El nitrógeno es un nutriente esencial en la agricultura, que ayuda a las raíces de las plantas a crecer, a las hojas a reverdecer y a los cultivos a prosperar. La aplicación de fertilizantes a base de nitrógeno puede marcar una diferencia significativa en el rendimiento y el crecimiento, incluso en el caso de los pastos de los que se alimenta el ganado. El gran salto de productividad experimentado por la agricultura y la ganadería brasileñas en las últimas cuatro décadas no habría sido posible sin el aumento de los niveles de nitrógeno mediante el uso generalizado de fertilizantes.
Sin embargo, esta abundancia en la producción tiene un costo medioambiental. El uso de fertilizantes a base de nitrógeno genera un peligroso gas de efecto invernadero: el óxido nitroso. Este gas permanece en la atmósfera durante más de cien años y tiene un potencial de calentamiento 264 veces superior al del dióxido de carbono. Además, es la sustancia más perjudicial para la capa de ozono.
En Brasil, en 2021, las emisiones de óxido nitroso procedentes del uso de fertilizantes sintéticos alcanzaron los 37,5 millones de toneladas equivalentes de dióxido de carbono, según datos del Sistema de Estimación de Emisiones de Gases de Efecto Invernadero (SEEG), una iniciativa del Observatorio del Clima, una red brasileña de ciencia climática. Estas emisiones son casi equivalentes a las emisiones totales de dióxido de carbono en 2021 de países enteros, como Portugal, Finlandia y Azerbaiyán.