
Manifestante con una pancarta donde puede leerse “Fuera Temer” durante una protesta en defensa de Dilma Rousseff en Sao Paulo, Brasil. 10 de junio de 2016. AP Photo / Andre Penner. Todos los derechos reservados.
Después de haber tenido su momento álgido durante los días que antecedieron a la decisión del Senado Federal brasileño de apartar provisionalmente de su cargo a Dilma Rousseff, el día 12 de mayo de 2016, el movimiento “contra el golpe”, que presentaba a la presidente como víctima, perdió fuelle. Hoy, se mantiene por conveniencia. Se intentó reforzarlo mediante los eslóganes “Fuera, Temer” y “No reconozco el gobierno golpista” con el objetivo de zaherir y deslegitimizar el gobierno interino que se ha hecho con el poder mientras el Senado Federal analiza y juzga el proceso de impeachment de Dilma, pero no se ha logrado animar el debate público o la vida política. El movimiento no se ha apoyado en análisis realistas y ha banalizado la idea del “golpe”, vaciándolo de sentido. Sus eslóganes han acabado teniendo como único cometido ser la música de fondo para algunos actos de protesta y determinadas asambleas reivindicativas.
Gradualmente, la opinión pública brasileña, los políticos del país e inclusive los partidos que sostuvieron el gobierno de Dilma Rousseff – empezando por el PT – han ido inclinándose ante las circunstancias y la realidad política, que están marcando otro rumbo y dando otra perspectiva a la gobernabilidad democrática y a la institucionalidad política del país.