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Me metí en un "campamento juvenil" organizado por activistas antiaborto en Colombia

En un campamento que ofrece una mezcla de deportes extremos y retórica extrema, vi cómo están entrenando a adolescentes para que se integren en la lucha contra los derechos reproductivos. English.

Camille Mijola
30 January 2019

 

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Campamento Choose Life Colombia, Septiembre de 2018. Foto: Camille Mijola

Choose Life Colombia es un movimiento religioso en contra del aborto estrechamente vinculado a la red internacional 40 Days for Life . llevan desde 2017 organizando campamentos juveniles que combinan deportes extremos con una retórica extrema en contra del derecho a elegir, capacitando a adolescentes para llevar a cabo campañas contra los derechos reproductivos de las mujeres. 

Representan la nueva cara del envalentonado movimiento contra el derecho a elegir en Colombia - y el rechazo a la decisión que tomó el gobierno en 2006 de relajar las restricciones al aborto. También son parte de la "ola azul celeste" del activismo antiaborto que ha ido creciendo en toda América Latina tras iniciarse en Argentina en agosto del año pasado.

Estuve en uno de sus campamentos de dos días en septiembre, junto con otros 30 jóvenes de entre 15 y 22 años, en una región montañosa llamada La Mesa, a dos horas de Bogotá. Primero nos reunimos en una iglesia con los organizadores, todos con suéteres azules, a las 6.30 de la mañana, para oir la misa del domingo antes de ponernos en marcha.

Rodeado de verdes colinas, el campamento se situaba en el marco de un parque de deportes extremos, un escenario idóneo para convivencias escolares o días de aventura, con pistas de obstáculos y sitios para practicar escalada y hacer rapel. Aunque nuestro programa incluía charlas de una hora sobre el aborto, al que una de ellas aludía como síntoma de la "cultura de muerte" global.

La directora del campamento era una estudiante de unos veinte años de edad que cursaba estudios culturales en la prestigiosa Universidad de los Andes, Melisa Castro. En su charla inicial, "Defendiendo la vida", condenó la "cultura del aborto" y acusó a Profamilia y Oriéntame, las dos principales ONG colombianas de derechos reproductivos de "beneficiarse de la muerte".

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Campamento Choose Life Colombia, Septiembre de 2018. Foto: Camille Mijola

En medio de un apagón eléctrico debido a una fuerte tormenta, nos pidieron que nos tumbáramos en el suelo, cerráramos los ojos y escucháramos una grabación emocional en la que una voz angustiosa con acento mexicano, supuestamente la voz de un feto, narraba su aborto.

"Mami", decía, "te quiero mucho. No entiendo por qué estás tan triste y peleas tanto con papá ". Continuaba así unos diez minutos, hasta que decía: "Mami, ¿por qué estás acostada? Tan solo son las 2 de la tarde", y entonce se ponía a gritar:" Mami, ¿qué le están haciendo a mi casa? ¡Me están quitando los brazos! ¡Diles que paren, mami!"

Los gritos paraban en seco al completarse el aborto. Tras un largo silencio, la perturbadora voz aparecía de nuevo para finalizar la grabación con estas inquietantes palabras: "Mami, han pasado 17 años... pero todavía te quiero y estoy esperando el día en que volvamos a estar juntos".

Luego nos dieron unas hojas de papel para que nos pusiéramos a escribir cartas a mujeres como si formásemos parte de una campaña de 40 días de vigilia por la vida frente a las clínicas de Oriéntame.

¿Qué le están haciendo a mi casa? ¡Me están quitando los brazos! ¡Diles que paren, mami!

Con anterioridad a 2006, el aborto era ilegal en Colombia - sin excepciones. Desde entonces, es legal si un embarazo representa un riesgo para la vida o la salud de la mujer, incluido su bienestar mental, si el feto presenta malformaciones importantes, o en casos de violación e incesto. Entre 2006 y 2013, se practicaron en Bogotá, según cifras oficiales, 16.947 abortos legales.

Este regimen de aborto es de los más avanzados de América Latina, que se caracteriza por ser una región del mundo en la que los derechos reproductivos de las mujeres se hallan severamente restringidos. Pero lleva años topándose con la oposición frontal de movimientos religiosos y ultraconservadores. En el marco de esta oposición, el nicho de Choose Life es su especialización en el público juvenil, junto con sus conexiones internacionales.

Mi contacto para acceder al campamento Choose Life fue Daniel García, un jovial graduado en ingeniería de unos veinte años de edad, que me confesó que llevaba ya más de cuatro años involucrado en el movimiento, porque se había comprometido a seguir "el camino de Dios".

Me cobraron 230.000 pesos colombianos (64,34€) por asistir, o sea aproximadamente un tercio del salario mínimo mensual en Colombia. Pedí un recibo, pero Daniel no lo pudo dar. "No estamos registrados como entidad legal, en estos momentos somos bastante informales", me dijo. Aunque nuestro campamento era ya el cuarto desde que empezaron a organizarse en 2017.

En su lugar, consiguió que un contacto suyo en una imprenta emitiera un recibo por una compra que no tenía nada que ver, lo que me dejó sin prueba legal alguna de haber pagado por asistir al campamento. Este recibo, según el cual figuraba que yo había contratado unos servicios de impresión, costaba 40.000 pesos adicionales.

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Protesta de 40 Days for Life en Londres. Foto: Ian Nicholson/PA Archive/PA Images. Todos los derechos reservados.

Daniel García me habló de las relaciones, muy cercanas, entre Choose Life Colombia y la red 40 Days for Life, que se autodenomina "la movilización internacional pro-vida más grande de la historia para ayudar a las comunidades locales a poner fin a la injusticia del aborto".

La red empezó en Texas en 2004 y se dió a conocer organizando vigilias de oración frente a las clínicas que practicaban abortos. Ahora tiene afiliados en más de 20 países. Daniel me contó que encontrarse con activistas de 40 Days for Life era "lo que había estado esperando". Con anterioridad, dijo, había publicado un blog sobre estos temas pero se sentía impotente y no participaba activamente en las protestas.

Según Daniel, fue Daniela Cardona, una doctora colombiana que había vivido en el Reino Unido, quien trajo hace tres años el movimiento 40 Days for Life a Colombia. Desde Bogotá, se ha extendido a 26 ciudades y se organizan habitualmente vigilias en clínicas de todo el país. También ha establecido alianzas con otros grupos antiaborto, como Choose Life Colombia.

Daniel me explicó que los voluntarios de 40 Days for Life "rezan" por la misión de Choose Life Colombia y suelen dirigir a personas hacia el grupo. A cambio, Choose Life Colombia ha asistido a sus vigilias y organiza talleres para la red.

Juego de roles y desinformación

Practicar cómo disuadir a las mujeres de someterse a un aborto era un tema estrella en el campamento.

Cuando Castro terminó su presentación, entregó a los presentes pañuelos de color azul como los que llevan los activistas de la ola celeste en América Latina y su versión del póster "Te necesitamos". En cuanto nos hubimos anudado los pañuelos al cuello, nos dividieron en grupos.

Para esta actividad de juego de rol, se integraron en mi grupo tres niñas, la más joven de apenas 15 años. Tuvimos que representar cómo trataríamos de convencer a una hipotética víctima de violación de 20 años embarazada para que no abortara. Otros grupos partían de otras situaciones, pero compartíamos el mismo objetivo: convencer a las mujeres para que no accedieran a ejercer sus derechos reproductivos.

Aquel mismo día, algo más tarde, Juan Carrasquilla, otro activista de Choose Life, hizo una presentación en la que hizo un uso deliberadamente sesgado de algunos datos de la organización pro elección Oriéntame. Afirmó que de 241 mujeres y niñas que esta organización había asesorado en el tema de la adopción, 236 habían decidido interrumpir sus embarazos, en lugar de llevarlos a término y entregar a sus hijos para que pudieran ser adoptados.

Tuve la oportunidad de cotejar con posterioridad estos datos con María Vivas, la directora de Oriéntame. "Estamos acostumbrados a este tipo de desinformación", me dijo. "Leen las cifras de manera incorrecta". Que solo 14 mujeres y niñas completasen con éxito el proceso de adopción, me dijo, no quiere decir que las otras 236 que consideraron esta opción optasen por abortar.

"Suelen jugar con teorías conspirativas", agregó, refiriéndose a otra afirmación - que también se hizo en el campamento - de que las clínicas que ofrecen abortos venden tejidos fetales "a empresas de cosmética, para la elaboración de maquillaje y otros productos de belleza". Y añadió: "Están obsesionados con el hecho de que a los fetos no se les da un ‘entierro cristiano’".

Cada vez más, los colombianos escuchan este tipo de "teorías conspirativas" por boca de activistas contra el aborto, pero también de personajes públicos y políticos clave, como el popularísimo ex presidente Álvaro Uribe.

La misma semana de septiembre en que tenía lugar el campamento de Choose Life, Uribe publicó una carta abierta dirigida a Cristina Pardo, una jueza del tribunal constitucional abiertamente contraria al derecho a elegir, que se opone a la "comercialización" de "aquellos que han perdido la vida con el aborto".

Por otra parte, uno de los voluntarios de Choose Life, Edwin Danilo Sonza, ejerce también coordinador de juventud de Marco Fidel Ramírez, que resultó elegido como concejal de Bogotá en 2016, con lo que forma parte de la máxima autoridad administrativa de la capital.

Ramírez me dijo que esta victoria, tras dos intentos previos fallidos, era la "recompensa del electorado" por su posición "en contra del aborto, en defensa de la familia, en contra de la ideología de género... y en contra de la aterradora secularización que está destruyendo los valores de nuestra sociedad".

 “En contra de la aterradora secularización que está destruyendo los valores de nuestra sociedad”

La misma mañana en que conocí a Ramírez, me encontré a Sonza, que me confesó que él también ambicionaba formar parte algún día del consistorio. Llevaba puesta la misma pulsera de Choose Life que me habían dado en el campamento y dijo que acababa de participar en una protesta con activistas de Choose Life en Bogotá frente al tribunal constitucional.

En tono como de sermón, sin duda reflejo de sus años ejerciendo de pastor protestante, Ramírez me dijo: "Es precisamente debido a la destrucción de la familia que tenemos todos estos problemas en nuestra sociedad: el resentimiento, la amargura, la violencia, la destrucción, la desafección, el uso de drogas, etcétera”.

Ramírez es un decidido promotor de la "objeción de conciencia", según la cual los médicos pueden negarse a realizar abortos. Y también apoyó públicamente la llegada a América Latina del llamado "bus del odio" del grupo ultraconservador español CitizenGO, que en 2017 recorrió varias ciudades colombianas con lemas anti-transgénero.

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Bus del odio de CitizenGo. Imagen: HazteOir.org/Flickr (CC BY-SA 2.0) Algunos derechos reservados.

Ramírez acaba de publicar el libro Los que transforman el mundo en Panamerica, la editorial más grande de Colombia. "En mi libro explico cómo un líder cristiano puede defender su fe y decodificar el mensaje de la fe cristiana para que llegue a la vida cotidiana de la ciudad y el país, a través del diseño de las leyes y la estructura de las normas", me dijo.

"Todos los líderes que defienden la vida y la familia ya se han alzado en varios países... Nos estamos acercando unos a otros, por necesidad", continuó Ramírez. E hizo referencia a una invitación reciente que había recibido para asistir a un Congreso Nacional de las Familias en Medellín: "El gran futuro de esta alianza estratégica internacional está ya muy cerca".

El concejal, que también se postuló como precandidato a la presidencia por un partido político marginal con anterioridad a las elecciones generales del año pasado, me dijo que ahora está pensando en postularse para el Senado en 2022.

Hoy, más de 10 años después de que Colombia relajara las restricciones legales al aborto, el país tiene un nuevo gobierno conservador en el poder y no es imposible que en el Senado se revise la ley del aborto.

Mientras, la oposición a los derechos reproductivos está cada vez más organizada y su ambición es cada vez mayor. Y está reclutando estratégicamente a adolescentes para llevar a cabo su lucha.

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