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La primavera del Precariado: los movimientos sociales españoles se preparan para un nuevo ciclo de movilización

Durante el último mes, pensionistas, mujeres y activistas por el derecho a la vivienda han salido a las calles con un mensaje claro: Quieren que se termine la precariedad que sufren en su día a día. English

Con camisetas verdes, dos miembros de la asociación "Las Kellys", de camareras de hotel, junto con Joana Amat, la presidenta de FIDEM. Jornada de economía feminista organizada por el ayuntamiento de Barcelona. Fuente: Wikimedia Commons

Tras las enormes manifestaciones encabezadas por los nacionalismos catalán y español de los últimos tiempos, muchos temíamos que las cuestiones sociales fuesen a desaparecer de la agenda política española.

A pesar del gran aumento de la desigualdad, el gobierno había presentado con orgullo las últimas cifras macroeconómicas, anunciando el final de la crisis, mientras que aquellas personas a las que no ha llegado esa recuperación se centraban más en la disputa territorial que en hacer frente a estas declaraciones.

No pudimos estar más equivocados. Durante los últimos dos meses, pensionistas, mujeres y activistas por el derecho a la vivienda que sufren condiciones de precariedad han salido a las calles con un mensaje claro: quieren poner fin a la precariedad de sus vidas y recuperar los derechos que algunos de ellos tenían antes de la crisis.

A pesar de que, a primera vista, estos colectivos podrían parecer muy diferentes, sus protestas no deben analizarse como eventos independientes. Estas movilizaciones representan el comienzo de un ciclo de movilización del precariado que sin duda continuará durante los próximos meses.

El precariado se refiere a una nueva clase social formada por personas que, teniendo las condiciones materiales que dieron estabilidad a las generaciones anteriores, viven vidas impredecibles e inseguras.

Todos estos grupos tienen una característica común: forman parte del precariado, una clase social que no ha parado de crecer desde el comienzo de la crisis económica.

Los pensionistas son precarios porque, a pesar de haber trabajado toda su vida y haberse ganado el derecho a una jubilación digna, sus pensiones no son suficientes para llegar a fin de mes.

Las mujeres viven vidas precarias porque cobran menos que sus colegas masculinos por desarrollar el mismo trabajo y, después de su jornada laboral, tienen que hacer el trabajo no remunerado de los cuidados.

Otros grupos son precarios porque a pesar de tener una casa, se enfrentan a cortes de suministros porque no pueden pagar las facturas, o simplemente temen perder su vivienda porque saben que, tarde o temprano, no van a poder pagar su hipoteca o que no les va a llegar para cubrir el aumento desproporcionado de su siguiente contrato de alquiler.

Todos estos grupos tienen una característica común: forman parte del precariado, una clase social que no ha parado de crecer desde el comienzo de la crisis económica.

A pesar de que reciben pensiones, tienen trabajo o vivienda, no viven con la dignidad que se esperaría de esta situación. Ahora han salido a las calles para reclamar sus derechos y exigir estabilidad, convirtiendo esta temporada en la primavera del precariado.

Durante la última semana de febrero, miles de pensionistas rodearon el Congreso para protestar por el aumento del 0,25% anual de sus pensiones, por quinta vez consecutiva.

Al igual que en los cuatro años anteriores, este aumento significa que este colectivo perderá poder adquisitivo, dado que los precios han subido más que ese porcentaje. Según el sindicato UGT, el jubilado medio ha perdido 3.368 euros de poder adquisitivo desde el inicio de la crisis, una suma considerable si consideramos que equivale a 3,6 meses de pensión.

El constante aumento anual por debajo de la inflación durante los últimos cinco años es especialmente injusto porque los pensionistas han sido un componente básico para la estabilidad social española durante la crisis. Muchos hogares han dependido de las pensiones de sus abuelos como único ingreso mientras que el resto de miembros de la familia no tenían trabajo.

Esta manifestación superó con creces las expectativas en cuanto a participación, incluidas las del Gobierno español que no habría permitido que se rodeara el Congreso debido a la carga política de esta imagen desde que lo hizo el 15M.

Desde entonces, los jubilados han salido a la calle todas las semanas, lo que demuestra una considerable capacidad de movilización sostenida.

A pesar del parche propuesto en los presupuestos generales del estado de este año, no parece que las protestas vayan a parar hasta que el gobierno apruebe una ley que asegure la estabilidad del poder adquisitivo de los pensionistas, vinculando el aumento de sus pensiones a la inflación, como era el caso antes de la crisis.

Dos semanas después de la primera manifestación por las pensiones, el 8 de marzo – Día Internacional de la Mujer – 5,3 millones de mujeres pararon en sus trabajos durante la primera huelga feminista de la historia del Estado español.

Las razones para la movilización del 8 de marzo van mucho más allá de la precariedad, pero este tema fue una parte central de la huelga y de las demás movilizaciones. Las mujeres pararon ese día porque sus trabajos son aún más precarios que los de sus colegas masculinos y exigieron que se les pagara lo mismo.

Más allá de la huelga laboral, también organizaron una huelga de cuidados porque están hartas del trabajo no remunerado que hacen todos los días en la mayoría de hogares.

Uno de los colectivos de mujeres precarias que ha salido en las noticias en las últimas semanas son Las Kellys, camareras de piso organizadas que se movilizan contra la precariedad de sus trabajos. Después de dos años de movilizaciones, lograron obligar al presidente Mariano Rajoy a escuchar sus demandas durante una reunión.

Piden que se respete el convenio colectivo del sector de la hostelería y que se ponga fin a las externalizaciones que facilitó todavía más la reforma laboral de 2012.

Muchas empresas hoteleras han utilizado esta reforma laboral para pagar a sus camareras por cada habitación que limpian, en lugar de por hora. Así, muchas de ellas cobran 2,15 euros por habitación, mientras que el precio medio de una habitación de hotel en España es de 78 euros por noche.

Finalmente, la vivienda ha sido otro campo en el que la ciudadanía se ha movilizado contra la precariedad. En enero, La Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) ha presentado un proyecto de ley en el Congreso para abordar lo que identifican como una emergencia habitacional. Sin embargo, el gobierno ha vetado el proyecto de ley, que ni siquiera pudo ser debatido en el Parlamento.

El Partido Popular y sus aliados de Ciudadanos se opusieron al debate, sosteniendo que el proyecto de ley violaba las normas del Congreso que prohíben el debate de propuestas que afecten el presupuesto actual, algo que no es el caso de la Ley Vivienda PAH, ya que en ella se especifica que todos los puntos que supongan un gasto en el año presente se apliquen durante los presupuestos posteriores.

A pesar de estas movilizaciones, hace falta ir más allá para que la agenda social recupere su importancia.

Miles de personas se manifestaron para protestar contra el veto y estas movilizaciones continuarán, incluyendo los ya conocidos ‘escraches’. Estas acciones consisten en manifestaciones no violentas siguiendo a un representante político en específico para mostrar que su falta de voluntad para representar a quienes los eligieron no pasa desapercibida.

A pesar de estas movilizaciones, hace falta ir más allá para que la agenda social recupere su importancia. Es necesario el resto de colectivos progresistas que disfrutan más estabilidad se unan a estas movilizaciones.

El economista húngaro Karl Polanyi conceptualizó los contramovimientos como reacciones espontáneas que aparecen en contra de los movimientos hacia el libre mercado, defendiendo una economía moral al servicio de las necesidades de la sociedad.

El precariado ya fue la clase social dominante durante el ciclo de movilización del 15M, que apareció al inicio de la crisis del neoliberalismo denunciando que la sociedad no es mercancía de políticos y banqueros. Siete años después, la misma clase social está liderando otro ciclo de movilización para proteger a la sociedad de la inestabilidad provocada por las políticas neoliberales.

Ahora es el momento de que todas las fuerzas progresistas se unan en la construcción de otro contramovimiento que vuelva a situar la agenda social en el centro de la vida política.

About the author

Felipe González Santos es investigador doctoral en la Universidad Centroeuropea de Budapest, Hungría. Su tesis doctoral estudia cómo la gente se cuida dentro de los movimientos sociales y cómo los cuidados contribuyen a la movilización y radicalización de colectivos populares despolitizados. También trabaja en un proyecto sobre las estrategias y el impacto de los movimientos ultraconservadores y antigénero en las políticas de la Unión Europea. Twitter: @gsantosfelipe

Felipe González Santos is a doctoral investigator at the Central European University of Budapest, Hungary. His thesis focuses on how people take care of each other within social movements and how this contributes to mobilization and radicalization of popular depoliticized movements. He is also working on a project about the estrategies and impacts of ultraconservative and anti-gender movements on the politics of the European Union. Twitter: @gsantosfelipe

 

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