
Un oficial de policía anti-narcóticos vigila paquetes de cocaína en San José del Guaviare, Colombia. AP Photo/Fernando Vergara
El problema de las drogas ilegales puede ser entendido como un kaleidoscopio que refleja una multiplicidad de dimensiones. Por supuesto, esos reflejos no son necesariamente simétricos ni idénticos. Cualquier enfoque que falle a la hora de apreciar la complejidad del asunto seguramente habrá de desembocar en errores que conllevarán serias consecuencias. En la víspera de la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGASS 2016), los países latinoamericanos deben decidir cuáles son las dimensiones que habrán de priorizar y e identificar los caminos adecuados para avanzar hacia ellas. Actualmente, existen evidentes disparidades en torno a estas esferas.
Nos proponemos identificar las principales dimensiones de este complejo problema, en orden de contribuir a un debate que se encuentra repleto de argumentos sostenidos en prejuicios, preconceptos y reduccionismos. A tales fines, nos concentramos en cuatro dimensiones puntuales: la seguridad, la inequidad, la institucional y la cultural. Todas ellas se encuentran interconectadas y, por lo tanto, unas y otras son capaces de generar efectos derrame mutuos.