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Por qué el 2021 es la última oportunidad para evitar el colapso climático

La Covid-19 y el cambio climático son dos caras de la misma moneda. En 2008 rescatamos a los bancos, en 2021, debemos rescatar el planeta.

Laurie Macfarlane
13 enero 2021, 10.47am
Xinhua/SIPA USA/PA Images

El año pasado será recordado por muchas cosas y, seamos honestos: la mayoría serán malas. Pero en medio de las penurias y el sufrimiento, hay una historia positiva que contar.

El año 2020 fue quizás la primera vez en la memoria viva en que los gobiernos de todo el mundo tomaron medidas radicales para poner los intereses de la salud pública y el bienestar por encima de los del beneficio privado. Para un mundo que está tan dominado por la lógica del capitalismo, ese no es un triunfo pequeño.

Es tentador decir que esto fue una respuesta excepcional a una pandemia excepcional. Pero esto es malinterpretar tanto la naturaleza de la Covid-19 como del capitalismo global. Si esperaban que pudiéramos dejar atrás las decisiones políticas de vida o muerte en el 2020, entonces estoy aquí para decepcionarlos. Porque en 2021, las apuestas son aún mayores.

Primero, un poco de contexto. Antes de que la Covid-19 captara la atención del mundo, el principal desafío de la humanidad estaba claro: nuestro sistema económico basado en los combustibles fósiles había empujado a nuestro entorno natural más allá de las zonas de operación segura, amenazando los cimientos de los que depende la civilización. Sin "cambios rápidos, de gran alcance y sin precedentes en todos los aspectos de la sociedad" estábamos en vías de experimentar un daño devastador e irreversible en nuestro clima y sistemas ecológicos, y el fin de la vida tal como la conocemos.

En reconocimiento de esta cruda realidad, en 2015 los líderes mundiales firmaron el Acuerdo de París, cuyo objetivo era limitar el calentamiento global a 1,5ºC (grados centígrados) por encima de los niveles preindustriales. Lograr esto requeriría una movilización global de recursos a una escala sin precedentes con el objetivo de reducir rápidamente las emisiones.

Aunque impresionante sobre el papel, en su mayor parte este objetivo no fue correspondido con la acción necesaria. Después de la firma del acuerdo, las emisiones siguieron aumentando año tras año, haciendo que nuestro "presupuesto de carbono" necesario para ajustarse pal objetivo de 1,5ºC fuera cada vez más reducido. Si se siguen las trayectorias actuales, se espera que el mundo supere el techo de 1,5ºC en menos de una década - y que alcance los 3ºC de calentamiento para finales de siglo. Cada año que pasa de inactividad produce un efecto agravante, lo que exige reducciones de carbono cada vez más pronunciadas en los años futuros.

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Trayectorias de reducción de emisiones asociadas con una probabilidad del 66% de limitar el calentamiento por debajo de 1,5ºC, sin depender de las emisiones netas negativas, para el año de inicio. La línea negra gruesa muestra las emisiones históricas, mientras que las líneas de color muestran diferentes trayectorias para limitar el calentamiento a 1,5ºC. | Carbon Brief

En resumen: el tiempo se está acabando rápidamente. Sólo por esta razón, 2021 iba a ser en cualquier caso un año crítico en la lucha contra el colapso climático. Pero entonces llegó la Covid-19.

"La Gran Pausa”

Hace doce meses parecía que el año 2020 iba a ser otro año en el que se batiría el récord de emisiones de carbono. Pero a medida que la Covid-19 se extendía rápidamente por todo el mundo, las empresas se vieron obligadas a cerrar, los viajes internacionales se paralizaron, los eventos se cancelaron y se dijo a la gente que se aislara en su casa.

No es de extrañar que esta "Gran Pausa" haya hecho que las emisiones de carbono disminuyan: según el Proyecto Global de Carbono, las emisiones mundiales se redujeron en un 7% en 2020. A pesar de que fue la mayor caída relativa desde la Segunda Guerra Mundial, esto todavía no es nada en comparación con lo que se necesita para cumplir con los objetivos de París. Si el calentamiento debe limitarse a 1,5ºC, entonces las emisiones deben disminuir en un 14% cada año hasta 2040.

Algunos han mencionado esta caída de las emisiones como la prueba de que la Covid-19 ha ayudado a "salvar el planeta". Además de ser tremendamente exageradas, estas afirmaciones también resultan ofensivas: la idea de que una pandemia que ha causado un inmenso sufrimiento y ha matado a más de un millón de personas debería ser celebrada es obviamente perversa. Los cierres inducidos por una pandemia no proporcionan un modelo para la acción climática.

Pero lo más importante es que los que dicen que la pandemia ayudará al medio ambiente son precisamente los que tienen los conceptos al revés. Como muchas otras enfermedades infecciosas, la Covid-19 tiene sus orígenes en la invasión de la actividad humana en los ecosistemas naturales. A medida que más y más países han tratado de maximizar el crecimiento económico, actividades como la tala de árboles, la minería, la construcción de carreteras, la agricultura intensiva y la urbanización han provocado una destrucción generalizada del hábitat, lo que ha llevado a las personas a un contacto cada vez más estrecho con las especies animales.

Como dijo la jefa de medio ambiente de las Naciones Unidas, Inger Andersen: "Nunca han existido tantas oportunidades para que los patógenos pasen de los animales salvajes y domésticos a las personas".

Según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU., tres cuartas partes de las enfermedades nuevas o emergentes que infectan a los humanos se originan en los animales. En el caso de la Covid-19, se cree que el virus se originó en la población de murciélagos de China y luego se transmitió a los humanos a través de otro mamífero huésped. Si seguimos en nuestra trayectoria actual, aunque la Covid-19 podría ser la primera pandemia que muchos de nosotros hemos experimentado, es casi seguro que no será la última.

Por lo tanto, la Covid-19 no es una acción aleatoria de Dios. Al igual que el cambio climático, es un síntoma de la aceleración del colapso ambiental, que a su vez es producto de un modelo económico que depende del crecimiento y la acumulación. Visto de esta manera, la idea de que la Covid-19 puede ayudar de alguna manera a la crisis medioambiental es absurda: son dos caras de la misma moneda. Para abordar ambas, tenemos que abordar la raíz del problema.

¿Construyendo mejor?

A medida que las vacunas empiezan a extenderse por todo el mundo, la atención se centra ahora en cómo se puede reiniciar la economía global. Con el aumento del desempleo y las dificultades económicas, los líderes se enfrentarán a una creciente presión para restablecer el "business as usual" lo antes posible.

Pero hacer esto no sería un acto neutral - sería una decisión activa para profundizar nuestra crisis ambiental. Restablecer el status quo después de derrotar a la Covid-19 sería como celebrar la victoria sobre el cáncer de pulmón fumando cien cigarrillos. La cura de la enfermedad nunca puede ser su causa.

El resultado es que la pandemia ha demostrado que es posible reestructurar radicalmente las economías en plazos cortos, siempre que exista la voluntad política de hacerlo. Muchos países ya han prometido "reconstruir mejor" a partir de la pandemia.

En 2021, esta retórica debe ir acompañada de la realidad. Si la pandemia no puede curar la crisis ambiental por sí misma, la forma en que estructuramos la recuperación de esta sí puede.

Restablecer el status quo después de derrotar a la Covid-19 sería como celebrar la victoria sobre el cáncer de pulmón fumando cien cigarrillos.

En lugar de gastar miles de millones para devolver a las economías nacionales a su curso destructivo, los gobiernos deben en cambio forjar un camino diferente desencadenando un vasto programa de inversiones para descarbonizar la economía mundial tan rápido como sea posible, y llevar nuestra huella ambiental dentro de límites justos y sostenibles.

Los países del Norte Global, que han desempeñado un papel desproporcionado en su contribución al colapso del medio ambiente, tienen la obligación moral de dar el ejemplo, apoyando al mismo tiempo una transición mundial justa. Además de situar la economía mundial en una senda más sostenible, esto crearía una nueva ola de empleos altamente cualificados y con bajas emisiones de carbono. De manera crucial, haría mucho menos probables los futuros brotes de enfermedades de origen animal como la Covid-19.

Algunos se preguntarán si podemos permitirnos tal empresa. Pero la pandemia ha demostrado que la asequibilidad es siempre una cuestión política, no técnica. Los bancos centrales han creado billones de dólares para sostener las economías durante la crisis, re-direccionar ni que sea una fracción de esto hacia las inversiones ecológicas podría poner al mundo en camino de cumplir el objetivo de la temperatura de 1,5ºC. Con los tipos de interés en mínimos históricos, nunca ha habido un mejor momento para impulsar la transición verde. La cuestión no es si podemos permitirnos hacer esto, sino si podemos permitirnos no hacerlo.

En 2008 rescatamos a los bancos. Esta vez, debemos rescatar el planeta.

La hora de la verdad para las superpotencias de carbono

Aprender las lecciones correctas de la Covid-19 será crítico, pero está lejos de ser el único evento importante de este año. Cuando se trata de cumplir con nuestros objetivos climáticos, en ningún lugar es más importante lo que está en juego que en las dos economías más grandes del mundo: los EE.UU. y China.

Juntos, estos dos países son responsables de casi la mitad de todas las emisiones mundiales, y será virtualmente imposible evitar la catástrofe climática sin que ambos hagan cambios radicales. Nos guste o no, gran parte del poder para reducir materialmente la huella de carbono de la humanidad reside en Washington y Beijing. Afortunadamente, el año 2021 se perfila como un año decisivo en ambos países.

A finales de este mes, Joe Biden reemplazará a Donald Trump como el 46º presidente de los Estados Unidos. Frente a la creciente presión de los defensores del clima, Biden anunció que se asegurará de que los EE.UU. llegue a las emisiones netas cero a más tardar en 2050. Sin embargo, algunos temen que unja vez en el poder Biden será enfático en la retórica pero parco en la acción concreta. Y con un sistema político inundado de dólares de combustibles fósiles y de negacionistas del cambio climático, hay dudas sobre si puede cumplir, incluso si lo intentara.

Gran parte del poder para reducir materialmente la huella de carbono de la humanidad se encuentra en Washington y Beijing.

En China, el Presidente Xi Jinping ya se ha comprometido a que el país sea "neutral en cuanto al carbono" para 2060. Sin embargo, es crucial que los detalles de cómo se logrará esto se revelen en el tan esperado 14º plan quinquenal del Partido Comunista que se publicará en marzo, y que abarca del 2021 al 25.

De particular importancia serán los objetivos vinculantes que se establezcan sobre la proporción de combustibles no fósiles en la combinación de energía primaria y la trayectoria del uso de la energía del carbón. Ambas tendrán un enorme impacto en los esfuerzos de China por reducir las emisiones en los próximos cinco años.

En conjunto, no es muy exagerado decir que el paquete climático del presidente Biden y el próximo plan quinquenal de China podrían ser los paquetes de políticas más importantes de la historia de la humanidad.

Más allá de París

En su esencia, el cambio climático es un problema de acción colectiva: los intereses a corto plazo de cada país individual están en conflicto directo con los intereses a largo plazo del planeta en su conjunto. Por lo tanto, es esencial que la acción nacional esté dirigida por la cooperación internacional. Una vez más, el año 2021 nos ofrece una coyuntura crítica.

En noviembre de este año, los líderes mundiales se reunirán en Glasgow para celebrar la COP26, la sucesora de la histórica reunión de París de 2015. De acuerdo con los términos del acuerdo de París, los países se comprometieron a volver a reunirse cada cinco años para mejorar sus ambiciones de reducción de emisiones de carbono. La COP26 proporcionará la que quizás sea la última oportunidad para que los líderes mundiales acuerden objetivos compatibles con la limitación del calentamiento a 1,5ºC. Para cuando se celebre la próxima gran reunión de la COP en 2026, puede que sea demasiado tarde.

Por lo tanto, es difícil exagerar lo que está en juego este año. Si alguna vez hubo un punto de crisis en la crisis climática, ese es el año 2021. Nos enfrentamos a una bifurcación del camino de la humanidad, y las decisiones tomadas en los próximos 12 meses determinarán qué ruta elegimos.

Si se cumplen las promesas de "reconstruir mejor" a partir de la Covid-19; si el gobierno de Biden cumple sus promesas sobre el cambio climático; si el plan quinquenal de China cumple sus compromisos de descarbonización; y si la COP26 es un éxito, entonces podríamos tener la oportunidad de evitar la catástrofe climática.

La otra cara de la moneda es que si nada de esto sucede, nuestras perspectivas serán drásticamente diferentes. Si "reconstruir mejor" resulta ser un eslogan vacío; el plan climático del presidente Biden no logra superar la parálisis del sistema político de los Estados Unidos; el plan quinquenal de China incluye una vasta expansión de las centrales eléctricas de carbón; y la COP26 es un fracaso diplomático, entonces nos encontraremos atrapados en una trayectoria muy peligrosa.

Una constelación de eventos como este no aparece todos los años. El tiempo es corto, así que aprovechémoslo al máximo.

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