
Presidente actual de El Salvador, Sánchez Cerén y en su momento Alcalde de San Salvador, Nayib Bukele.
Como hemos visto últimamente en Latinoamérica, también Nayib Bukele, de 37 años, es resultado de elecciones que abren el paso a personajes que construyen su popularidad con verbo fácil y demagogia, catapultados por el hartazgo de los ciudadanos frente a la política tradicional. Pero carecen de las estructuras fuertes de apoyo en el ejercicio del poder que aportan los partidos políticos experimentados.
El esquema puede repetirse: el candidato genera en un primer momento la ilusión por el cambio y la renovación, pero acaba resultando particularmente vulnerable a lo que pretende combatir. Las trampas de la corrupción, el nepotismo y las redes clientelares bien establecidas, y la hegemonía nunca contestada de los poderes fácticos y del verdadero establishment lo acaban atrapando, y el candidato se hunde en el barro. Lo hemos visto con Jimmy Morales en la vecina Guatemala.