Como enormes ballenas blancas de pico rojo varadas en un árido desierto, reposan en el suelo las tres aspas de un gigantesco aerogenerador en proceso de montaje en el corregimiento del Cabo de la Vela, en la Guajira colombiana. Miden 49 metros de largo cada una y forman parte de una de las 10 nuevas grandes turbinas de 78 metros de altura (equivalente a edificios de 18 plantas) que constituyen el primer parque eólico que se construye en Colombia en 17 años.
El parque, llamado Guajira I, propiedad de la hidroeléctrica Isagén, será vecino del parque de Jepírachi, propiedad de Empresas Públicas de Medellín (EPM), inaugurado en 2004 y pionero de la energía eólica en Colombia. Hoy, sus desvencijadas turbinas, ya próximas al final de su vida útil, sueltan un aceite ennegrecido que mancha las torres, en franco contraste con su reclamo de ser fuente “limpia” de energía. Consultado sobre esto, EPM explicó que el desarrollo de ese parque fue un proyecto piloto “cuya finalidad fue conocer la tecnología, evaluar las bondades del recurso disponible e incursionar en el campo del relacionamiento con la comunidad wayuú”.