
El presidente de Nicaragua, Daniel Ortega y la primera dama Rosario Murillo, saludan a los simpatizantes durante un evento conmemorativo del 36º aniversario del Frente Sandinista de Liberación Nacional. AP Foto / Esteban Felix.
Tras haber sido proclamado ganador de la elección presidencial celebrada el 6 de noviembre en Nicaragua, Daniel Ortega, el Comandante que durante la revolución sandinista derrocó a una dictadura dinástica de 50 años, ejercerá un tercer mandato consecutivo. Ortega designó a Rosario Murillo, primera dama y directora de la estrategia de comunicación gubernamental, como su compañera de candidatura, asegurando así la concentración del poder en manos de su familia. Durante los últimos diez años del gobierno de Ortega, la separación de poderes, el respeto de los derechos humanos y la libertad de prensa se han deteriorado de manera constante. Asistimos a una repetición preocupante de la historia.
El proceso electoral del 6 de noviembre se caracterizó por una abstención masiva, la ausencia de los principales partidos de oposición en la papeleta de voto y la prohibición de observadores internacionales independientes. Los preparativos para quebrantar la legitimidad de las elecciones empezaron cuando, en junio de este año, la Corte Suprema de Justicia destituyó a 16 diputados titulares y a 12 suplentes pertenecientes al principal partido opositor. La Corte destituyó al líder de la oposición, y designó en su lugar a otro congresista, considerado más 'cercano' al partido de gobierno.