y prevé una amplia consulta entre grupos de sobrevivientes y grupos feministas para decidir el uso del edificio en detalle.

El Colectivo está haciendo campaña mano a mano con la Coordinadora Feminista 8M, un grupo ecléctico de mujeres de todas las edades, desde estudiantes de enseñanza secundaria hasta jubiladas, que exigen los derechos de las mujeres y la igualdad de género. Formada en 2018, la Coordinadora ha organizado una “Huelga General Feminista” en el Día Internacional de la Mujer (8 de marzo) por dos años consecutivos. La manifestación de este año, llamada “Súper Lunes Feminista”, incluyó acciones focalizadas tales como cambiar los nombres de las estaciones de metro por nombres de mujeres destacadas que han sido borradas de la historia de Chile, así como una marcha en Santiago que atrajo a 800.000 personas, según las organizadoras. Las demandas de verdad y justicia con respecto a violaciones históricas de derechos humanos se especifican en el programa de diez puntos de la Coordinadora Feminista 8M.

Bataszew se enorgullece de que el tema sea de interés para otros grupos. “Nosotras, las mujeres sobrevivientes de la dictadura de Pinochet, somos herederas de las luchas del pasado, y estamos conectadas con las luchas del presente,” me comentó. “Es por eso que necesitamos una memoria activa”. La demolición de la Venda Sexy o su confiscación en manos privadas durante las próximas décadas, negaría a los sobrevivientes y activistas la oportunidad de transformar este siniestro edificio en un espacio que inste a la sociedad a reflexionar sobre las violaciones de derechos humanos cometidas bajo Pinochet y las formas en que la violencia estatal de género sigue siendo generalizada.

Javiera Manzi, vocera de la Coordinadora Feminista 8M, hace notar que el Estado chileno sigue usando la violencia sexual política contra las niñas y mujeres que protestan por igualdad de derechos. “Se trata de una práctica sistemática que afecta de manera desigual a las mujeres”, argumentó. Un ejemplo reciente fue la detención de un grupo de agricultoras, niñas y una mujer embarazada, que fueron obligadas a desnudarse y mantenidas en un patio durante la noche sin ropa, comida o agua. “Hay una necesidad de memoria ahora y en el futuro”, agregó Manzi.

Las protestas por la recuperación de la Venda Sexy continúan. El mes pasado, un evento multitudinario fuera de la casa incluyó discursos, el baile de la cueca sola (una variante del baile nacional de Chile, bailada por mujeres cuyos seres queridos están desaparecidos) y la obra de teatro Yo amo los perros (basada en la historia de una agente que entrenaba perros para violar a las reclusas en la Venda Sexy). El evento también incluyó la inauguración de una baldosa que conmemora a las víctimas mujeres, la cual fue creada colectivamente.

Zabrina Pérez, miembro del grupo de mujeres sobrevivientes y fuerza impulsora de la creación de la baldosa, explica por qué se colocó fuera de Venda Sexy: “Acá vivieron compañeras el terror, pero ese terror se convierte también en fuerza y en vida.”

Una segunda obra de teatro sobre la Venda Sexy, Irán #3037, acaba de estrenarse en la Universidad Mayor de Santiago y podrá verse hasta el 26 de octubre. Esta obra imagina la vida doméstica de la familia que habitó la antigua casa de tortura hasta hace poco.

Si bien el futuro de la Venda Sexy como sitio de memoria aún es incierto, las diversas iniciativas de activistas y artistas muestran una clara determinación de mantener viva la memoria de la dictadura y construir una sociedad libre de violencia sexual.

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