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Flamencos contra los Trump: la rebelión ambiental que sacude Albania

El proyecto de lujo de la hija y el yerno de Trump que encendió una crisis política en Albania

Flamencos contra los Trump: la rebelión ambiental que sacude Albania
 20 días de protestas contra el plan urbanístico de Kushner, el 19 de junio de 2026 | Vlasov Sulaj/NurPhoto vía Getty
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El 30 de mayo, vecinos y activistas se congregaron junto a la laguna de Narta, hogar de miles de flamencos en la costa suroeste de Albania, para protestar contra el cercamiento de la playa de Pishë Poro, parte del paisaje protegido de Vjosa-Narta frente al mar Adriático.

El enfrentamiento que siguió transformó una campaña ambiental de larga data. Según activistas albaneses, guardias de seguridad privada arrastraron a un residente local, arrojaron piedras y usaron gas pimienta, sin que la policía, que estaba cerca, interviniera Las imágenes circularon en las redes y movilizaron a jóvenes, a integrantes de la diáspora albanesa y a muchas otras personas que salieron a las calles a protestar por primera vez.

Los flamencos, una de las especies más reconocibles de los humedales, aparecieron en carteles y pancartas. La incipiente ‘Revolución de los Flamencos’ ya no se trataba solo de fauna silvestre: se había convertido en una protesta contra la corrupción, la cooptación del Estado y un modelo de desarrollo que, según los activistas, transfiere tierras públicas y riqueza natural a inversores poderosos.

En el centro de la disputa se encuentra un desarrollo inmobiliario y turístico de lujo de Ivanka Trump – hija del presidente estadounidense Donald Trump – y de su esposo, Jared Kushner, proyectado para la isla de Sazan, la cercana península de Zvërnec y el paisaje protegido de Vjosa-Narta, conformado por una serie de humedales y la laguna salobre de Narta, en el sudeste albanés sobre el Adriático y frente a Italia.

El primer ministro albanés, Edi Rama, presentó estos proyectos como una oportunidad para atraer inversión y convertir al país en un destino de turismo de alta gama. Los activistas, en cambio, ven un sistema en el que tierras ambientalmente sensibles quedan a disposición de inversores adinerados, con escasa participación ciudadana real.

Una investigación de la Balkan Investigative Reporting Network reveló que la empresa que desarrolla el complejo hotelero de Zvërnec está registrada a través de una red de sociedades y fideicomisos neerlandeses, mientras que sus beneficiarios finales quedan ocultos. Para los activistas, esa opacidad refuerza las dudas sobre quién se beneficiará del desarrollo.

openDemocracy conversó con la ornitóloga Ledi Selgjekaj sobre lo que ya se está perdiendo en Vjosa-Narta, y con Bora Mema, activista del partido de izquierda Lëvizja Bashkë, sobre cómo la campaña se convirtió en un movimiento político más amplio. Las siguientes entrevistas fueron editadas por motivos de extensión y claridad.

"Cambios que debilitan poco a poco todo el ecosistema"

Ledi Selgjekaj es bióloga y especialista en aves en PPNEA (Protección y Preservación del Medio Ambiente Natural de Albania), socia de la organización internacional BirdLife en el país. Está terminando un doctorado sobre el comportamiento y el éxito reproductivo de las aves playeras en el Paisaje Protegido de Vjosa-Narta.

Llevas cinco años monitoreando aves en Vjosa-Narta. ¿Qué cambios has visto?

La principal perturbación empezó con la construcción del aeropuerto de Vlora. Fragmentó hábitats, redujo la continuidad ecológica y afectó la forma en que las especies usan el paisaje en su conjunto.

También limitó el espacio disponible para el desplazamiento de la fauna, lo que aumentó la presión sobre las aves que anidan en el suelo. Al mismo tiempo, la perturbación constante afectó a especies sensibles como los flamencos, presentes desde hace años pero que tienen dificultades para reproducirse con éxito.

Las obras recientes en la zona también provocaron la destrucción de hábitats de dunas, cruciales para muchas especies.

Desde el trabajo de campo, estos no son impactos aislados. Son cambios conectados que debilitan poco a poco todo el ecosistema. Debido al complejo hotelero proyectado y más infraestructura, existe una preocupación real de que estas presiones se intensifiquen y empujen a un sistema de humedales ya frágil hacia un punto en el que no pueda seguir funcionando como tal.

Los flamencos se convirtieron en el símbolo que define al movimiento. ¿Eso ayudó a que la gente entienda lo que está en juego o existe el riesgo de que se pase por alto el daño ecológico más amplio?

Los flamencos son llamativos, familiares y están presentes en gran número en los humedales de Vjosa-Narta. Están muy ligados a la identidad del lugar y muchas veces se los considera parte del paisaje mismo.

Mucha gente los reconoce por fotografías y por la cobertura mediática, lo que los convierte en una forma inmediata y potente de conectar al público con los humedales.

En el contexto de las protestas albanesas contra los recientes proyectos de desarrollo, el flamenco pasó a representar una idea más amplia de patrimonio natural compartido y de preocupación por todo el ecosistema.

¿Qué medidas se necesitan del gobierno albanés y de las instituciones europeas, y cómo sería una victoria?

El Parlamento Europeo ya se pronunció con claridad: pidió una protección más fuerte de los humedales de Vjosa-Narta, lo que incluye derogar las enmiendas de 2024 a la Ley de Áreas Protegidas y aplicar una moratoria a los nuevos desarrollos en ecosistemas sensibles hasta garantizar el pleno cumplimiento de las normas ambientales de la Unión Europea.

Albania debería detener las obras en curso, derogar las enmiendas recientes a la Ley de Áreas Protegidas y restablecer una protección legal sólida.

Hay que frenar la infraestructura a gran escala y la expansión urbana incompatibles con el ecosistema, y la toma de decisiones debe respetar plenamente la protección de la biodiversidad y la participación ciudadana.

Eso sería una victoria para los humedales y para el movimiento en su conjunto: pasar del desarrollo destructivo a una protección real, donde Vjosa-Narta quede resguardado como un paisaje natural en funcionamiento y se prioricen a la vez la conservación, la biodiversidad y los medios de vida sostenibles de la población local.

"La gente ató cabos"

Bora Mema es activista de Lëvizja Bashkë, un partido albanés de izquierda surgido ddel activismo obrero, estudiantil y por la justicia social.

¿Cómo una campaña para proteger la costa y los humedales de Albania se convirtió en una revuelta mucho más amplia contra la corrupción y la cooptación del Estado?

La campaña creció porque, en su núcleo, el problema es lo que David Harvey [profesor distinguido de Antropología y de Ciencias de la Tierra y del Medio Ambiente en la City University of New York] llama "acumulación por desposesión": el robo descarado de tierras públicas y privadas para entregarlas a oligarcas y narcotraficantes.

Lo que empezó como una protesta ambiental para salvar los ecosistemas y humedales de Zvërnec y Pishë Poro-Nartë, o las tierras privadas de las comunidades del pueblo, expuso rápidamente la corrupción más profunda del Estado. La gente ató cabos: sus áreas naturales protegidas estaban siendo cercadas y privatizadas para un resort de lujo de 4.500 millones de dólares bajo la apariencia de "inversión extranjera". Como el movimiento apunta a todo este sistema de saqueo de la riqueza pública, pasó de manera natural de una lucha ambiental local a una rebelión directa contra tres décadas de corrupta cooptación del Estado.

¿Cuál fue el punto de inflexión que llevó a tantos jóvenes y personas que protestaban por primera vez a las calles?

El punto de inflexión definitivo fue el 30 de mayo de 2026. Durante una protesta pacífica contra el complejo hotelero, fuerzas de seguridad privadas arrastraron con violencia a un ciudadano y le apuntaron a la cabeza con un arma, arrojaron piedras y rociaron gas pimienta, mientras la policía estatal se quedaba ahí, mirando.

Activistas de Lëvizja Bashkë filmaron esa violencia mientras acompañaban a la comunidad, y las imágenes se propagaron como reguero de pólvora en las redes sociales. Ver a matones corporativos respaldados por el Estado atacar a ciudadanos pacíficos hizo añicos la apatía pública. Empujó a la Generación Z, a integrantes de la diáspora y a miles de personas que protestaban por primera vez a vencer el miedo y salir a las calles, y convirtió al flamenco en un símbolo radical de resistencia.

¿Qué lograron los activistas hasta ahora y qué respuestas del gobierno, de la fiscalía o de las instituciones europeas surgieron como resultado de la presión pública?

La presión pública rompió la narrativa política tradicional y puso al poder establecido a la defensiva.

Para empezar, el gobierno está visiblemente en pánico. El primer ministro Edi Rama intentó restarle importancia al movimiento minimizando el tamaño de las movilizaciones, afirmando que el proyecto ni siquiera existía e incluso usando remeras estampadas con flamencos para tratar de apropiarse del símbolo.

¿Qué pasa ahora? ¿Cómo sería una victoria y cómo puede el movimiento mantener su impulso más allá de esta disputa puntual por el desarrollo?

La victoria es el rechazo total al viejo duopolio político y una reforma sistémica completa. Significa terminar para siempre con el proceso de acumulación por desposesión, revocar los estatus de "inversor estratégico" que usan oligarcas y lavadores de dinero, y garantizar que los bienes públicos sigan en manos de la ciudadanía. También significa ver a la clase dirigente corrupta rendir cuentas, y por eso la gente corea: "¡Rama a la cárcel, Berisha a la cárcel!". [El exprimer ministro y actual líder opositor Sali Berisha está acusado desde hace tiempo de vínculos con el crimen organizado y la corrupción, algo que él niega.]

Para mantener el impulso, el movimiento debe permanecer completamente independiente del poder político tradicional. No puede dejarse cooptar por la oposición mayoritaria, que no es más que la otra cara de la misma moneda corrupta y que al principio ni siquiera se opuso al proyecto de lujo. Tienen que organizarse y entender que el poder depende de ellos.

Nandini Naira Archer

Nandini Naira Archer

Nandini is Social Movements Editor at openDemocracy. She leads the How We Did It series, spotlighting movement wins, and is also convening cross-generational activist conversations – bringing organisers from different contexts and moments into dialogue to exchange what’s working, what’s shifting and what others can learn. The aim is to move beyond storytelling towards media for movements in practice. If you have interesting wins, ideas, organisers or movements we should be speaking to, feel free to reach her at nandini.archer@opendemocracy.net

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