La elección de Gustavo Petro y Francia Márquez, el pasado 19 de junio, como los próximos presidente y vicepresidenta significó un terremoto político para Colombia. Independientemente de lo que ocurra con el gobierno de Petro partir de su posesión el próximo 7 de agosto, en el país ya se produjeron cambios importantes.
El primero es que Colombia ha elegido, con la abstención más baja en 24 años, un presidente que combina ideas de izquierda y del liberalismo radical del siglo XX sobre la necesidad de la reforma rural, la justicia social y la desigualdad, más agendas progresistas del siglo XXI conectadas con debates globales sobre transición energética, cambio climático y regulación de las drogas de uso ilícito.
El segundo cambio es que Colombia también ha elegido por primera vez a una mujer negra, quien, si bien es nueva en la escena política tradicional, trae consigo una trayectoria como lideresa ambiental y encarna el sueño de la Constitución Política de 1991, que concibe a Colombia como un país multiétnico y multicultural.