En medio a una crisis económica que azota a la nación centroamericana más próspera, el pasado domingo 3 de abril los costarricenses eligieron como su presidente para los próximos 4 años a Rodrigo Chaves, un polémico economista conservador, exfuncionario del Banco Mundial, que derrotó en las urnas al candidato de la centro izquierda y expresidente, José María Figueres.
Chaves, con una experiencia casi nula en política, llega al poder con la promesa de reformar el sistema y recuperar la economía. Al igual que muchos de los políticos del panorama mundial (Bolsonaro, Johnson, Le Pen), se presenta ante sus electores como un anti-establishment que tiene como objetivo reducir los privilegios de la clase política, y bajar el costo de vida para sus paisanos, incluso si esto requiere de gobernar a través de referendos, y así eludir a un Congreso con el que no le será fácil negociar.
La elección estuvo marcada por la alta abstención y revela el descontento generalizado de la población con la política tradicional. Solo el 57,2% de la costarricenses aptos para votar acudieron a las urnas, uno de los índices de participación electorales más bajos de las últimas décadas.