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La Covid-19 y la amazonía: el pulmón del mundo se muere por falta de oxígeno

Las autoridades deberían poner especial cuidado en la protección de estas comunidades, pero los números, la lejanía, el desprecio y el racismo histórico no acompañan. Português

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22 May 2020
Ovidio de Souza, una persona indígena Satere-Mawe, con una máscara facial para prevenir la infección por coronavirus el 10 de mayo de 2020, Brasil, Manaos
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Lucas Silva/DPA/PA Images

Entender una gran crisis de carácter global como es la pandemia de la Covid-19 es particularmente complejo. Las realidades socioeconómicas y demográficas son distintas, los contextos sanitarios son diversos, las fuentes de información dispares y solo queda recurrir a la comparación de números, quizás porque los números tienen un aire de objetividad y neutralidad que otras fuente de información no tienen.

Sin embargo, obsesionados con las cifras de los grandes titulares, tendemos a olvidar regiones afectadas por esos mismos desastres que no vienen acompañadas de números espectaculares que llamen suficientemente la atención.

Así, a menudo son las regiones olvidadas, habitadas por poblaciones particularmente vulnerables, las que escapan a la atención de las políticas públicas y al escrutinio de los medios, y son las pagan el precio más alto.

Actualmente, tres meses después de que los casos de coronavirus empezaran a crecer exponencialmente en Italia y a poner al mundo en alerta roja, la pandemia está golpeando América Latina y es aquí donde están algunas de las poblaciones vulnerables que están sufriendo las consecuencias más graves de la crisis de la Covid-19, sobre todo las situadas en la cuenca amazónica.

“El pulmón del mundo se muere por falta de oxígeno y esa es nuestra triste realidad”, dijo sobre la falta de ventiladores Carlos Calampa, el director de Salud de la región amazónica de Loreto, de las más afectadas por el coronavirus en Perú.

Brasil

Con 20 mil fallecidos y más de 300 mil casos confirmados, Brasil tiene la mayor tasa de infección de toda América Latina y la tercera del mundo, solo después de Estados Unidos y Rusia. Lo más preocupante es que la epidemia en Brasil no es solo una amenaza para sí mismo, sino también para todos sus vecinos, especialmente con los que comparte la inmensa cuenca del Amazonas.

Dentro de sus fronteras, el virus se está propagando a toda velocidad, alcanzando lugares aislados donde no existen grandes hospitales con capacidad de internar pacientes.

Los pacientes en estado grave tienen que ser transferidos en avionetas a Manaos, capital del estado brasileño del Amazonas, donde se encuentran las únicas unidades de cuidados intensivos de la región. Pero las avionetas, cuando están disponibles, no pueden aterrizar en lugares sin iluminación durante la noche. Si alguien necesita ser internado después de la puesta del sol, tiene que esperar hasta el amanecer para ser transportado.

Según la Coordinación de Organizaciones Indígenas en la Amazonía Brasileña (COIAB), ya son por lo menos 435 casos confirmados de Covid-19 entre los pueblos indígenas, 91 muertes y 145 casos sospechosos. Por miedo al contagio, muchos miembros de comunidades indígenas están abandonando las aldeas para armar campamento en el corazón de la selva.

Los indígenas, que se vienen enfrentando a políticas discriminatorias de la administración Bolsonaro desde que asumió la presidencia en enero de 2019, acusan al gobierno de usar la pandemia para avanzar su ‘guerra’ contra la preservación de la región amazónica.

“El virus ha matado a muchas poblaciones indígenas en el pasado. Huimos de la gripe, la viruela y la fiebre escondiéndonos en la selva. Muchos murieron y se quedaron atrás. Rogamos apoyo para que los más de 900 mil indígenas que viven en aldeas y ciudades no sean eliminados. Lo que está claro es que el gobierno federal confía en los virus para diezmar a las poblaciones indígenas. Vemos los brazos del gobierno cruzados en la lucha contra el coronavirus,” dijo Concita Sompré, de la tierra indígena Mãe Maria, en el municipio de Bom Jesus do Tocantins, en el suroeste del estado del Pará, según la misma COIAB.

La situación en Manaos es particularmente catastrófica, y las imágenes de las fosas improvisadas cavadas a toda prisa en la tierra roja de su cementerio ya han dado la vuelta al mundo. Mientras tanto, Bolsonaro ha encargado a un militar sin experiencia la gestión de la pandemia, de pués de haber perdido a dos ministros de salud en el último mes, en abierta discrepancia con su irresponsable política.

Perú

El segundo país más afectado por la Covid-19 en América Latina es también un país con un gran territorio amazónico. Con más de 100 mil casos y más de 3 mil muertes, Perú ya cuenta con al menos 45 fatalidades entre grupos indígenas.

En la región de Loreto, donde nace el río Amazonas, los hospitales también están a punto de colapsar, lo que llevó al gobierno a desplazar a un equipo de salud, respiradores y otros suplementos desde Lima.

En el departamento de Ucayali, ya han fallecido 45 indígenas del grupo étnico Shipibo Konibo con síntomas de la Covid-19, según ha denunciado la Federación de Comunidades Nativas de Ucayali y Afluentes (Feconau).Hasta el pasado 11 de mayo, la comunidad indígena de Bellavista de Callarú tuvo seis fatalidades en apenas una semana, todas víctimas de la Covid-19, según un reportaje de Mongabay. Las muertes se dieron a pesar de las barreras de aislamiento del pueblo tikuna asentado en la Amazonía norte de Perú, en la triple frontera con Brasil y Colombia. Más de 60 personas fueron contagiadas, según las estimaciones.

Omar Montes, obstetra del centro de salud de la comunidad, cree que los contagios se dieron a través de las personas que tuvieron que viajar a Santa Rosa para conseguir auxilios del Estado, según Mongabay. Esa ciudad queda en la frontera con Leticia, Colombia, y Tabatinga, Brasil, ambas también con altos números de casos.

Colombia

El área más afectada de toda Colombia se concentra en Leticia, capital del departamento de Amazonas, en la frontera con Brasil y Perú. Hogar de unas 49.000 personas, la ciudad ya cuenta con más de 1.000 contagios y 35 fatalidades. El Instituto Nacional de Salud (INS) estudia si otras 20 muertes están relacionadas con la enfermedad.

Después de haber sobrevivido en el pasado a la explotación y la esclavitud, y a otros virus mortíferos traídos por los colonizadores, su destrucción ahora sería la continuación de un genocidio histórico

La región cuenta con dos centros médicos, ambos actualmente saturados e incapaces de atender a una cantidad de enfermos que va aumentando día a día. Ocho pacientes que se encuentran en la unidad de cuidados intensivos del Hospital San Rafael de Leticia serán trasladados de forma urgente por la Fuerza Aérea Colombiana a Bogotá.

Leticia es altamente dependiente de la ciudad brasileña de Tabatinga, donde llegan los grandes barcos trayendo provisiones alimenticias desde Manaos. Además, para las poblaciones locales, la frontera, de por sí casi imperceptible, no les pertenece. Para ellos, es parte de su cotidiano el ir y venir entre las dos localidades para trabajar, visitar parientes o hacer compras.

“Leticia depende de muchas de las cosas que llegan a Tabatinga, comprar un kilo de arroz traído de Bogotá nos cuesta 4.000 pesos; del Brasil, 2.000 pesos”, dijo el indígena Elver Viena, gobernador de la comunidad Jusy Monilla, de la etnia ticuna uitoto a El Tiempo.

Apenas empezaron los brotes, el diputado e indígena Camilo Suárez, conocido como el ‘diputado de la selva’, hizo un llamado al presidente Iván Duque: “El Amazonas está en SOS, señor Presidente, el Amazonas es Colombia y necesitamos de su ayuda. No estamos preparados para atender esta pandemia”.

Días después, Suárez falleció con síntomas ya demasiado familiares: fiebre, tos fuerte y falta de aire aunque, según el INA, su muerte no tuvo relación con el coronavirus.

Ecuador

Aunque Ecuador haya sido altamente impactado por el nuevo coronavirus, especialmente en su segunda mayor ciudad Guayaquil, su territorio amazónico parecía haber sido perdonado.

Pero el último domingo, 17 de mayo, el Ministerio de Salud Pública de Ecuador confirmó el primer caso de coronavirus en la comunidad indígena waorani de la Amazonía.

La paciente es una joven embarazada de 17 años. Ella comenzó a sentir síntomas relacionados con la Covid-19 a principios de mayo. Hoy está aislada en un hospital en Quito.

El gobierno, junto a líderes indígenas, identificaron a 40 otras personas con la cual la joven tuvo contacto y seis presentaron síntomas. Las comunidades indígenas amazónicas ecuatorianas hace tiempo que han reducido al mínimo los contactos con el exterior, pero se teme que esta medida de aislamiento puede haber llegado demasiado tarde.

Consecuencias

Lo que muestran las evidencias es que el coronavirus sigue propagándose peligrosamente por tierras indígenas amazónicas. Comunidades aisladas y tradicionales se están viendo directamente amenazadas por la Covid-19 en toda esta región. Después de haber sobrevivido en el pasado a la explotación y la esclavitud, y a otros virus mortíferos traídos por los colonizadores, su destrucción ahora sería la continuación de un genocidio histórico, y sería imperdonable para el mundo.

Aunque la muerte de 35 o de 91 indígenas comparativamente no parezca significativa, para una comunidad indígena, normalmente de reducidas dimensiones, formadas por 50, 100 o máximo 200 individuos, eso representa el colapso de todo un sistema, que nunca estará preparado para responder a un virus originado a 20 mil kilómetros de distancia, del otro lado del mundo.

Las autoridades deberían poner especial cuidado en la protección de estas comunidades, pero los números, la lejanía, el desprecio y el racismo histórico no acompañan. Ante esta realidad, abandonados a su suerte, su única respuesta ahora parece ser volver al aislamiento total, del que algunos piensan que jamás deberían haber salido.

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