Imagina que tu hijo fue arrancado de tus brazos por la policía en cumplimiento de las leyes de tus opresores; que el demonio de la colonización y la asimilación forzada, disfrazado de instituciones religiosas, se robó a tus hijas – y que la sangre de tu sangre fue golpeada, violada, avergonzada y despojada de su identidad; o que tu hija – o tu hermana, hermano, tía o tío – murió de desnutrición, condiciones de vida insalubres o a manos de sus abusadores. Imagínate esto mientras sientes que el corazón se te sale del pecho.
Los espíritus de esos niños indígenas perdidos claman por justicia. Finalmente, el mundo parece estar prestando atención.
El descubrimiento el mes pasado de un sitio de enterramiento en la provincia Saskatchewan con miles de huesos – los restos de 751 personas, entre ellas muchas niñas y niños inocentes que fueron obligados a vivir en esas casas del horror conocidas como ‘escuelas residenciales indias’ – desató repercusiones mundiales. Se dio apenas semanas después de un hallazgo similar en la provincia Columbia Británica: 215 tumbas sin identificar en otra antigua escuela residencial.