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Manipulación y mentiras contra medios de comunicación y políticos en Estados Unidos

Si la América de Trump acaba pareciéndose al viejo Oriente Medio y a Rusia, los riesgos de que una crisis se vaya de las manos son enormes. Português English

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Una mujer sostiene una pancarta diciendo "los hechos importan" durante una manifestación contra la prohibición de la inmigración del presidente Trump en el aeropuerto internacional de Portland. 29 de enero de 2017. Alex Milan Tracy SIPA USA/PA Images. Todos los derechos reservados.

Desde el Oriente Medio hasta Asia y África, la gente que vive bajo regímenes autoritarios debe estar rascándose la cabeza con incredulidad. Si repasan una serie de particularidades de la campaña presidencial en Estados Unidos — y de los primeros días de la presidencia de Donald Trump—, se acordarán de las campañas, presidenciales o legislativas, que tienen lugar  en sus propios países. La sugerencia de que los servicios de inteligencia están involucrados en apartar a uno de los candidatos, o la discusión sobre una injerencia extranjera en la elección, por no hablar directamente de una conspiración, resulta familiar en muchos países de Oriente Medio, y también en Turquía, en Europa del Este y en Asia. El desprecio absoluto del nuevo presidente hacia los medios de comunicación tradicionales resulta ya habitual, pero se habla menos del fenómeno del voto rural en contra de los bastiones urbanos. Los corresponsales extranjeros informaron sobre algunos feudos electorales de Trump con igual desconcierto con el que a menudo tienden a informar sobre el mundo árabe, mostrando su desprecio por la gente común a la que están entrevistando, desprecio que resulta muy familiar a aquellos que observan la manera en que muchos canales occidentales cubren la noticias de Oriente Medio.

Sectarismo y tribu son palabras que por primera vez se han utilizado para cubrir las elecciones estadounidenses, aunque en realidad, para cualquiera que quisiera verlo, eso ya llevaba algún tiempo allí. La mayor parte de los medios de comunicación occidentales parece estar descubriendo ahora las pequeñas ciudades y las zonas rurales de América, y lo hacen con el mismo desconcierto con el que descubrieron que, a unos pocos cientos de kilómetros de la costa de Túnez, con sus hoteles que tanto gustan a los turistas, se extienden territorios de enorme pobreza, que ya estaban allí para que todos los que quisieran pudieran verlos. Cuando se evoca el “Estado dentro del Estado” en los EE.UU., ello difícilmente sorprende a los observadores más experimentados. La existencia de un “Estado  dentro del Estado” es una realidad en los EE.UU. y en la mayoría de las otras naciones importantes, ya sean democráticas o no.