La inteligencia artificial (IA) y otros desarrollos que utilizan grandes cantidades de datos son usualmente presentados como herramientas para aliviar la crisis climática. Como afirman quienes apoyan esta visión, ‘la IA puede ayudarnos a combatir el cambio climático reduciendo las emisiones, mejorando la eficiencia energética, y aumentando el uso de fuentes renovables de energía’. Mientras que el sector privado habla de ‘IA para el planeta’, Naciones Unidas considera que ‘la IA está salvando el planeta’.
Sin embargo, estas afirmaciones entusiastas contrastan con la experiencia de comunidades en distintas regiones del mundo cuyo medio ambiente y sustentabilidad está siendo amenazada por la infraestructura que permite poner en marcha la IA.
No. Estas comunidades no están asustadas por las máquinas súper inteligentes de las películas de Hollywood. En cambio, sus preocupaciones son mucho más concretas y materiales ya que viven cerca de centros de datos — los almacenes donde la información digital es guardada y procesada — afectando su red energética y provisión de agua. Esto ya que procesar datos consume una alta cantidad de energía, y algunos centros de datos utilizan grandes cantidades de agua para enfriar las máquinas de procesamiento.