“Esta democracia ya no es una democracia". Este es el lema de un movimiento social histórico que está evolucionando en Perú. No es ninguna exageración. En diciembre, el Presidente Pedro Castillo intentó dar un golpe de Estado disolviendo el Congreso y fue depuesto; en las nueve semanas transcurridas desde entonces, la agitación social ha dejado numerosos muertos. Cuarenta y ocho han muerto en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, 11 en situaciones relacionadas con el bloqueo de carreteras, y un agente de policía presuntamente asesinado.
La corta gestión de la actual presidenta, Dina Boluarte -que fue vicepresidenta de Castillo- ha desatado una espiral de represión policial, criminalización de la protesta y ataque a la verdad pública, una violenta aceleración del lento colapso de la democracia peruana.
No está claro cómo acabará la crisis. Pero podemos estar seguros de que el próximo intento de gobierno también fracasará a menos que aborde errores que se remontan a siglos atrás.