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No podemos permitirnos el lujo de estar traumatizados: la realidad de los defensores locales

Cuando los activistas de derechos humanos son al mismo tiempo defensores y víctimas, el autocuidado puede parecer un lujo imposible. Una contribución al debate de openGlobalRights sobre la salud mental, la resiliencia y los derechos humanos. العربية. English.

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Los defensores locales de derechos humanos —quienes luchan para impedir que las empresas globales destruyan las tierras de las personas, documentan terribles crímenes de guerra contra sus propias comunidades o proporcionan asistencia a las familias desplazadas— no son solo defensores, también son víctimas. Para ellos, la pasión por defender los derechos de sus comunidades es intensamente personal y emocional. Sin embargo, la mayor parte del tiempo, su compromiso con las luchas comunitarias supera sus limitadas capacidades. A menudo toman la decisión de ignorar sus necesidades personales para garantizar la supervivencia de sus comunidades, pero esta elección puede ser muy costosa.

En muchas comunidades locales, ser un defensor también significa ser un líder para el cambio y una voz para quienes no la tienen.

La persistencia de los defensores locales en su lucha contra una variedad de amenazas y obstáculos no está impulsada únicamente por la compasión, sino también por el hecho de compartir experiencias y condiciones con las víctimas. En muchas comunidades locales, ser un defensor también significa ser un líder para el cambio y una voz para quienes no la tienen. Estas distintas funciones conllevan grandes riesgos de persecución para los activistas que desafían a poderosos actores estatales y no estatales. A pesar de estas graves amenazas y factores de estrés, los defensores que trabajan a nivel de base no tienen el lujo de renunciar a su trabajo, tomarse un descanso o salir de vacaciones. Si hicieran cualquiera de estas cosas, probablemente se sentirían más ansiosos que aliviados. Los defensores locales agotados o traumatizados siempre padecen conflictos internos, porque no quieren abandonar a su gente; si lo hicieran, se verían a sí mismos como traidores o cobardes. Así que se mantienen ahí y siguen trabajando hasta que se enferman o mueren. Incluso aquellos que han sido detenidos o procesados y obligados a abandonar sus países siguen sintiendo esa culpa, ya que se preguntan continuamente: ¿por qué estoy aquí y no allí? En consecuencia, tanto dentro como fuera de sus países, a los activistas locales les resulta difícil establecer límites profesionales que podrían ayudarles a mantener su bienestar mental y emocional.