No pasaron muchas horas después del asesinato del Primer Ministro para que un tsunami de mensajes de nuestras embajadas comenzara a llegar al Ministerio de Relaciones Exteriores en Estocolmo. Nadie reivindicó la autoría de la muerte de Olof Palme, pero mucha gente tenía información "ultra secreta" y de "suma importancia" para compartir con nosotros.
Yo era viceministro de Relaciones Exteriores en ese momento, y pronto tuvimos una larga lista de acusaciones escandalosas, puras fantasías, posibles artimañas, y teorías de conspiración nacionales e internacionales creíbles o menos creíbles. Pero también había "artículos" que necesitaban atención urgente. Después de añadir nuestro propio análisis, entregamos un memorándum al jefe de la unidad especial de investigación, Hans Holmér, jefe de policía del condado de Estocolmo.
Debido a su obstinada persecución de un grupo militante kurdo llamado PKK, Holmér ignoró nuestra lista. Con eso, toda la investigación se vino abajo, y no se recuperaría hasta 30 años después.