50.50: Opinion

¿Qué significa la justicia para los indígenas sobrevivientes del genocidio en Canadá?

El hallazgo de nuevas tumbas de niños indígenas captados por el gobierno para su asimilación forzosa estremece, por fin, al mundo

Brandi Morin
5 julio 2021, 8.15am
Instalación en Vancouver en honor de 215 niños y niñas indígenas cuyas tumbas anónimas fueron encontradas en mayo de 2021
|
JSMimages / Alamy Stock Photo. Todos los derechos reservados

Imagina que tu hijo fue arrancado de tus brazos por la policía en cumplimiento de las leyes de tus opresores; que el demonio de la colonización y la asimilación forzada, disfrazado de instituciones religiosas, se robó a tus hijas – y que la sangre de tu sangre fue golpeada, violada, avergonzada y despojada de su identidad; o que tu hija – o tu hermana, hermano, tía o tío – murió de desnutrición, condiciones de vida insalubres o a manos de sus abusadores. Imagínate esto mientras sientes que el corazón se te sale del pecho.

Los espíritus de esos niños indígenas perdidos claman por justicia. Finalmente, el mundo parece estar prestando atención.

El descubrimiento el mes pasado de un sitio de enterramiento en la provincia Saskatchewan con miles de huesos – los restos de 751 personas, entre ellas muchas niñas y niños inocentes que fueron obligados a vivir en esas casas del horror conocidas como ‘escuelas residenciales indias’ – desató repercusiones mundiales. Se dio apenas semanas después de un hallazgo similar en la provincia Columbia Británica: 215 tumbas sin identificar en otra antigua escuela residencial.

El 30 de junio se produjo el tercer descubrimiento,182 tumbas sin marcar en otra escuela también en la Columbia Británica.

Petition: Make sure you’re not funding anti-gay ‘conversion therapy’

After a six-month openDemocracy investigation, major aid donors and NGOs have said they will investigate anti-LGBT ‘conversion therapy’ at health facilities run by groups they fund.

But unlike the other aid donors, US aid agency PEPFAR has not responded at all.

Please sign this petition to show that it must take action now.

Con demasiada frecuencia el mundo ve a Canadá como líder en materia de paz e igualdad, así como un lugar de inmensas extensiones de bellezas naturales. Esa fachada ha caído para bien.

Las ‘escuelas residenciales indígenas’ eran internados obligatorios con la misión oficial de ‘asimilar’ a la infancia indígena, financiados por el gobierno canadiense y administrados mayoritariamente por la Iglesia Católica. Funcionaron más de 100 años; el último cerró sus puertas en 1997. Durante décadas no se habló de los horrores de esos lugares, mientras de los sobrevivientes se esperaba que se limpiaran las lágrimas y siguieran adelante sin quejarse. ‘Supéralo’ parecía ser la actitud dominante.

Violencia colonial pasada y presente

No espero ver justicia para los crímenes de nuestros niños en lo que me queda de vida. Pero la sanación es posible. De hecho, los pueblos indígenas de Canadá están empezando a sanar. Nuestras generaciones más jóvenes están encendidas, reviviendo nuestras culturas y ganando fortaleza. Nos estamos levantando con nuestro propio poder como Pueblos Indígenas y reclamando lo que nos robaron.

Yo y muchas personas indígenas estamos perdiendo la paciencia con la gente que argumenta que nuestro contexto no es de genocidio. Esto es lo que hemos experimentado: el robo de nuestras tierras y recursos y la opresión de los Primeros Pueblos. Esto no terminó con el cierre de la última escuela residencial en 1997. La violencia colonial está vivita y coleando bajo la forma de lo que el propio primer ministro Justin Trudeau ha reconocido como el actual genocidio de mujeres desaparecidas y asesinadas y de las niñas que son blanco de violencia 12 veces más que sus pares no indígenas.

Las condiciones de vida inseguras y la distribución de agua insalubre existen en numerosas comunidades de las Primeras Naciones. Las tasas de suicidio han llegado a proporciones epidémicas. Hombres y mujeres indígenas están muy sobrerrepresentados en la población carcelaria y son mucho más susceptibles de experimentar brutalidad policial.

Más de la mitad de los niños en programas de acogida son indígenas. Esto significa, irónicamente, que hoy el estado está a cargo de la crianza de más niños indígenas que en los años cumbre del sistema de escuelas residenciales. Y encima de todo esto, el gobierno federal se niega a cumplir fallos de la Corte Suprema de pagar reparaciones a menores que estuvieron en sistemas de acogida.

Nuestras familias siguen sufriendo las consecuencias del trauma intergeneracional que supusieron los abusos atroces de las escuelas residenciales. ¿Cómo se puede esperar que la gente funcione con normalidad luego de ser degradada, avergonzada y abusada física, verbal, sexual y espiritualmente?

Esa era maligna, junto con el colonialismo en general, llegó casi a aniquilarnos. A quienes sobrevivieron los lanzaron, quebrados y deshonrados, al mundo blanco. Para demasiada gente, las secuelas incluyeron adicciones, disfuncionalidad, abuso, violencia y otras formas de devastación.

La complacencia del gobierno canadiense para remediar las violaciones de los derechos indígenas es tan vasta como los territorios que controla

Canadá se hizo rico explotando tierras indígenas y sigue incumpliendo sus múltiples obligaciones establecidas por tratado con las naciones indígenas luego de la confederación de 1867, cuando varias colonias se unificaron dando lugar al país tal como se lo conoce hoy.

Gobiernos e industrias ocupan y arrasan territorios indígenas no cedidos para obtener lucro, expulsando por la fuerza a los defensores de la tierra y destruyendo lo poco que queda de las tierras tradicionales, que son sagradas y esenciales para la sobrevivencia de las naciones indígenas.

Canadá menosprecia nuestros derechos humanos de manera sistemática y activa. ¿Cómo podemos lograr justicia, o una sanación adecuada, cuando sigue la guerra contra nuestro pueblo?

¿Qué sería hacer justicia?

El hallazgo de cuerpos en esas infernales escuelas residenciales ha sido duro para los sobrevivientes, sus familias y las naciones indígenas. Nosotros ya sabíamos que algunos niños habían sido arrojados a tumbas no identificadas. Algunos sobrevivientes habían contado que se les obligaba a cavar las tumbas de sus compañeros de clase, o que fueron testigos de asesinatos, ante la Comisión de la Verdad y la Reconciliación de Canadá (TRC), cuyo informe final fue publicado en 2015.

Por entonces, los integrantes de la TRC solicitaron fondos al gobierno federal (menos de dos millones de dólares canadienses) para investigar esas denuncias y localizar los cuerpos. Se los negaron. Algunas naciones indígenas tomaron el asunto en sus manos, y empleando sus escasos recursos se dieron a la búsqueda de sus familiares desaparecidos.

Ahora que los cuerpos están literalmente saliendo a la superficie, ¿Canadá está conmocionado? Qué farsa. Muchos canadienses han permanecido largo tiempo negando las verdades de la historia de su país y las penurias de los pueblos indígenas.

La ignorancia y el racismo abundan en este ambiente. La complacencia del gobierno canadiense para remediar las violaciones de los derechos indígenas es tan vasta como los territorios que controla. Debería divulgar más información sobre las escuelas residenciales (incluyendo la identidad de los perpetradores), investigar abusos y asesinatos y llevar a los responsables a la justicia.

La justicia también exigiría que Canadá se responsabilice en el ámbito internacional por sus crímenes contra la humanidad. Y que el papa Francisco, líder de la Iglesia Católica que administró 70% de las escuelas residenciales indias, pida perdón por el rol de su institución en esta horrorosa historia.

Dentro de Canadá, la justicia requeriría una defensa inequívoca de los derechos indígenas; la revitalización de las lenguas nativas (que los niños tuvieron prohibido hablar hasta 1997); respaldo para la sanación de décadas de abuso sistemático; y un nuevo respeto a la soberanía y valor intrínseco de las naciones indígenas.

También implicaría la devolución de las tierras robadas a nuestras comunidades, la compensación por las riquezas obtenidas durante décadas sobre las espaldas de los pueblos indígenas; y la posibilidad de que nuestra generación y las futuras prosperen – en lo espiritual, en lo físico y en lo económico.

Trudeau ha dicho: “Ninguna relación es más importante para Canadá que su relación con los Pueblos Indígenas”. Pero la justicia requiere acción – no palabras ensayadas. Requiere sacudir los cimientos mismos de esta nación. Desenterrar las verdades del pasado perverso y el presente preocupante de Canadá. Extirpar las ideologías y los sistemas racistas, y reconstruir juntos en todas las áreas de la sociedad.

La autora es una periodista indígena canadiense

Had enough of ‘alternative facts’? openDemocracy is different Join the conversation: get our weekly email

Comentarios

Animamos a todo el mundo a que haga comentarios, Por favor, consulte las intrucciones de openDemocracy para comentarios
Audio available Bookmark Check Language Close Comments Download Facebook Link Email Newsletter Newsletter Play Print Share Twitter Youtube Search Instagram WhatsApp yourData