democraciaAbierta: Opinion

Qué vergüenza de presidente de Brasil

Bajo la negligencia e irresponsabilidad del gobierno Bolsonaro, la Covid-19 se extiende por todo el país, dando a Brasil el estatus de uno los más afectados en el mundo. Português

Gilda Moreira
5 May 2020
El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, en una manifestación a favor del gobierno y contra el aislamiento en medio del brote de Covid-19 en Brasilia, Brasil, el domingo 3 de mayo de 2020
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Andre Borges/NurPhoto/PA Images

Nací en Brasil a mediados de los años 70, cuando uno de los regímenes políticos más perversos de nuestra historia estaba en marcha en América Latina: la dictadura militar. Mientras llegaba a este mundo, cientos de personas desaparecieron de la noche a la mañana, arrancadas violentamente de sus hogares, de los brazos de familiares y amigos o de refugios colectivos, sin dejar rastro.

Sobre las atrocidades de la dictadura, desde mediados de la década de 1980, aprendí de nuestra historia, de mis maestros, de informes de familiares, de amigos de familiares, en suma, a través de la memoria colectiva. Y es precisamente gracias a este aprendizaje de la memoria que me produce escalofríos cada vez que veo un titular o una imagen con referencia a este régimen.

Es a través de las enseñanzas de la memoria/historia que hoy, ya consciente de mi papel político como ciudadana, que clamo con voz fuerte: "Abajo la dictadura"; “¡Tortura nunca más!”. Sin embargo, a pesar de mi grito, ¿qué hace el actual presidente? Mantiene el recuerdo del mayor torturador de la dictadura en Brasil, el sanguinario general Carlos Alberto Brilhante Ustra; alaba al dictador paraguayo, Alfredo Stroessner, pedófilo y violador en serie; llama a la dictadura militar Revolución, y otras aberraciones.

En la década de 1980, tuve el honor de seguir, aún en brazos de mis padres, la formación del Partido de los Trabajadores más grande de América Latina (el PT) y el nacimiento del Movimiento de Trabajadores Rurales sin Tierra (el MST), hechos cruciales para la puesta en marcha de la redemocratización en Brasil. Esto sucedió entre 1980 (creación del PT) y 1984 (formación del MST), cuando la dictadura todavía funcionaba a pleno rendimiento. ¿Y dónde estaba el actual presidente? Ciertamente, preparándose para ser general.

Desmantelamiento de la nación

En los años 90, ya en la universidad (Universidad Federal de Río de Janeiro - UFRJ), vi de cerca los estragos del neoliberalismo, en su fase de expansión internacional, durante el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (FHC) en Brasil, representando el falso liderazgo del pueblo, que contribuyó mucho a los procesos de privatización del Estado y la entrega del país a los dictados del capital extranjero y del FMI.

Durante la administración FHC, experimenté en la práctica en el movimiento estudiantil de entonces, la lucha por la resistencia de la democracia y contra la privatización de las universidades públicas y de las grandes empresas estatales. En ese momento, el trabajo del PT y otros partidos de izquierda, en asociación con el MST, así como la acción de un sindicalismo nacional razonablemente fuerte, fue lo que garantizó la suspensión de la entrada desenfrenada de Brasil al abismo privatizador neoliberal.

Sin embargo, el legado de FHC logró dejar consecuencias políticas desastrosas para el país, lo que dificultó que Brasil reestructurara y fortaleciese su posición en el escenario internacional. ¿Y dónde estaba el actual presidente? En Brasilia, sin haber hecho nada por el pueblo contra el desmantelamiento de la nación.

Echar al PT

Luego, llegaron los primeros años del 2000. El nuevo siglo comienza con una valiosa promesa: llega a la presidencia Luiz Inácio Lula da Silva, un hijo del pueblo, sindicalista de la región ABC de São Paulo, un tornero de nueve dedos, uno de los ilustres fundadores del PT, el mayor liderazgo político que Brasil ha tenido y, quizás, tendrá.

Y dónde estaba el actual presidente? En Brasilia, sin haber hecho nada por el pueblo contra el desmantelamiento de la nación

En enero de 2003, finalmente, la izquierda brasileña llegó al poder central por el voto directo popular. No me voy a alargar sobre las consecuencias objetivas y esenciales del gobierno de Lula. Basta con decir que dos mandatos consecutivos fueron suficientes para sacar a Brasil de debajo de la línea internacional de pobreza y hambre, es decir, de la miseria.

Y me preguntas, "¿Y eso es mucho?" Respondo: Bueno, no es poco. Basta mira el camino de nuestra historia. Como la mayoría de los brasileños, tengo mis críticas específicas y constructivas a los gobiernos del PT, pero aquí no hay lugar para una posible ilustración. Como muchos colegas de mi generación, fui, con orgullo, a Brasilia cuando Lula asumió el cargo. Seguí el evento de cerca, tomé fotos en la terraza, y lloré.

La emoción de ese momento, lo confieso, fue y sigue siendo indescriptible. ¿Y dónde estaba el actual presidente? Ciertamente lamentando la elección de la izquierda y articulándose para hacer oposición a toda costa hasta echar al PT del poder.

El golpe

Pero el juego continuó, la Tierra siguió girando porque, contrariamente a lo que afirman los "terraplanistas" de hoy, la tierra es redonda y la ciencia lo demuestra. Y gira y gira y gira y a veces vuelve al punto de partida, aunque no de la misma forma.

Al igual que la Tierra, la política ha cambiado. Dilma Rousseff fue elegida presidenta. Y el PT obtuvo dos mandatos más. Pero en un abrir y cerrar de ojos, para nuestra sorpresa, llegó el golpe de la derecha, articulado con toda suerte de sectores que podamos imaginar, orquestados por la red de comunicación más grande del país, Rede Globo de Televisão, aprovechando las manifestaciones sociales de junio de 2013 y transfigurando sus verdaderas intenciones. Y fue allí que la Tierra dio nuevos giros en Brasil. ¿Y dónde estaba el actual presidente? Apoyando y articulando, en primera línea, el GOLPE.

Intención destructiva

Llegaron las elecciones de 2018. Y, he aquí que una jugada maestra de la comunicación, apalancada por el recurso perverso de las llamadas "fake news", lleva el juego de la historia brasileña al extremo. El PT fue demonizado, la izquierda fue descalificada por verdades construidas en laboratorios electrónicos. A la militancia de izquierda se le llamó "izquierdópata" y "comunista", esta última utilizada como sinónimo de lo peor de la sociedad, es decir, en una inversión extrema de valores.

Resultante de la ceguera política, "comunista" se convirtió en un insulto agresivo por parte de aquellos (de)formados y (mal)educados por la ideología de las "fake news". En el mundo de las "fake news" incluso los "biberones eróticos" pasaron por ser verdad. Los profesores, como colectivo, fueron acusados de ser de "izquierda", entendido como algo muy peligroso, porque promueve el "lío" e impone la "ideología de género”.

En el lado más extremo del fenómeno, Dios fue visto desfilando sobre los árboles de guayaba, la Tierra se hizo plana y los comunistas volvieron a pervertir a los niños. Con este escenario tipificado, ilustrado y viralizado en las redes sociales en todo Brasil, ¿quién llegó a la presidencia de la república? El ilustre presidente actual quien, tan pronto como asumió el cargo, ya lo asumió el cargo mostrando a lo que en realidad vino, en la intención destructiva.

Brasil hacia el desastre

2020 empieza en llamas, literalmente. El presidente acusa al actor Leonardo DiCaprio y a la ecologista Greta Thunberg de ser los grandes pirómanos durante los incendios del Amazonas del 2019. La contrarreforma de las pensiones de jubilación garantizó su asentamiento en el epicentro del país.

Para el presidente y su ministro genocida de economía, la muerte del pueblo es la menor de las desgracias

Los servidores públicos fueron llamados parásitos, el ministro de Educación demostró que no sabe gramática básica, el nuevo presidente de la Fundación Palmares – entidad pública que promueve la preservación de los valores de la influencia negra en la formación de la sociedad brasileña – declaró que la esclavitud fue positiva para Brasil y que aquí no hay racismo. ¿Y dónde estaba el actual presidente? Al mando de la flota trastornada que conducía a Brasil hacia el desastre.

La gripe pequeñita

Luego, para nuestra desgracia total, a principios de esta tercera década, aterrizó aquí, en medio del Carnaval, el visitante indeseado: la Covid-19, cuya primera víctima letal en Río de Janeiro fue una trabajadora doméstica de la periferia, que nunca había pisado el extranjero, pero trabajaba para una señora de la rica Zona Sur.

Para entonces, la Covid-19 ya se había cobrado cientos de víctimas en China, aunque este lado del mundo lo ignoró. Ya venía devastando parte de Europa, donde causó daños sin precedentes desde la peste negra en Italia y España. Llegó a Brasil a fines de febrero. ¿Y dónde estaba el actual presidente? Visitando la tierra del tío Sam, articulando su política con Trump, subestimando el virus fatal y refiriéndose a la Covid-19 como a una “gripezinha", una gripe pequeñita.

Dejar morir por encima de todo

Ignorando la recomendación de la OMS y otros organismos oficiales de salud, que recomiendan insistentemente el aislamiento social (cuarentena) como una de las principales precauciones, el presidente llama a la población a salir a las calles para apoyar a su gobierno y salvar la economía. Para el presidente y su ministro genocida de economía, la muerte del pueblo es la menor de las desgracias, la verdadera desgracia sería la crisis del mercado económico. En consecuencia, dejar morir es la receta para salvar la economía. El capital por encima de todo; la muerte de los pobres por encima de todos, para que el lucro permanezca indemne. Vivir no es esencial para las personas.

Dejar morir por encima de todo, para el beneficio de todos. Este es el verdadero y cruel Brasil en el que nos encontramos. ¿Y dónde está el presidente actual? Lavándose las manos, apenas en un sentido metafórico, y propagando la cloroquina como salvación. Mientras la gente, que ya está muriéndose de hambre, es convocada por el presidente para ayunar y encontrarse con la muerte.

Bajo la negligencia e irresponsabilidad de este gobierno loco y genocida, la Covid-19 se extiende por todo el país, dando a Brasil el estatus de uno los más afectados en el mundo en número de infectados y víctimas letales, a la misma velocidad que avanza la crisis política y económica, fruto de la notoria incompetencia de este presidente desequilibrado, que conduce a la nación hacia el abismo.

¡Cuánta negligencia y ligereza! Pero la esperanza es una fuente perenne que alimenta a Brasil, y surgirán fuerzas para resistir. Con el apoyo de los medios en general, especialmente los medios alternativos, incluidas las redes comunitarias en todo el país, y con nuestra unidad en defensa de la vida, soplarán vientos nuevos. La lucidez y el sentido común prevalecerán y, juntos, cuidándonos mutuamente, ganaremos esta guerra.

¡Qué vergüenza de presidente de Brasil!

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