El estado mexicano de Chihuahua es para muchos migrantes la última etapa antes de entrar a Estados Unidos. Pero la estadía en Chihuahua puede alargarse indefinidamente debido a las dificultades crecientes para cruzar la frontera.
Entre la población migrante que llega y se acumula en Ciudad Juárez, en el paso fronterizo más importante del norte de México, las dificultades para encontrar alojamiento son grandes, especialmente entre la población más vulnerable, como es el caso de las personas transexuales. Para ellas, conseguir un lugar seguro para dormir puede ser un sufrimiento más de una larga y difícil odisea que empieza unos 3.000 kilómetros al sur de México, en el punto fronterizo de Guatemala en Malacatán– San Marcos.
“Para mí, ese recorrido fue un vía crucis”, asegura Marisol, de 23 años, mientras despeja los rizos dorados que cubren su rostro para contar lo que ha vivido desde que salió de Honduras.