democraciaAbierta: Opinion

Acabar con el ecocidio y las armas nucleares para asegurar nuestra supervivencia colectiva

Si queremos asegurar un futuro en la tierra tenemos que impedir los crímenes ambientales y prohibir las armas nucleares

Pierre Schori
2 febrero 2022, 12.29pm
Protesta contra las inversiones en combustibles fósiles delante de la sede de Standard Chartered en Londres
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Alamy Stock Photo

Cuando el 30 de enero se le concedió a la activista indígena ecuatoriana Patricia Gualinga el premio Palme por su larga lucha contra el saqueo de la Amazonia hacía cincuenta años que Suecia había acogido, bajo el lema Only One Earth la primera conferencia mundial sobre el medio ambiente auspiciada por la ONU.

Al mismo tiempo que Olof Palme inauguró dicha conferencia el 5 de junio de 1972 se manifestaban 7000 personas contra el envenenamiento de los bosques de Vietnam. En la sesión plenaria del día siguiente, Palme usó el concepto “ecocidio” para referirse a los bombardeos y los definió como “una atrocidad que inevitablemente exige la atención de todo el mundo”.

La reacción a sus palabras fue dura en la prensa burguesa. La excepción fue Dagens Nyheter que defendió enérgicamente a Palme.

” ¿Les es tan sumamente ajeno que pueda parecer como insoportablemente mendaz permitir que una conferencia sobre el medio ambiente mundial en toda su amplitud transcurra sin mencionar oficialmente que, al mismo tiempo, se está llevando a cabo, a gran escala, el crimen medioambiental más sistemático y técnicamente refinado de la historia en el marco de la guerra de Vietnam”?

Sin embargo, en un informe secreto dirigido al ministro de Asuntos Exteriores Herter, la delegación estadounidense era objetiva y rendía homenaje a la labor de Suecia. Consideraba también que el presidente de la conferencia Ingemund Bengtsson era “hábil y eficaz” y que los funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores Hans Blix y Ove Heyman habían hecho “un trabajo excepcional que honra a su delegación y a su país”.

Tiempo después las grabaciones secretas en la Casa Blanca desvelaron que el presidente Nixon montó en cólera cuando el 8 de junio analizó la conferencia con su consejero de seguridad nacional Henry Kissinger.

Nixon: Ya sabes esa conferencia de Estocolmo. Las únicas noticias que llegan de allí son las de ese maldito primer ministro sueco que interviene en la conferencia y dice que los EE UU contaminan el medio ambiente en Vietnam. Su idea es que esta guerra, que hay guerras morales y guerras inmorales…

Kissinger: El primer ministro sueco también ha soltado algo más. Ha dicho que el gobierno norteamericano ha socavado la democracia y que debe salir de Vietnam sin condiciones.

Seis meses después se iniciaba una ofensiva aérea estadounidense que en doce días lanzó 20.000 toneladas de bombas sobre Hanói.

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Manifestación en defensa del medio ambiente Estocolmo el 5 Junio de 1972.
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UN Photo/Yutaka Nagata

Ese día Palme telefoneó personalmente a la agencia de noticias TT y leyó su texto en Radio Suecia. Volvió a usar la palabra atrocidad: “A las cosas hay que llamarlas por su verdadero nombre. Lo que está ocurriendo en Vietnam es una forma de tortura. Y por eso los bombardeos son una atrocidad”.

Entonces reaccionó Nixon. Retiró a su embajador. Pero Palme se lo tomó con calma. Comunicó con toda franqueza al New York Times que él estaba dispuesto a discutir públicamente con el presidente Nixon, cuando quisiera, donde quisiera, en el medio que eligiese, sobre los principios de la democracia. “Las armas de la democracia son los argumentos. Las bombas no son argumentos”, dijo Palme.

No hay vencedores en una guerra nuclear. Los adversarios se unirían únicamente en sufrimiento y destrucción

En unos tiempos en que la carrera armamentista con armas nucleares y la amenaza de la mutua destrucción, las cuestiones del medio ambiente cayeron en el olvido. Ello hizo que Olof Palme hiciese suya la sugerencia de Willy Brandt para crear la llamada comisión Palme que en su informe final, diez años después de la conferencia de Estocolmo, lanzó el concepto de “seguridad compartida”

Formaban parte de la comisión Cyrus Vance, exministro de Asuntos Exteriores estadounidense, Georgi Arbatov, estrecho colaborador del entonces líder de la URSS Leonid Brezjnev, y otros catorce políticos procedentes del este y el oeste, del norte y el sur.

La comisión señaló un camino bien argumentado para salir del suspense del equilibrio del terror nuclear con una potente conclusión que encontró apoyo en los líderes de las dos superpotencias militares mundiales, Mijaíl Gorbachov y Ronald Reagan: “No hay vencedores en una guerra nuclear. Los adversarios se unirían únicamente en sufrimiento y destrucción. Sólo pueden sobrevivir juntos. No contra el adversario sino junto con él. La seguridad internacional debe descansar en la cooperación para la supervivencia en común en lugar de sobre amenazas de mutua aniquilación.”.

Cuando, después del asesinato de Palme, el primer ministro Ingvar Carlsson tomó el relevo, no dudó, durante su visita oficial al presidente Reagan en 1987, en presentar un mensaje que ningún otro huésped de la Casa Blanca había pronunciado antes en ese lugar: “Como dicen usted y el señor Gorbachov no se puede ganar una guerra con armas nucleares, en esa guerra sólo hay perdedores, y todos vamos a pertenecer a la categoría de derrotados. Es por eso por lo que nosotros, representantes de una nación que no tiene armas nucleares, creemos que tenemos una responsabilidad en lo relativo a luchar por la paz y evitar un conflicto nuclear”.

Hoy se cometen sistemáticamente crímenes contra la naturaleza a escala global

El año 2018, treinta y seis años después de su alabada participación en la conferencia sobre el medio ambiente, el exministro de Asuntos Exteriores, el político liberal Hans Blix, formula así el dilema existencial de nuestro tiempo: “Los arsenales nucleares bastan para terminar con la civilización humana por medio de un suicidio rápido, al mismo tiempo hemos añadido el peligro de un suicidio lento por medio del calentamiento global”.

Entonces también la cuestión del “suicidio lento” había cobrado actualidad.

Hoy se cometen sistemáticamente crímenes contra la naturaleza a escala global, nos encontramos en una situación crítica planetaria, subraya Pella Thiel, presidente de End Ecocide Sweden.

La mayoría de las acciones que se consideran ecocidio tienen relación con actividades militares, pero se menciona también que “los desplazamientos forzados de personas o animales de su medio natural con fines militares o industriales” deben considerarse ecocidios. Desgraciadamente también ahí hay un elemento sueco.

El 11 de noviembre de 2021 informó la fiscalía internacional de Estocolmo que Ian Lundin, accionista mayoritario de Lundin Energy, había sido procesado junto con Alex Schneiter, miembro del consejo de administración, por complicidad en un grave delito de derecho internacional en Sudán.

La investigación de las autoridades demostró que los militares y sus milicias aliadas habían bombardeado desde aviones de transporte, que ametrallaban a la población civil desde helicópteros de combate, desalojaban y robaban a civiles e incendiaban pueblos enteros y cosechas “para que la gente no tuviese nada de qué vivir” explicó el fiscal Henrik Attorp

Y añadió: “Los crímenes de guerra están entre los crímenes más graves

que Suecia tiene la obligación internacional de investigar y castigar”.

La empresa de Lundin, también operaba en Ecuador. La empresa pronto encontró resistencia en los territorios de la galardonada con el premio Palme, resistencia de los indígenas quichua del pueblo de Sarayaku. 8

El ecocidio también ha hecho su entrada en la gran política. En julio de 2020 el presidente de Francia Emmanuel Macron se incorporó a la corriente con la siguiente declaración:

“En lo tocante a ecocidio comparto la ambición de asegurar que este término, ecocidio. esté consolidado en el derecho internacional de manera que los líderes sean responsables ante la Corte Penal Internacional (CPI), de La Haya.” 9

Después varios estados han mostrado interés por la cuestión, entre otros Bélgica y Finlandia así como algunas naciones insulares.

Debemos partir de la base de que el gobierno sueco está trabajando en esta cuestión ante la reunión que se celebrará en Estocolmo en junio.

Suecia también debe sumarse a la exigencia de prohibición total de las armas nucleares, “la parte rápida del suicidio colectivo”.

Palme siguió con el tema en su último discurso en la ONU, en otoño de 1985, exigiendo una prohibición del uso de las armas nucleares.

“Lo que se debe condenar moralmente, también debería ser objeto de una prohibición expresa, establecida por medio de un convenio internacional vinculante”.

Entonces las naciones poseedoras de armamento nuclear eran cinco, hoy son nueve con la India y Pakistán, Israel y Corea del Norte como nuevos, y no precisamente moderados, miembros de ese grupo.

En el año 1999 la Corte Penal Internacional de la Haya comunicó en una declaración consultiva que, en líneas generales, el uso de armas nucleares conculcaría el derecho internacional humanitario. Entonces Suecia estuvo de acuerdo.

En julio de 1999, Austria promulgó una ley que implica una estricta prohibición de armas nucleares.” En Austria no se pueden fabricar, almacenar, transportar, probar o utilizar armas nucleares. Tampoco se pueden crear instalaciones para el estacionamiento de armas nucleares”. En realidad esto significa que Austria puede ser considerada como el embrión de una futura zona libre de armas nucleares en Europa.

En 2017 la ONU aprobó el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW, por sus siglas en inglés), el gobierno sueco votó sí al tratado.

Pronto toda América Latina será una zona libre de armas nucleares

Ahora la prohibición es ley internacional. El pasado mes de septiembre Chile se convirtió en la nación número 56 del mundo y la decimotercera de América Latina en ratificar el TPNW. Pronto toda América Latina será una zona libre de armas nucleares.

Somos muchos los que esperamos impacientes que Suecia también lo ratifique.

La inquietante situación actual de la política de seguridad no debe hacernos olvidar que nosotros, los terrícolas, estamos todos interrelacionados económica y políticamente, ecológica y pandémicamente

Impedir los crímenes medioambientales y prohibir las armas nucleares es la misma lucha para nuestra supervivencia en común.

Palme terminó su discurso de 1972 con unas palabras que aún conservan su vigencia: “El futuro es común. En común tenemos que compartirlo. Juntos tenemos que construirlo.”

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