Esta columna ofrece un inédito panorama de las emociones colectivas que emergieron tras el 18/O en Chile, a partir de un estudio con grupos focales. Sugiere que el estallido actuó como un detonante emocional que hizo crecer la desconfianza en el poder, en la elite financiera y en la ideología del mérito, a la vez que permitió la reaparición de la palabra pueblo, la esperanza en soluciones colectivas y la posibilidad de hablar entre todos sobre lo que antes se vivía con resignación. Esto último es clave, dicen los autores y autoras: para que el estallido cuaje en un cambio social, es necesario que los chilenos nos escuchemos entre todos, particularmente a quienes están en una posición menos privilegiada.
“La gente antes tenía más miedo, siempre se murmuraba (…) Y uno siempre ahí era puro murmurar nomás, pero ahora con los estudiantes… ellos ya como que tomaron eso del poder, de decir ¡no, ya está bueno ya!”